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Dos armas y un solo asesino

Sábado 03 de Noviembre, 2018
Un 6 de junio de 1968, hace 50 años, asesinaban a “Bobby” Kennedy en el Hotel Ambassador de Los Ángeles. El único inculpado fue Sirhan Sirhan, pero existen varias oscuridades en torno a la reconstrucción de los hechos.

No cabe duda de que 1968 fue un año candente en cuanto a temas conspirativos se refiere. En abril asesinaban a Martin Luther King y apenas un par de meses después caía, también abatido a tiros, Robert Kennedy, entonces senador demócrata en plena carrera hacia la Casa Blanca, lo que extendió el estigma del “malditismo” que rodeaba a la familia desde el asesinato de su hermano, el presidente JFK, cinco años antes.

El de John fue, sin duda, el gran magnicidio USA del siglo XX, a pesar de las últimas noticias que parecen insistir en que nunca hubo “bala mágica”, pero la muerte de “Bobby” también estaría –y está– marcada por la sombra de la conjura, al igual que la del reverendo King en aquel año de barricadas y protestas en las calles. Era el 4 de junio de 1968 cuando “Bobby” Kennedy lograba la mayor victoria de su carrera política, tras vencer en las primarias del Estado de California y Dakota del Sur.

Por la noche, pronunciaba un discurso en el hotel Ambassador de Los Ángeles, y una vez terminado el acto decidieron ir a la sala de prensa, para evitar a los curiosos, por un pasillo que conducía a la cocina del hotel. Era poco después de medianoche cuando comenzó el tiroteo: el senador se detuvo un momento para estrechar la mano del pinche de cocina Juan Romero, y pocos segundos después se escucharon varios disparos.

En medio de la confusión, las versiones se contradicen. Kennedy fue alcanzado en tres lugares –en la axila derecha, en la base del cuello y en su cráneo, unos centímetros por detrás de la oreja–, y una bala atravesó la hombrera derecha de su chaqueta sin entrar en su cuerpo; además, otras cinco personas resultaron heridas, entre ellas Paul Schrade.

En medio de la confusión, el tirador, el palestino Sirhan Bishara Sirhan, había sido reducido por un grupo de hombres que rodeaban al senador, entre ellos el maître del hotel, Karl Uecker, que insistió más tarde en que agarró a éste tras disparar dos veces y colocó su mano sobre una plancha de vapor. Al parecer, el magnicida no dejó de apretar el gatillo pero Uecker insistió en que no había forma de que volviera a apuntar hacia Bobby. Pero hubo muchos más indicios de que la versión oficial era fraudulenta…

LAS PRUEBAS NO ENCAJAN
En el Ambassador, Kennedy fue alcanzado cuatro veces y hubo cinco heridos, uno de ellos con dos impactos. Si se cuentan las balas, Sirhan Sirhan efectuó diez disparos, algo imposible si se tiene en cuenta que el revólver del calibre 22 con el que disparó tenía capacidad sólo para ocho proyectiles. Según el investigador principal del caso, el criminalista de la policía de Los Ángeles –LAPD– DeWayne Wolfer, la segunda bala que disparó Sirhan “había pasado a través de la hombrera de la chaqueta de Kennedy y viajó hacia arriba, en un ángulo de 80 grados, para golpear a Schrade en la frente”.

Sin embargo, Paul Schrade, que ahora tiene 91 años e insiste en que a él le disparó Sirhan pero que había otro tirador, explicó al periodista Dan Moldea que lo que dijo Wolfer sólo podría haber ocurrido “si midiera 2,70 metros o hubiera tenido la cabeza apoyada en el hombro de Kennedy”. Para más inri, el agente del FBI William Bailey encontró otras dos balas más en la escena un par de horas después del tiroteo. Otro trabajador del hotel, Eddi Minasian, corroboró la versión de los hechos dada por el mâitre, y aseguró que Schrade –como él mismo afirma– cayó al suelo antes que Kennedy.

En el mismo sentido se manifestó Frank Burns, un abogado que vio la secuencia: el disparo que impactó en el senador no provenía del arma de Sirhan. El número de balas, su trayectoria y la forma en la que fueron heridas las víctimas, ha llevado a numerosas personas a especular que hubo dos asesinos aquella trágica noche de 1968. Dos tiradores y dos pistolas. Extrañamente, la policía no investigó a los hombres que utilizaron sus armas para reducir a Sirhan, entre ellos un guardia de seguridad contratado ex profeso para proteger al candidato en Los Ángeles y que estaba situado a su lado, precisamente en el lugar desde el que parece que algunas de las balas hicieron blanco contra Kennedy.

Además, varios testigos dijeron haber visto a una extraña pareja, una mujer rubia con un vestido de lunares de color “negro o azul” y un hombre joven con jersey de color marrón brillante o color oro. Ambos chillaron: “¡Le hemos disparado, le hemos disparado!”. Cuando dos de los testigos le preguntaron que a quién, la mujer respondió: “¡Hemos matado a Kennedy!”. Esa misma pareja había sido vista el 4 de junio en una galería de tiro junto a un hombre pequeño, delgado y muy moreno que al parecer era Sirhan, y al que la mujer gritó en un momento dado: “¡Maldito, quita de nuestro lado que nos van a descubrir!”. Nunca se volvió a saber nada de la extraña pareja.   

AUTOPSIA DE LOS HECHOS 
Los autores William Klaber y Philip Melanson detallaron en un libro los errores cometidos por los investigadores del LAPD: destruyeron importantes pruebas, miles de fotografías y los paneles del techo y las puertas de la cocina del Ambassador. Los agentes aportaron los datos de la autopsia del cadáver cuando el juicio ya había comenzado, lo que no permitió preparar su defensa. Las autoridades identificaron en un principio al magnicida como John Doe, el nombre habitual para los desconocidos en los EEUU, ya que Sirhan Sirhan se negó a identificarse.

La policía logró extraer una confesión de culpabilidad cuatro días después, pero Sirhan se retractó más tarde, declarando no recordar nada. Fue sentenciado a morir en la cámara de gas, aunque tres años después se le conmutó la pena por cadena perpetua al abolir California la pena capital. Lleva 50 años en prisión y se le ha denegado la libertad condicional en varias ocasiones, la última en 2016, a pesar de que Paul Schrade declaró en dicha vista que hubo un segundo tirador.

Su relato, el de un testigo vital, no sirvió de nada. La teoría más extendida de los defensores del palestino, incluida la de su primer abogado, Lawrence Teeter, es que fue víctima de una conspiración gubernamental; en el marco de la operación MK-Ultra de la CIA, habría sido drogado para convencerle de que debía matar a Bobby Kennedy, algo que intentó en un estado de enajenación. Tras los atentados del 11-S la prensa lo demonizó como el primer “terrorista árabe”, olvidando, quizá deliberadamente, que profesaba la fe cristiana. Cinco décadas después, algo sigue oliendo muy mal.

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