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Visión remota: la ponemos a prueba en pleno siglo XXI

Viernes 06 de Julio, 2018
Durante los años de la Guerra Fría, se realizaron invesrtigaciones en el terreno de lo paranormal. Todo parecía posible en ese tiempo en que el mundo estaba al borde del holoausto nuclear. Las dos potencias cabeza de cada bloque iniciaron toda clase de proyectos para tener ventaja en el conflicto. Una de las investigaciones consistió en detectar bases secretas y submarinos gracias a personas que estaban tumbadas en una habitación. ¿Se puede probar su validez?

A mediados de 1972 comenzó una relación confidencial entre la CIA, el Departamento de Defensa y el Instituto de Investigación de la Universidad de Stanford para el uso de la percepción remota extrasensorial. Ciertos experimentos que se estaban llevando a cabo en la Unión Soviética en el campo de la parapsicología, convencieron a la CIA y al Departamento de Defensa para iniciar su propia investigación.

Los físicos Harold E. Puthoff y Russell Targ fueron puestos a la cabeza del proyecto. Éste iba a durar solo ocho meses, pero se prolongaría con distintos nombres durante veintitrés años. En ese tiempo, Puthoff, Targ y su equipo demostraron que existía la capacidad de percepción remota más allá de toda duda.

¿Pero es «práctica»? ¿Se puede utilizar a voluntad? Damos un giro para presentar a Antonio Alcázar. Ya jubilado, perteneció al Consejo Superior de Investigaciones Científicas y prestó sus servicios en el Instituto de Astronomía y Geodesia. Hace más de cuatro décadas sufrió un accidente de moto que le costó la vida… Sí, como leen.

Pero la recuperó ¿milagrosamente? Hace unos años, Antonio participó en una experiencia de visión remota empleando las técnicas del Ejército de EE UU, y sus resultados fueron, de entre todos los participantes, los más asombrosos. Precisamente por eso le he pedido repetir aquella experiencia.

UN TESTIGO OBJETIVO
En este experimento de visión remota ha de haber un testigo objetivo. Una vez más he recurrido al ingeniero del CSIC y profesor de la Universidad Politécnica José Luis Valbuena. Nos reunimos en su casa, donde le muestro los elementos necesarios y le explico lo que vamos a hacer.

Antonio espera en una habitación contigua. En un reproductor digital llevo unos sonidos especiales, llamados Hemi-Sync, que tienen como objetivo sincronizar los dos hemisferios del cerebro a través de distintas frecuencias auditivas y así excitar la visión remota. Se trata de audio binaural –con distinto registro para cada oído–, que debe escucharse con auriculares y en su posición correcta.

Antonio tendrá que relajarse y dejar su mente en blanco. Teóricamente, le llegarán imágenes que debe ir describiendo. Pero sin tratar de caracterizarlas, esa es la clave. La interpretación de lo que «vea» será posterior. Las imágenes mentales, si el experimento tiene éxito, deberán corresponderse de un modo evidente con otra imagen, que José Luis Valbuena elegirá entre una serie de cinco –las famosas cartas Zener: círculo, estrella, ondas, cuadrado y signo de suma–, y la introducirá en un sobre al que pondrá un número del 1 al 5 –es un modo de identificarlo para focalizar la mente–.

Por otra parte, mediante el programa Google Earth, Valbuena buscará un lugar en el mundo, conocido y significativo. Le dirá a Antonio sus coordenadas geográficas para analizar si es capaz de dar alguna información sobre el lugar. Esta parte del experimento es la más parecida a la que llevó a cabo el Ejército de EE UU como demostración de que sus «espías psíquicos» eran fiables.

Pido a Antonio que se tumbe en una cama. La temperatura es agradable, la luz de la habitación es tenue y reina el más absoluto silencio. Antonio se coloca los cascos –unos auriculares pequeños con otros más grandes encima para aislarle mejor–. Antes de poner en marcha el reproductor, le digo que esté relajado, que intente no pensar en nada y deje la mente en blanco. Cuando algo se muestre en ella, debe decirlo en voz alta. Trato de recordarle los pasos iniciales de una experiencia que él ya conoce. Solo entonces activo el audio.

Valbuena lo observa todo desde una mesa próxima. Me coloco junto a Antonio con un cuaderno y un rotulador. Es necesario ir apuntando todo lo que suceda. Además, activo otra grabadora para dejar constancia y no olvidar los detalles.

David Zurdo: Antonio, ¿estás bien, a gusto?

Antonio Alcazar: Sí, gracias, muy tranquilo.

D. Z.: Quiero que dejes tu cuerpo totalmente relajado. Todos los músculos. Empieza por las piernas, los brazos, el tronco, el cuello. Ahora respira despacio y relaja la mente. Déjala en blanco. No pienses en nada. Y escucha el sonido de los auriculares. Concéntrate en él.

Después de unos minutos, continúo hablando.

D. Z.: Voy a decirte un número. Es el número de un sobre. Dentro hay una tarjeta con una imagen sencilla, geométrica, que puede tener rectas y curvas. El número del sobre es el 3. Focaliza ese número y ese sobre. No trates de imaginar qué contiene. Espera a que alguna imagen aparezca en tu mente. Si visualizas algo, dilo sin pensar.

Durante aproximadamente un minuto Antonio no dice nada. Luego, de pronto, comienza a hablar lentamente.

A. A.: Veo una copa… Líquido… Una bola de fuego, una llama… Un objeto con algo… Un diablo… Es como si tuviera pelos o llamaradas… Fuego… Un ojo.

Antonio repite varias de las imágenes, pero se centra en la bola de fuego. Es lo que se le aparece con más claridad. Pasados unos minutos, doy comienzo a la segunda parte del experimento, el de las coordenadas geográficas.

D. Z.: Ahora, Antonio, deja de nuevo tu mente en blanco. Quiero que tu mente viaje a un lugar en el mundo. Es un lugar representativo, elegido por José Luis. Yo no sé qué es, solo que es muy significativo. Sus coordenadas geográficas son: 45º 26’ 05” Norte, 12º 20’ 24” Este. Vuela con tu mente a ese lugar.

De nuevo, pasan unos minutos hasta que Antonio comienza a recibir imágenes.

A. A.: Veo mucha gente… Hay un cuadrado con algo redondo… Es de piedra, mucha piedra… Es una estructura con muros… Es algo hecho por el hombre.

SEGUNDO EXPERIMENTO
Antes de conocer los resultados de las «visiones remotas» de Antonio Alcázar, la esposa de José Luis Valbuena, Laura Berlanga, se presta a realizar la misma experimentación.

Ha estado fuera de la habitación en todo momento, pero aun así optó por emplear otra tarjeta y otro sobre. José Luis elige una nueva carta Zener y, en esta ocasión, escribe en el sobre el número 5.

Repetimos el proceso de relajación y transmito a Laura las mismas palabras que a Antonio, con la diferencia del número del sobre. Cuando las imágenes comienzan a aparecer en su mente, Laura rompe el silencio:

«Veo un coche… O un avión… Es algo redondo… Hay una recta y algo ondulado… Veo una carretera con árboles… Es algo quieto, con forma de árbol… Gris, verde y blanco… Recto y redondo, como un chupachups».

Pasamos a la segunda fase. Como Laura no sabe –ni yo aún– qué lugar del mundo eligió José Luis, le transmito las mismas coordenadas. «Una torre… Veo algo redondo y algo alargado, un rectángulo… Es una construcción de piedra… Veo blanco, dorado y marrón… No hay nadie… Hay otro rectángulo de distinto tamaño y esferas», añade Laura.

RESULTADOS
Aunque el proceso de experimentación fue más lento de como lo he descrito, en lo esencial ocurrió así. Es hora de comprobar qué imágenes había en los sobres con los números 3 y 5, y conocer el lugar señalado por las coordenadas.

El sobre con el 3 contenía el símbolo de una estrella de cinco puntas. Resulta curioso que Antonio Alcázar describiera con tanta intensidad una «bola de fuego» y «como con pelos o llamaradas», y también la referencia a un «demonio». Una estrella es una bola de fuego que desprende rayos, y el pentagrama, o estrella de cinco puntas, se asocia habitualmente en nuestra cultura con el demonio. La parte de la copa o el líquido, que también mencionó Antonio al comienzo, no parece que guarde ninguna relación. La referencia a un ojo podría asociarse a la forma de la estrella, pero de un modo muy vago.

En cuanto al sobre con el 5, en este caso contenía el signo de suma (+). Laura habló de un coche o un avión, árboles, una carretera, e incluso colores y la forma de un chupachups… En ningún caso se puede asociar a la forma real.

La primera fase del experimento resultó parcialmente exitosa en el caso de Antonio y un claro fracaso en el de Laura. Sin embargo, nos esperaba una sorpresa con el lugar del mundo elegido por Valbuena: la catedral de San Marcos, en Venecia.

Tanto Antonio como Laura «vieron» numerosos elementos que se pueden relacionar con claridad a este edificio: cuadrados y rectángulos con círculos, piedra, muros… Laura habló de colores como blanco, dorado y marrón, que están presentes en la catedral. Antonio vio mucha gente, cosa lógica en un lugar tan visitado. Sin embargo, Laura dijo que no había nadie. Esto me desconcertó. José Luis, el testigo científico y por tanto objetivo, tomó la palabra por primera vez.

Tras comentar lo curioso de los resultados, añadió algo que yo no esperaba. «Aunque es cierto que la catedral de San Marcos siempre está llena de visitantes –apuntaba José Luis–, la primera vez que Laura y yo la vimos, hace años, fue de noche, en diciembre, entre la neblina… y la plaza estaba completamente desierta».

Como de costumbre, experimentar con lo fronterizo genera tantas o más preguntas que las respuestas que uno espera recabar. Obviamente, la visión remota no es una ciencia exacta, pero me atrevería a señalar que los resultados obtenidos en estas experiencias fueron, con claridad, más positivos que negativos. Y no me puede el deseo de creer: lo que pasó fue tal y como lo he contado.

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