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La dieta del futuro: ¿comeremos carne humana?

Martes 03 de Julio, 2018
A finales de 2018 una empresa pondrá a la venta carne artificial a partir de células madre de vacuno. ¿Podríamos llegar a consumir carne humana desarrollada con esta misma técnica? Juanjo Sánchez Oro

En nuestro primer mundo solemos disfrutar de supermercados con estanterías a rebosar de alimentos. Incluso, se comercializa toda una línea de productos de degustación para paladares gourmet. Pues bien, dentro de unos meses podría añadirse a la lista una nueva delicatesen gastronómica no exenta de controversia.

La compañía estadounidense Just, especializada en comestibles vegetarianos, tiene la intención de sacar a la venta carne sintética. Es decir, células madre extraídas de los músculos de un ejemplar adulto de vaca o pollo que, posteriormente, son tratadas en el laboratorio hasta convertirlas en tiras de carne. Para lograr esta transformación, las células madre son bañadas en un cultivo especial de nutrientes donde crecen hasta adoptar las características cárnicas. Luego, las diferentes tiras obtenidas son juntadas y trituradas para conformar una hamburguesa.

Así pues, a los vegetarianos se les acabarán muchas de las excusas esgrimidas a la hora de ingerir carne, puesto que durante dicho proceso ningún animal resulta dañado ni sacrificado. Tampoco se le cría en cautividad ni se le suministran antibióticos. Y es que la materia prima utilizada resulta ser simple y llanamente vida microscópica. Toda la confección de esta hamburguesa de carne artificial o “limpia” –como también se la denomina- trascurre en un medio aséptico y frío: las placas de Petri de un laboratorio donde las células madre “engordan” durante unos 18 meses. Por supuesto, esta biotecnología tiene sus límites ya que, en ningún momento, estamos hablando de fabricar chuletas, sino sencillas estructuras de carne deshuesada cuya agregación permite confeccionar carne picada.

Pero ni mucho menos Just constituye la única empresa volcada en la investigación de este tipo innovadores productos alimenticios. Memphis Meats cultiva pollo y pato bajo similares procedimientos y prevé su venta al público en 2021; Finless Foods desarrolla consumibles a partir de células de pescado; Perfect Day Foods, derivados de la leche sin necesidad de ordeñar vacas o Clara Foods, derivados del huevo sin criar gallinas.

El punto de inflexión de esta peculiar carrera gastronómica ocurrió en 2013 cuando el investigador holandés Mark Post hizo una degustación pública en Londres de la hamburguesa sintética que había desarrollado con su equipo en el laboratorio. Aquel medio kilo de carne teñido con zumo de remolacha para asemejarse más a la carne natural costó 1,3 millones de dólares y requirió del patrocinio multimillonario de uno de los fundadores de Google, Sergey Brin. Desde ese día las cosas han cambiado mucho y los costes de fabricación de este tipo de productos ha caído vertiginosamente. Hoy día el precio ronda los diez euros por hamburguesa artificial y se confía en que llegue a ser más barata que la natural en un lustro.

De hecho, los avances están sucediendo a tal velocidad que ciertos sectores económicos comienzan a sentirse amenazados. La Asociación de Ganaderos de los Estados Unidos solicitó al Departamento de Agricultura que estos alimentos cultivados en laboratorio no fueran comercializados bajo la etiqueta de “carne” ya que no proceden de animales sacrificados.

En concreto, reclaman que “cualquier producto etiquetado como carne provenga de ganado que haya nacido, se haya criado o matado de la manera tradicional, en lugar de provenir de fuentes alternativas como productos sintéticos de plantas, insectos u otros componentes no animales así como cualquier producto cultivado en laboratorios a partir células animales”. Todo ello, para evitar confundir al consumidor.

Sin embargo, estas novedades gastronómicas que se ciernen sobre nuestro estómago podrían tener un inesperado giro de guion y sorprendernos aún más. Richard Dawkins, el conocido sociobiólogo, autor del libro El Gen Egoista y un convencido ateo, se despachó recientemente con una reflexión pública provocadora.

En su cuenta de Twitter se preguntaba si ante la inminente llegada de la carne artificial a las repisas del supermercado, estaríamos dispuestos a consumirla si en lugar de proceder de vacuno o ave, la fuente original fueran células madre obtenidas de músculos de un ser humano adulto. ¿Estaríamos ante un acto real de canibalismo? Ciertamente, no se habría mutilado ni asesinado ningún congénere de especie. Tampoco procedería de un cadáver. En el fondo masticaríamos un tejido crecido in vitro. Así que el dilema moral y la repulsión visceral hacia ese producto estarían únicamente en nuestra mente porque no habría otra clase de motivos éticos para rechazar su consumo. Aún así, ¿lo comeríamos? 

BUENO PARA EL MEDIO AMBIENTE
La implantación generalizada del consumo de carne artificial podría reducir notablemente el cambio climático puesto que la cría de ganado constituye el 18% de las emisiones de efecto invernadero, necesita de 120.000 kilómetros de terreno y requiere un elevado porcentaje del agua potable del planeta. 

RESTAURANTE CANÍBAL
En 2010, el brasileño Eduardo Amado anunció la apertura en Berlín de un restaurante donde se podrían consumir recetas caníbales amazónicas. Buscaban donantes humanos que, tras pasar la pertinente revisión médica, serían ingeridos porque, aseguraban en su web, “contemplamos la alimentación como un acto espiritual en el que se asume el alma y la fuerza del ser que ingerimos”.

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