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2060: el fin del mundo según Newton

Miércoles 10 de Enero, 2018
En 1936 se subastó una caja con documentos desconocidos cuya autoría se atribuía a Newton. En su interior se ocultaba la fecha del fin del mundo. Por Mariano Fernández Urresti.

Isaac Newton (1642-1727), el científico más destacado de la historia, poseía en el momento de su muerte una amplia colección de documentos que pasaron a formar parte de la herencia de su sobrina Catherine Barton Conduitt. Tal vez, de haberse hecho públicos con anterioridad, la honorabilidad del científico hubiera quedado lesionada. ¿Cómo se podía tomar en serio a un hombre que creía haber descubierto la fecha en la que se produciría el fin del mundo?

En realidad, Newton vivió dos vidas diferentes. En una de ellas se convirtió en el científico más excelso de todos los tiempos; en otra, pudo ser considerado un hereje.

En su opinión, el universo entero era un enigma por desentrañar, pero estimaba que Dios había diseminado en todo lo creado pistas que podían conducir al buscador a descubrir el secreto divino. Esas pistas estaban enterradas en la naturaleza y sus principios, pero también en las tradiciones y mitos, donde habían sido acomodadas por grandes iniciados para que no se perdieran. Por ese motivo, se entregó a la práctica alquímica y a la lectura de los textos sagrados.

A su juicio, la Iglesia había cometido un fraude manipulando la Biblia, y esa institución encarnaba la figura de la Bestia del Apocalipsis. En su opinión, Dios había dejado un mensaje a la humanidad mediante un rompecabezas maravilloso. Y de todos los libros bíblicos, el atribuido al profeta Daniel reclamó su atención con mayor intensidad. Ese libro consta de una primera parte en la que se relatan seis hechos, y una segunda en la que se da cuenta de cuatro visiones que experimenta el narrador en Babilonia.

Los exégetas creen que se trató de un judío deportado que adoptó el nombre del antiguo profeta Daniel, y que la intención que le movió fue la de reconfortar a un pueblo sometido y desesperanzado. Por ello, en sus visiones los poderes satánicos que perseguían al pueblo elegido resultaban derrotados. Es probable que se redactara entre el comienzo de la insurrección liderada por Matatías (167 a.C.) y la rededicación del Templo (164 a.C.). Pero Newton estaba convencido de que aquel libro ocultaba una información trascendental: la fecha del Apocalipsis. Y por ello lo leyó y destripó hasta donde le fue posible, especialmente este párrafo: “Yo, Daniel, seguía mirando y vi a otros dos que estaban de pie, uno a la orilla derecha del río y el otro en a la orilla izquierda. Uno dijo al hombre vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río:

‘¿Cuándo sucederán estas cosas extraordinarias?’

Yo oí al hombre vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río, jurar, alzando la diestra y la izquierda, por aquel que vive eternamente: ‘Esto será dentro de un período de tiempo, de dos períodos y de medio período, y todas estas cosas se cumplirán cuando desaparezca aquel que oprime el poder del pueblo santo” (12, 5-7).

Y con la misma obsesión estudió el Apocalipsis. Y tras infinidad de cálculos que desconocemos, fue a parar a la certeza de que existían tres fechas clave que anunciarían la proximidad de la tragedia que se cernía sobre el mundo. Los tres sucesos tendrían lugar en Palestina –el regreso de los judíos, la toma de Jerusalén y la reconstrucción del Templo-. El último, resultaría decisivo.

Creyó posible realizar una secuencia temporal de los futuros acontecimientos, un cronómetro apocalíptico, a partir del texto de Daniel y en base a un párrafo similar del Apocalipsis (12, 14): “Pero se lo dieron a la mujer de las dos alas del águila grande para volar al desierto, a su lugar, lejos del dragón, donde tiene que ser alimentada un tiempo y dos tiempos y medio tiempo”.

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