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Las 5 tumbas de Jesús

Jueves, Abril 13, 2017 - 07:00
En estos tiempos de recogimiento e introspección, surgen historias que nos devuelven la imagen de un Jesús más humano que divino; del hombre que alcanzó el Olimpo de esos dioses justicieros del pasado, con esfuerzo, sufrimiento y un mensaje muy claro. Y como hombre que era fue enterrado para que el polvo que era volviese al polvo. Por tanto, si dejamos a un lado el dogma de la resurrección, ¿hay algún argumento que avale que el hombre más importante de los dos últimos milenios pudiera haber sido enterrado en una tumba secreta? ¿podría seguir allí? Veamos…
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Jesús en Cachemira

Andreas Faber-Kaiser, durante su estancia en Paquistán, entró en contacto con el director de los Departamentos Estatales de la Historia de Cachemira, un profesor de nombre Hassnain, que logró acceder a crónicas en las que se hablaba de la presencia del nazareno en la corte del rajá cachemir.

Al parecer, en el lejano 1965, Hassnain se encontraba recorriendo la fría región de Ladakh. Había visitado diferentes lamaserías cuando, una vez se disponía a abandonar la de Leh, el frío invierno se le echó encima y tuvo que permanecer durante meses en la alta montaña. Pero no fue un castigo; más bien una bendición, porque allí se entretuvo consultando sus archivos; miles de rollos de piel milenarios cubiertos de escritura. Pues eso, el sueño de cualquier viajero. Y fue entonces cuando tuvo conocimiento de la aventura vivida un siglo antes por el explorador, aristócrata y espía ruso Nicolai Notovich, un tipo más extraño que un perro verde que recorrió durante años los territorios de Afganistán, India y Pakistán. Los documentos advertían que Notovich anduvo indagando en los archivos de la lamasería de Hemis, y cuando las nieves comenzaban a amontonarse, decidió marchar, con tan mala fortuna que se partió una pierna y se vio obligado a permanecer durante la estación invernal aislado de la civilización. Algo me dice que no le importó demasiado, porque entre aquellos textos que pudo consultar, uno llamó especialmente su atención. Se titulaba “La vida de Issa”.

Cuando comenzó el deshielo, Notovich logró regresar, y ya en Benarés presentó los descubrimientos realizados, afirmando que su investigación le llevaba a concluir que Issa no era otro que Jesús de Nazaret, que desde los 16 hasta los 29 años había estado predicando y aprendiendo de los maestros en tierras de India y Nepal.

Otto Rahn hizo alusión en su libro La Cruzada contra el Grial a Cachemira, curiosamente el mismo lugar donde la tradición sitúa una de las tumbas de Jesús