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Espiar al Santo Padre

Miércoles 14 de Junio, 2017
Las múltiples sombras de la Santa Sede continúan proyectándose sobre la Ciudad Eterna. Eric Frattini nos habla de ellas en su último trabajo, El libro negro del vaticano –Espasa, 2016–, del que te ofrecemos un extracto.

En el mes de junio de 2013 saltaba el escándalo a las portadas de todos los medios cuando un antiguo analista de 30 años llamado Edward Snowden revelaba que la Agencia de Seguridad Nacional –NSA– de Estados Unidos había estado espiando las comunicaciones de millones de ciudadanos alrededor del planeta, incluidos numerosos de jefes de Estado. Con el paso de los meses, los medios publicaban informaciones que demostraban que la agencia había espiado a la canciller Angela Merkel, a la presidenta de Brasil Dilma Rousseff, a los miembros del G-20, al entonces presidente de Venezuela Hugo Chávez y a un sinfín más de líderes. Nadie se había salvado de ser espiado por la NSA, ni siquiera el papa Francisco, los 114 cardenales que le eligieron en el Cónclave del mes de marzo de 2013, ni los once cardenales estadounidenses que acudieron a Roma con esa misión.

De forma casi instantánea, el “efecto Snowden” comenzó a extenderse por todo el planeta, apoyado por la revelación de nuevos documentos que demostraban el despliegue de los enormes oídos de la NSA no sólo para espiar a países enemigos sino también a países aliados. El Snowdengate o Datagate, como es conocido, iba extendiéndose como un tsunami para vergüenza de la administración Obama.

En Alemania, las revelaciones de Snowden reavivaron en sus ciudadanos la oscura etapa de la Stasi. En Francia, el presidente François Hollande montó en cólera cuando se enteró de que la NSA había espiado las comunicaciones secretas del Quai d’Orsay, el Ministerio de Asuntos Exteriores galo. El primer ministro de Italia, Enrico Letta, calificó de “inaceptables” las prácticas atribuidas a los EEUU. La NSA había intervenido los tres principales cables submarinos de fibra óptica por los que se transmitían millones de llamadas, correos electrónicos y tráfico de Internet de Italia. Letta protestó ante el secretario de Estado John Kerry por el espionaje llevado a cabo por la NSA. El 23 de octubre, Letta y Kerry tuvieron un encuentro en Roma en el que el primero expresó su preocupación por las revelaciones de los medios. El italiano planteó a Kerry la “necesidad de verificar la veracidad de las filtraciones” sobre eventuales “violaciones de la privacidad”. Kerry aseguró que cooperaría con Roma para revisar y estudiar este caso. “Los hechos son los hechos. No podemos aceptar ese espionaje sistemático.

Debemos tomar medidas a nivel europeo”, abogó el primer ministro de Bélgica, Elio Di Rupo.

ESPIONAJE EN EL CORAZÓN DE LA IGLESIA
El 30 de octubre de 2013, la revista italiana Panorama va más allá y revela que la NSA había espiado las conversaciones telefónicas en El Vaticano, incluidas aquellas que se realizaron durante el precónclave y el cónclave de marzo de ese año. “Existe la sospecha de que las conversaciones sobre el futuro Papa pudieron haber sido controladas”, aseguró la revista. También se interceptaron las comunicaciones de la Domus Sanctae Marthae, la residencia en donde vivían los 115 cardenales electores que debían elegir al sucesor de Benedicto XVI. Según parece, la NSA consiguió interceptar las comunicaciones vaticanas gracias al espionaje masivo llevado a cabo en territorio italiano y dentro de las casi 46 millones de conversaciones interceptadas en el país. Panorama habla de un período de escuchas desde el lunes 10 de diciembre de 2012 hasta el martes 8 de enero de 2013, pero se sospecha que la NSA continuó interceptando las comunicaciones de la Santa Sede tras conocerse el anuncio de la renuncia del papa Benedicto XVI, que se hizo efectiva el 28 de febrero. El semanario añade que el espionaje duró todo el Cónclave. Entre las conversaciones escuchadas estarían las que se producían en la Domus Internationalis Paulus VI, la residencia romana donde se alojó el entonces arzobispo de Buenos Aires, cardenal Bergoglio, antes de que comenzase el Cónclave en el que saldría elegido sumo pontífice el 13 de marzo de 2013. Panorama recordaba que el nombre del ahora papa Francisco había aparecido en los documentos filtrados por Bradley Manning –actualmente Chelsea Manning–, el analista militar que entregó al portal Wikileaks miles de documentos secretos. Wikileaks desvelaba telegramas diplomáticos e informes de inteligencia, incluidos memorandos de la estación CIA Buenos Aires, en los que se hablaba del cardenal Bergoglio como uno de los papables en el Cónclave de 2005, así como otros documentos de 2007 que destacaban su mala relación con el entonces presidente Néstor Kirchner. Tampoco se salvarían del espionaje de la NSA los directivos del IOR, el Banco Vaticano. El alemán Ernst von Freyberg, nombrado presidente del IOR por el papa Benedicto XVI, tras los escándalos provocados por la filtración de documentos conocida como Vatileaks , sería un objetivo de la Agencia de Seguridad Nacional, al igual que otros miembros del Consejo de Administración. Probablemente las conversaciones de los directivos del IOR, en el momento en el que luchaban por conseguir la calificación de banco blanco por parte del Moneyval, la autoridad del Consejo de Europa, habrían sido clasificadas por la NSA como Threats to Financial System –Amenazas al Sistema Financiero–.

Una portavoz de la NSA alegó que El Vaticano no era un país sujeto a vigilancia, pero poco después se sabría que la Agencia había interceptado las comunicaciones de los once cardenales estadounidenses presentes en el cónclave. Después de cada Congregación General, las reuniones pre-cónclave, los cardenales estadounidenses, conocidos como el Dream Team, se reunían a debatir en el Pontifical North American College sin saber que la NSA escuchaba sus conversaciones. La mayor parte de ellas serían interceptadas a través del programa PRISM y de la recolección de comunicaciones por parte de equipos de la unidad F6 o Special Collection Service SCS–, un destacamento dependiente de la CIA y la NSA, y del S32, el Tailored Access Operations, conocido como TAO. La NSA había destacado equipos SCS en las embajadas de Estados Unidos en Roma y El Vaticano a fin de cubrir el mayor número de comunicaciones de líderes de ambos países.

Los agentes del SCS, desde la embajada en El Vaticano, operaban con sus dispositivos con los que podían interceptar casi todas los métodos de comunicaciones que pudiesen utilizar los altos cargos de la Santa Sede. Las oficinas de los agentes SCS suelen estar ubicadas en los pisos altos de edificios diplomáticos. Un oficina de agentes del SCS suele ser una pequeña habitación sin ventanas, llena de cables, con una estación de trabajo repletas de “bastidores de procesamiento de señales”, y que contienen docenas de plug-ins de unidades de “análisis de señales”. Al parecer, las unidades SCS utilizan la misma tecnología en todo el mundo.

El sistema de antena utilizado por el SCS se conoce bajo el nombre código de Einstein, debido a la cantidad de datos que es capaz de recolectar. Según los documentos filtrados por Snowden, las unidades SCS podrían haber interceptado señales de microondas y de ondas milimétricas, y usado un programa conocido como Birdwatcher para detectar comunicaciones cifradas en el extranjero.

Birdwatcher se controlaba desde la sede de la SSO en el edificio OPS2A, una especie de cubo de Rubik de cristal negro en mitad del cuartel general de la NSA en Maryland. El Directorio de Inteligencia de Señales 35 o Special Source Operations –SSO– era el responsable de los programas de recolección de señales domésticas a través del programa PRISM.

EL PODER DEL PRISM
Durante una entrevista concedida al diario The Guardian, Snowden habló sobre PRISM: “Es espantoso hasta dónde llega su capacidad de actuar. Todo es susceptible de ser espiado, de ser controlado, de ser intervenido”. El objetivo de PRISM era recabar información a través del tráfico internacional que pasaba por los servidores de estas compañías para seguir la pista a un objetivo de interés. “El 98 % de la producción del PRISM se basa en Microsoft, Google y Yahoo. Necesitamos asegurarnos de que estas fuentes no sufran daños”, afirma un documento secreto de la NSA revelado por The Washington Post. Oficiales de inteligencia han descrito a PRISM como “la herramienta más prolífica para los informes presidenciales de inteligencia, ya que fue mencionado hasta en 1.477 ocasiones el pasado año. De hecho, se está convirtiendo en el mayor soporte de espionaje a escala global de toda la historia de la NSA”.

Se revelaría también que los grandes gigantes de Internet, como Yahoo, Google, Facebook, entre otros, habrían entregado a la NSA las claves de sus nubes y que esto había permitido a la Agencia incrustar en los sistemas de comunicaciones programas espías y descifrar las claves de los usuarios. Pero la operación de espionaje llevado a cabo por la NSA en 2013 a altos cargos del Vaticano no habría sido la primera. En mayo de 2006, la Casa Blanca, bajo la administración Bush, había aprobado la operación de espionaje sobre el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, durante su viaje a Italia y en donde debía reunirse con Benedicto XVI.

La Agencia de Seguridad Nacional, conocida como Puzzle Palace llevó a cabo tal despliegue de medios tecnológicos que sería imposible calcular el coste de la operación, pero es cierto es que la experiencia fue la luz verde para el inicio de la mayor operación de espionaje de la historia.

Los analistas no creían que la NSA fuese capaz de procesar la cantidad de datos que circulaban cada segundo por las redes globales. Pero el 31 de julio, The Guardian publicaba otra batería de diapositivas sobre un sistema llamado XKeyscore. Este sistema extrae, filtra y clasifica la información que cualquier usuario ponga en correos y conversaciones digitales, así como los historiales de los navegadores más usados. Las revelaciones del diario británico también señalaban que la NSA utilizaba este sistema para clasificar datos según su “nivel de interés”: los datos “interesantes” podrían permanecer en los servidores hasta cinco años, mientras que el llamado “ruido” era descartado en menos de 24 horas.

Un memorando secreto bajo la clave FISA/211-731 revelaba que la NSA fomentó entre los funcionarios de alto rango de la administración Obama que compartiesen sus agendas telefónicas para que la Agencia pudiera monitorizar sus sistemas de vigilancia con los números de teléfono y direcciones de email de todos los líderes y funcionarios extranjeros con los que tenían contacto.

Las llamadas interceptadas en El Vaticano por la NSA eran filtradas por el programa XKeyscore y las que tenían valor eran archivadas bajo cuatro clasificaciones: Intenciones de liderazgo, Amenazas al sistema financiero, Objetivos de política exterior y Derechos Humanos. El padre Federico Lombardi, portavoz de la oficina de prensa del Vaticano, afirmó: “No somos conscientes de nada sobre este tema y El Vaticano no tiene ninguna preocupación al respecto”. Curiosamente, la NSA se apresuró a asegurar que las informaciones sobre la interceptación de llamadas al Vaticano, al IOR, al sumo pontífice, a los altos funcionarios y a los cardenales estadounidenses “no eran ciertas”, y aseguró que el Vaticano no figuraba entre los objetivos de sus servicios de vigilancia.

Lo que está claro es que en el próximo Cónclave, cuando los hombres de la Gendarmería Vaticana realicen los barridos por la Domus Sanctae Marthae y la Capilla Sixtina con el fin de evitar la colocación de micrófonos ocultos, deberían pensar también en los satélites de la Agencia de Seguridad Nacional que sobrevuelan en el espacio, a cientos de kilómetros de altura de la Santa Sede. Ahora, cuando el encargado de ceremonias pontificias pronuncie el tradicional extra omnes –todos fuera–, debería también mirar al cielo esperando que la NSA haya desconectado sus satélites.

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