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La Expedición Atlantis fue una bellísima desmesura

Lunes 26 de Marzo, 2018
Alfredo Barragán es conocido por su gesta a bordo del Atlantis, pero ha sido un explorador versátil, cuyas expediciones suplían la falta de presupuesto con la pasión de saber qué hay más allá, además de un imparable deseo de superarse.

Su historial de expedicionario comenzó en 1973 recorriendo desde su nacimiento el río Colorado, Argentina, hasta su desembocadura; ha escalado cinco veces el Aconcagua, cruzó la Cordillera de los Andes en globo; subió el monte Kilimanjaro… Y hoy, con 69 años, sigue buscando retos.

Su frase al concluir su célebre Expedición Atlantis, “que el hombre sepa que el hombre puede”, es hoy un lema de motivación para muchas personas. Barragán ha recorrido más de 20 países como conferenciante de motivación enseñando a las personas a creer en sí mismas y a luchar por sus sueños. Y es que él es un hombre que consiguió sus sueños. No en vano, recuerda que cuando le preguntaban, con sólo tres años, qué quería ser de mayor, afirmaba que “un hombre de barba que fuma en pipa y cruza el mar”…

La expedición Atlantis salió al mar en 1984 tras cuatro años de planificación y la construcción artesanal de una balsa rudimentaria según los materiales y técnicas primitivos, con la que surcó unos 5.500 kilómetros de océano. Quería probar que, 3.500 años antes de Cristóbal Colón, navegantes africanos pudieron haber llegado por accidente a América, conducidos por las corrientes y vientos alisios de Canarias.

En una travesía de 52 días que acabó convirtiéndose en una aventura épica, una balsa tripulada por cinco argentinos. La balsa africana de hace 35 siglos, necesariamente parecida a la balsa americana posterior, es para mí la explicación de los indicios africanos que aparecen en las primeras culturas mesoamericanas.

Cuando abordé el proyecto, sabía que sería una expedición importante. Pero debo admitir que su repercusión superó lo previsto. En todo el mundo se habló y se habla de la Expedición Atlantis; recibe reconocimientos en distintos continentes; su película documental es el filme argentino más visto; su emblema distintivo –el sol y los cuatro vientos– y su lema: “Que el hombre sepa que el hombre puede” son utilizados popularmente. Es más de lo que habíamos imaginado. Y es bello.

Tuvieron que organizar una expedición a la selva de Ecuador para buscar y talar ustedes los troncos de árboles. ¿Pasaron muchas vicisitudes en la selva?

La etapa Ecuador fue muy difícil. Fuimos a Ecuador casi como polizones, en un avión correo. Llevábamos sólo 197 dólares; conocíamos a un radioaficionado de Guayaquil –la radioafición era nuestro internet de entonces–; necesitábamos los troncos livianos más las cañas guadua y las cuerdas vegetales; sacar todo de allí y llevarlos hasta Guayaquil; conseguir permisos de exportación imposibles… Todo con 197 dólares, sin contactos, ni espónsor. 

Iniciaron esta aventura calificados como locos, pero terminaron siendo héroes. ¿Pensaba que tendría tal repercusión?

Atlantis no fue una aventura. Fue una expedición planificada durante cuatro años. Yo estaba –y estoy– convencido de que los africanos pudieron llegar a América 3.000 años antes que Colón, trayendo su influencia un desafío semejante. Y lo hicimos. Recuerdo cada detalle de la búsqueda. Pero no recuerdo haber comido, por ejemplo.

Durante la travesía se enfrentaron a dos tormentas con olas de más de 8 metros y vientos de 70 kilómetros por hora. ¿Tuvieron la duda de abandonar el proyecto?

No tuve dudas de que llegaríamos a América. Estábamos convencidos de la magnitud y la belleza de lo que hacíamos. La tormenta nos preocupó en sus primeras dos horas; hasta que comprendimos que la balsa era suficiente para navegar en esas condiciones. Así lo hicimos. Y disfrutamos el temporal.

¿Cuál fue el momento más duro de la travesía física y psíquicamente?

Físicamente, los primeros 8 o 10 días. Nos costó adaptarnos al movimiento de la balsa. No comíamos bien, perdimos mucho peso… La mayor inquietud psíquica la tuvimos promediando la travesía, cuando desde tierra los expertos nos dijeron que íbamos demasiado al norte, directo a la zona de huracanes y en época de ellos. Decidí estudiar la situación con las cartas náuticas y los derroteros del Caribe. Se lo expliqué a mis tripulantes. Decidí mantener el rumbo. Y resultó bien. Nunca estuvimos a más de 35 millas de la ruta anunciada y arribamos, sin timón, al puerto previsto, La Guayra, en Venezuela.

¿Cómo llego a la conclusión de que los antiguos africanos llegaron a América?

Siempre me llamó la atención que algunas expresiones culturales americanas precolombinas tienen un notable parecido con manifestaciones africanas de entonces. Así lo vemos en cuanto a dioses, ritos, pirámides, estilos y motivos. Y el tema me atrapó cuando supe de la existencia de las cabezas colosales olmecas ¡Quince retratos diferen tes, de hombres de raza negra! ¡Africanos en América 3.000 años antes de Colón! Los científicos negaban la posibilidad de una migración transatlántica, pues creían que la balsa africana era incapaz de hacer la travesía. Pero yo no estaba de acuerdo. Crecí inspirado por Kon Tiki. Y la balsa americana era necesariamente similar a su antecedente africana, en otra evidencia de vinculación cultural. Después, aquel 14 de abril de 1980 me subí a mi sueño, y sigo a bordo.

¿Conocía las teorías de Iván Van Sértima en los años 70 sobre el poblamiento de América por culturas africanas?

En aquel entonces no. Por aquí no estaba en las bibliotecas. Y no supe de él.

¿Conoce de algún estudio reciente que apoye su teoría?

Atlantis demostró la “factibilidad” de la migración africana transatlántica. Nunca hablé de “poblamiento de América”. Sólo de influencia cultural. Y, en general, esa “factibilidad” ha sido aceptada. Me conmueve sobre todo el reconocimiento de Thor Heyerdahl, quien creo que esclareció la relación del hombre primitivo con los mares.

Hablando de Heyerdahl, en los años 90 sufrió un varapalo en su teoría de que el poblamiento de las Polinesias podía llegar desde América, porque las pruebas de ADN realizadas indicaban lo mismo que la teoría establecida: que los polinésicos tenían un origen asiático. Sin embargo, con pruebas más recientes, en 2012 se encontraron muestras que avalaban al explorador. Quizás el ADN acabe arrojando algún resultado sobre los africanos en la américa precolombina.

Respecto a Heyerdahl hay que hacer una salvedad para evitar confusiones. Más que hablar de poblamiento por americanos, habla de influencia cultural americana en las culturas de la Polinesia. Y le doy la razón. En mi caso sólo he hablado de influencia cultural africana en las culturas mesoamericanas. Nunca hablé de poblamiento de América; el cual es de origen asiático.

Ahora publica un libro que es un lujo para cualquier amante de la exploración, con 170 fotos originales, mapas, infografía. Además, con un DVD del documental… A más de 30 años vista desde la incursión del Atlantis ¿Cómo ve con la perspectiva de los años esta gesta?

Sigo enamorado de ella. La veo Bella. Pura. Útil. Atlantis fue una bellísima desmesura.

¿Contará con muchos contenidos inéditos el libro?

Estoy feliz con el libro. Asumí el desafío de ser autor y editor. Y he logrado una obra importante, completa y elegante. Un libro grande, que incluye un facsímil del sobre y la carta de Thor Heyerdahl; fotografías seleccionadas entre las 6.500 de la expedición; tres mapas y una infografía desarrollados especialmente; el contexto de Atlantis; incluye el DVD de nuestra película documental Expedición Atlantis, la película argentina más vista en el mundo… Confío ciegamente en él. Lo escribí desde el alma. Y desde las tripas. Recuerdo que escribía apurado. Me asaltaban los recuerdos y reía o lloraba, pero no dejaba de escribir. No quería olvidarme ningún detalle.

Creo que lo escribí para mí. Por miedo a olvidarme. Es increíble la belleza de lo que hemos vivido. Y también siento necesidad de compartirlo. Los momentos vividos, las emociones y las reflexiones logradas no tendrían justificación si me las guardo. ¡Bienvenidos a bordo!

 

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