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Entrevista a Adolfo D. Roitman

Miércoles 24 de Agosto, 2016

Los rollos o manuscritos del Mar Muerto fueron descubiertos por pastores beduinos en 1947, en las cuevas de Qumram, situadas en la orilla occidental de este lago salado. Incluían los manuscritos bíblicos más antiguos preservados hasta la fecha y, por tanto, ofrecían a los expertos un testimonio directo de cómo pensaba la sociedad judía durante el periodo del Segundo Templo, la época del nacimiento del cristianismo y del judaísmo rabínico.

Su lectura y estudio estuvo rodeado de polémicas y enfrentamientos, protagonizados por las diversas facciones de eruditos a los que se les encomendó la traducción y publicación de los textos.

Los rollos se conservan en el barrio de Givat Ram, en el Santuario del Libro, la única galería profesional situada al oeste del Museo de Israel, muy cerca de las más importantes instituciones nacionales del país, para remarcar su importancia y estatus especial.

De hecho, fue inaugurado antes que el Museo, el 20 abril de 1965 y su arquitectura quiere ser un reflejo de su contenido. Se trata de un moderno edificio subterráneo proyectado por el arquitecto Armand Bartos que posee forma de vasija –como las que contenían los rollos— y que está rematado por una tapa de color blanco, en contraposición a un enorme muro negro. El blanco y el negro quieren expresar la dualidad de la llamada Comunidad de Qumram, los escribas de estos textos datados entre los años 250 a. C. y 66 d. C.

El director y conservador del Santuario del Libro es, desde noviembre de 1994,  Adolfo Roitman. Nació en Buenos Aires (Argentina) hace 47 años y es considerado uno de los expertos internacionales sobre los manuscritos del mar Muerto. Tuvimos el privilegio de entrevistarlo para ENIGMAS antes de que saliera de viaje para presentar su último libro, «Del Tabernáculo al Templo. Sobre el espacio sagrado en el judaísmo antiguo» (Ed. Verbo Divino).

Mientras nos dirigimos a su encuentro repaso parte de su extenso currículum: Se graduó en la Universidad de Buenos Aires como antropólogo e historiador. En 1985 obtuvo una maestría en Religiones Comparadas en la Universidad Hebrea de Jerusalén y, un año más tarde, se graduó en el Seminario Rabínico Latinoamericano.

Es profesor titular en el Instituto Schechter de Estudios Judíos, una tarea que compagina con la de director y conservador del Santuario del Libro del Museo de Israel.

Un Museo-Templo
De aspecto vivaz y dotado de un extraordinario sentido del humor, Roitman nos aguarda a pie de escalera, cobijado de la solana bajo la sombra de un árbol que flanquea avenida central del Museo, la llamada Avda. Carter; «no por el presidente de los Estados Unidos, –bromea— sino por el donante.»

Juntos nos encaminamos con paso firme hasta sus dominios. «en hebreo –dice— Santuario del libro es Heikhal HaSefer (היכל הספר) y Heikhal significa templo. No es simplemente una metáfora –añade— el espacio está dividido en tres salas, como el Templo de Salomón y la tercera sala es nuestro ‘sancta santorum’ donde tenemos los rollos.»

Di un respingo al comprobar que la antigua simbología seguía presente 2000 años después.

En efecto, el edificio se construyó para albergar en su interior los primeros siete manuscritos descubiertos, con especial protagonismo para el pergamino original del libro de Isaías, la profecía más antigua del Apocalipsis, escrita por un escriba de Judea alrededor del año 120 antes de nuestra era.

El rollo posee ocho metros de longitud y es el único que ha llegado entero hasta nuestros días.

Destaca en el centro de la estancia, protegido por una cristalera blindada que lo mantiene a temperatura constante.

«Bueno, en realidad es una copia» -alerta para nuestra decepción.

Pese a todo, no se me permite obtener fotografías, ni de los manuscritos, ni del edificio.

El original, por cierto, tuve oportunidad de contemplarlo en 2008, durante las celebraciones del 60 aniversario del Estado de Israel. Ha permanecido guardado en una habitación oscura del Museo desde 1967, también a temperatura constante, con objeto de asegurar su buena conservación.

-O sea –intervengo— construyen un edificio faraónico que gira en torno a este manuscrito y ponéis una copia en exhibición. ¿Cómo es posible?

Adolfo se toma su tiempo y aclara: «cuando se inauguró el museo en 1965 estaba expuesto el original pero a finales de aquella década empezaron a aparecer grietas en el documento.» Y es que el manuscrito de Isaías, igual que la Torah, está escrito sobre cuero. Para preservarlo se decidió entonces cambiarlo de lugar y exponer la copia ante la imposibilidad de cambiar el diseño del edificio.

Y añade Roitman con solemnidad: «Los rollos del mar Muerto son el mayor tesoro espiritual que tiene el pueblo de Israel a nivel mundial.»

Un puzle de mil piezas
Entre 1947 y 1956 fueron hallados cerca de mil manuscritos en las cuevas de Qumram. Por desgracia, la inmensa mayoría estaban deteriorados y fragmentados. «De estos mil documentos –dice— 230 son manuscritos bíblicos, de la Biblia hebrea son los más antiguos del mundo. Se encontraron 37 copias de los Salmos, 30 del Deuteronomio, el quinto del pentateuco de Moisés, pero de las 230 sólo una está completa: El rollo de Isaías.»

Por eso la copia ocupa la vitrina central. Las otras siete giran en torno a ella con los rollos originales.

En el texto de Isaías aparecen varias profecías que se han convertido en piedra angular de la civilización judeo-cristiana. Quizás la más conocida de todas ellas sea la visión de la paz universal al final de los tiempos: «Forjarán de sus espadas azadones y de sus lanzas, podaderas. No levantará espada nación contra nación, ni se ejercitarán más en la guerra».

Está escrito con caracteres del periodo de los Macabeos y los estudios paleográficos determinan que tiene 2.100 años de antigüedad.

«Isaías –nos explica Roitman— es el profeta más citado en los Rollos del mar Muerto. Fíjate su importancia. Jesús destaca en el Nuevo Testamento por su oratoria pero hay una sola escena donde Jesús lee… ¿recuerdas?»

Me encojo de hombros

«Es en Lucas» -aclara. «En el capítulo 4:17 Jesús va a la sinagoga durante el Sabbath y le entregan el libro de Isaías y lee la profecía del ministerio del Mesías, un tipo de autodeclaración mesiánica.» Y continúa: «Ya sea histórica o apócrifa, el hecho mismo de que aparezca leyendo a Isaías no es casualidad, era considerado el profeta que conocía la clave mesiánica y así es leído por distintos grupos judíos en la época del segundo Templo.»

Como la gran mayoría de los judíos de la época, La Comunidad de Qumram consideraba a la ciudad de Jerusalén y su santuario como el centro del mundo pero existían tensiones ideológicas entre sabios y visionarios apocalípticos que activaron diversas sectas: samaritanos, cristianos, saduceos, fariseos, esenios y un grupo radical sectario y separatista llamado La Comunidad. 

Sus miembros fueron apenas unas decenas pero se opusieron al templo de los judíos y al sacerdocio. Abandonaron la ciudad para crear un «templo espiritual» en el desierto.

«Los rollos del mar muerto nos permiten contextualizar esas profecías en los evangelios.»  Y añade: «Estuve en un simposio en Taiwán y mi ponencia fue sobre una palabra del manuscrito de Isaías, comparado con el que tenemos en nuestras biblias modermas.»

-¿Qué palabra? –Le atajo.

«Es el nombre de una ciudad ‘Ir Shemesh’ (Isaías 19:18) Unos lo traducen como la Ciudad de la destrucción otros como la Ciudad del Sol porque hay un problema textual.»

En cuanto tengo oportunidad compruebo en la Biblia el problema. Hasta tres versiones: En la Biblia de las Américas leemos: Aquel día cinco ciudades en la tierra de Egipto hablarán la lengua de Canaán y jurarán lealtad al Señor de los ejércitos; una de ellas será llamada Ciudad de Destrucción. En la versión Dios Habla Hoy menciona al lugar como Ciudad del Sol y, finalmente, la Jubilee Biblia reza como la ciudad Herez.

¿Qué importancia tiene esto? Te preguntarás. Isaías anuncia el lugar donde empieza el terrible Armagedón.

Puedes leer el reportaje completo en ENIGMAS nº25n de septiembre de 2016

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