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Espectros en carreteras

Martes, Junio 13, 2017 - 06:50
Más allá de su dimensión folclórica, son innumerables los sucesos extraños en las carreteras de los que diversos testigos dan cuenta.
José Manuel Morales
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EL AUTOESTOPISTA FANTASMA

Era un viernes de madrugada, y la lluvia caía intensamente sobre el asfalto. El matrimonio regresaba del pueblo por una solitaria carretera que serpenteaba entre el paisaje montañoso. Tras salir de una curva, observaron que unos metros más adelante, por el margen derecho de la carretera, una joven caminaba de espaldas a la circulación, tratando de protegerse de la lluvia con su cazadora roja. Su aspecto animó al conductor a detener el vehículo a su altura: “¿Qué haces en un lugar como éste con la que está cayendo?”, le preguntó. “Es una larga historia. Por favor, llévenme a casa y se la contaré”, respondió la muchacha. La joven se subió a la parte de atrás del vehículo, donde se mantuvo callada buena parte del trayecto. Sin embargo, cuando se encontraban cerca de su destino, la chica rompió su silencio para dirigirse al marido: “Por favor, tenga cuidado en esa curva…”. El hombre miró de reojo a la muchacha por el espejo interior, y entonces ella sentenció: “En esta curva fue donde me maté”.

Así da comienzo una de las leyendas urbanas más famosas y repetidas del mundo, la de la chica de la curva. En un sentido más general, lo correcto sería dirigirse a ella como el “autoestopista fantasma”, ya que no tiene por qué ser necesariamente una chica ni producirse siempre en una curva peligrosa. Lo que está claro es que cada punto negro de cada carretera del planeta tiene su propia variante, que dependerá de las tradiciones y otros aspectos de la región. Y aunque estas historias cuentan con elementos que se repiten en todos los casos –el viajero que recoge a la persona que hace autoestop, la advertencia sobre algún peligro y la desaparición sin dejar rastro–, tantas veces la hemos escuchado que nos suena a historia que le ocurrió al amigo de un amigo.

Sin embargo, algo que puede hacernos cambiar de opinión es el encuentro con sus testigos. Personas que, sin nada que ganar, te miran a los ojos y te dicen “a mí me ha pasado”.