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América, ¿El secreto de los templarios?

Viernes 20 de Octubre, 2017
¿De dónde procedía la plata que empleó el temple para financiar la construcción de las catedrales y abadías erigidas durante la Edad Media?
Puerto de La Rochelle, en la costa atlántica de Francia

Nacida en 1.118 con la misión de proteger los caminos de peregrinación a Jerusalén, la del Temple fue sin duda la orden militar más importante de toda la Edad Media. Tras un crecimiento meteórico nunca antes visto, durante la segunda mitad del siglo XII lograron situarse en la cúspide del sistema económico de su época, convirtiéndose en prestatarios de los monarcas y señores feudales más poderosos de su época. En menos de cien años se cree que financiaron la construcción de ochenta catedrales y quinientas abadías, y pusieron en circulación una gran cantidad de monedas de plata que ellos mismos acuñaban. Pero hay una cuestión que, durante décadas, ha supuesto un auténtico rompecabezas para los historiadores ortodoxos: si en esa época los yacimientos de plata europeos y africanos ya se encontraban agotados, ¿de dónde salió tal cantidad de metal precioso?

EL ENIGMA DE LA ROCHELLE
Uno de los principales puertos templarios se situaba en la localidad marítima de La Rochelle, orientado hacia el océano Atlántico. En aquel momento, la mayor parte del comercio se concentraba en el mar Mediterráneo, por lo que disponer de un punto estratégico en la otra fachada de Francia resultaba aparentemente inútil. Este enclave estaba demasiado al sur como para facilitar las relaciones con Gran Bretaña, y muy al norte para favorecerlas con Portugal. Para colmo, se encontraba protegido por una extensa red de cuarenta encomiendas en un radio de unos ciento cincuenta kilómetros. ¿Por qué tanto ahínco en vigilar un puerto que, por su localización geográfica, debería carecer de importancia?

Durante las últimas décadas, una controvertida teoría ha sembrado multitud de dudas al respecto.

Cada vez son más los investigadores que se inclinan a pensar que Cristóbal Colón no descubrió nada, y que en su época, ya hacía mucho tiempo que el continente americano era regularmente visitado.

El historiador y sociólogo Jacques de Mahieu proponía que el Nuevo Mundo recibió a sus primeros pobladores en el 2500 a.C. Luego llegaron troyanos, asiáticos y celtas, hasta el arribo de los barcos vikingos entre los siglos X y XI. Estos fundarían el imperio de Tiahuanaco, cuyos dominios se extendían sobre las actuales Bolivia, Paraguay y Brasil. Desde allí, una expedición regresaría a Europa a finales del siglo XII, atracando en el puerto francés de Dieppe, muy cerca de la encomienda templaria de Saint-Valery-en-Caux. Los vikingos entraron en contacto con la joven organización que comenzaba a asentarse, y establecieron un acuerdo a largo plazo: ellos les conducirían hasta una tierra de recursos inagotables a cambio de sus conocimientos tecnológicos.

Así comenzaron los viajes secretos al nuevo continente de pequeños grupos de templarios, entre los que se incluían artesanos, arquitectos y albañiles. Ellos levantarían templos, impulsarían la metalurgia y la orfebrería del Nuevo Mundo. A cambio, grandes flotas comenzarían a regresar de América cargadas de lingotes de un metal que allí sobraba, pero que a este lado del Atlántico les concedería un poder casi ilimitado. Tras descargar las barras de plata en el puerto de La Rochelle, serían fundidas y convertidas en las incontables piezas monetarias con las que los templarios inundaron la Europa medieval. Mantener en secreto el origen de su plata permitió al Temple emitir moneda a su antojo, disparando la inflación y enriqueciéndose hasta límites insospechados.

Esta teoría del descubrimiento de América dos siglos antes que las carabelas colombinas explicaría cómo se financiaron los monasterios, iglesias y encomiendas que levantaron por todos lados. También aclararía la incomprensible aparición de plata en el continente europeo, y daría sentido a la extraña ubicación del puerto marítimo de La Rochelle. Pero claro, resulta tan sorprendente y plantea consecuencias tan profundas que debemos actuar con suma cautela. La pregunta es evidente, ¿existe alguna prueba de todo esto?

EL SECRETO DE CRISTÓBAL COLÓN
Muchos son los que piensan que Cristóbal Colón no llegó a América por equivocación, como asegura la versión oficial, sino que sabía perfectamente hacia dónde se dirigía. Parece probable que el almirante localizara en los archivos de la Orden de Calatrava una antigua cartografía templaria, donde se detallaba cómo aprovechar los vientos alisios para alcanzar el continente americano. Disponer previamente de estas instrucciones explicaría su inquebrantable seguridad durante todo el viaje –hasta el punto de ir anunciando a su tripulación los paisajes que irían encontrando a lo largo de la ruta–, o la inconcebible facilidad con la que convenció a los Reyes Católicos de un proyecto tan costoso y arriesgado.

Por otro lado, si estudiamos la conquista del Nuevo Mundo, aparecen datos ciertamente desconcertantes.

Recogen los cronistas que acompañaron a los españoles que cuando Hernán Cortés llegó a México en 1519, sus soldados no podían creer que los indígenas tuvieran ritos como la confesión o la comunión, prácticamente iguales a los católicos. También se sorprendieron cuando Moctezuma, el gobernante azteca, recibió a Cortés y comenzó a hablarle de sus antepasados, describiéndolos como hombres blancos, rubios, barbados y de buenas costumbres.

Pocos años después, Francisco Pizarro entraba por la fuerza en Perú y comprobaba asombrado que los incas no ponían resistencia. Por lo visto, confundían a sus hombres con unos dioses cuyo regreso estaba anunciado en sus profecías: los viracochas. Cuál sería su sorpresa al entrar en el Templo del Sol de Cuzco y encontrarse cara a cara con la figura de esa deidad de la que habían oído hablar: un hombre alto, barbudo, de tez pálida y envuelto en un manto blanco con una cruz en el pecho. Para colmo, otros nativos se referían a los conquistadores como los tecpantlaques, cuya traducción del náhuatl sería «hombres del palacio». ¿Se estarían refiriendo a la visita que recibieron sus antepasados por parte de los hombres del «palacio» -o del templo- de Salomón?

Puerta de acceso al antiguo templo de Kalasasaya en Tiahuanaco (Bolivia), guarda similitudes con las fachadas de las catedrales cristianas

Los indígenas de Tiahuanaco también hablaban del padre Gnupa, un predicador extranjero que cruzó el actual Paraguay para llegar hasta Bolivia y levantar allí la primera iglesia cristiana del imperio tiahuanacota. De hecho, sus restos aún se conservan en la Puerta del Sol del recinto lítico de Kalasasaya. Lo realmente intrigante llega cuando analizamos con detenimiento las cuarenta y ocho figuras que adornan la portada precolombina, y nos percatamos de que podrían estar representando a los doce apóstoles, los doce profetas menores y los veinticuatro ancianos que describe el Apocalipsis de San Juan. Una escena prácticamente igual que la de la portada de la catedral francesa de Amiens. Curiosamente, esta ciudad está cerca del puerto francés de Dieppe, donde supuestamente sellaron su pacto vikingos y templarios. Y la catedral de Amiens se terminó de construir en la segunda mitad del siglo XIII, coincidiendo en fechas con el templo tiahuanacota.

Sin salir de Bolivia nos toparemos con otro elemento llamativo en el Museo Nacional de Arqueología de La Paz. Allí se conserva una pequeña estatua de andesita que representa a un monje encapuchado con las manos cruzadas por delante, y sobre ellas, una cruz perfectamente grabada en el pecho. La misma apareció en 1957 debajo de un asentamiento precolombino, lo que ayudó a datarla en el siglo XIII. Es decir, dos siglos antes de la llegada de los españoles.

Y eso no es todo. A este lado del océano también hallaremos detalles insólitos. Por ejemplo, en la capilla escocesa de Rosslyn, cerca de Edimburgo. En sus paredes hay mazorcas de maíz talladas en la piedra… ¡cincuenta años antes del descubrimiento oficial del Nuevo Mundo!

Este fragmento pertenece al libro Templarios: claves ocultas en catedrales góticas, vírgenes negras y la búsqueda del Santo Grial en España (Editorial Luciérnaga, 2017) de José Manuel Morales. Más información aquí: https://www.planetadelibros.com/libro-templarios/250251

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