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El hombre que trascendió a la historia del tiempo

Viernes 16 de Marzo, 2018
Tras Stephen Hawking nos queda su vasto legado. Asombrosas contribuiciones a la física teórica y a la astrofísica muestran a un gran científico que no dejó de advertir a la humanidad sobre peligros extraterrestres y climáticos. Este es nuestro pequeño homenaje al hombre que aspiró a Todo. Por Sergio Basi.

Para Stephen Hawking solamente somos “una raza de primates en un planeta menor de una estrella ordinaria”, no obstante, el ser humano le asombra tanto como para añadir: “pero podemos entender el universo”.

Hasta ese punto creyó en esa capacidad humana que, a pesar de sus limitaciones físicas -que no le impidieron cambiar el mundo-, le llevó a ser el más ambicioso de todos: buscaba algo que lo explicara todo, ese ha sido el trabajo más importante de su vida, la Teoría del Todo, que ha dejado inconclusa porque, realmente, explicarlo todo seguramente es imposible.

Pero para su mente científica, no creer en lo imposible fue lo que le hizo llegar tan lejos. A base de aspirar a tanto con su genialidad, Stephen Hawking trató de unificar la teoría de la relatividad general de Albert Einstein y las leyes de Newton para la gravedad.

De todo ello surgieron numerosos estudios sobre agujeros negros de los cuales amplió enormemente nuestro conocimiento sobre sus singularidades, sus leyes mecánicas y hasta la forma en que desaparece lo que hoy llamamos “radiación de Hawking”.

También dio firmeza a la hipótesis de que el tiempo y el espacio surgieron a partir del Big Bang y que desde entonces el universo no ha dejado de expandirse. Esto lo cuenta en su libro de divulgación más exitoso, Breve historia del tiempo, el cuál tiene un récord guiness en ventas con más de 10 millones de ejemplares.

Sin duda sus contribuciones a la ciencia son innumerables y su genialidad a día de hoy aún nos abruma si la ponemos en contraste con la situación de ese chico que en su tercer año de universidad en Oxford se percataba de sentirse más torpe, con caídas y tropiezos frecuentes que eran el síntoma de la enfermedad que lo condicionaría para siempre.

Relata en Anales de Neurociencia que tras someterse a varias pruebas “no me dijeron qué tenía, excepto que yo era un caso atípico. Entendí que esperaban que siguiese empeorando y que no había nada que pudiesen hacer salvo administrarse vitaminas. No quise pedir más detalles porque obviamente eran graves.”

Poco después, ya con 21 años, ese joven estudiante fue definitivamente diagnosticado sobre los detalles tan temidos: Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA).  Una enfermedad degenerativa neuromuscular que destruye las neuronas motoras provocando una parálisis muscular progresiva. A pesar de lo muy letal que es esta enfermedad en relativamente poco tiempo -su esperanza de vida suele ser de unos cinco años-, el físico teórico no murió hasta los 76, lo cual fue ciertamente un caso extraño pero bienvenido para que en el mundo quedara un mayor legado de su inteligencia.

Hawking superó en casi 50 años las previsiones más optimistas sobre su vida. Dentro de la gravedad de su enfermedad y lo terrible de las numerosas crisis casi mortales que le supuso, se puede decir que tuvo una admirada longevidad.

 

 

Con todo esto, Hawking no sólo es un icono y una eminencia científica, también se trata de una figura bastante interiorizada en la cultura popular, de ahí que haya tenido tanto poderío en asuntos de divulgación científica respecto a otros compañeros suyos.

Las advertencias del astrofísico sobre amenazas y desafíos para la Tierra y la humanidad no fueron pocas. A Stephen Hawking demandó a la humanidad que empezara a construir bases en otros planetas: “es el momento de explorar otros sistemas solares. Expandirnos puede ser lo único que nos salve de nosotros mismos. Los humanos necesitan irse de la Tierra”. O eso, o la humanidad vivirá su extinción… Llegó a financiar proyectos para este fin pues realmente creía firmemente en la posibilidad de una colisión de un enorme asteroide contra nuestro planeta entre otros muchos augurios un tanto apocalípticos.

Hawking habló mucho de los extraterrestres y de los múltiples programas que intentan el contacto con estos seres inteligentes. Afirmaba literalmente que dicho contacto “sería un desastre” en National Geographic. Creía que lo más probable es que cualquier extraterrestre estuviera más adelantado que nosotros y que atacarían a la Tierra con el fin de quedarse con nuestros recursos, así lo expresó: “Si los extraterrestres nos visitan, el resultado sería mucho más parecido a cuando Colón desembarcó en América… con tan sólo mirarnos a nosotros mismos podemos ver cómo la vida inteligente podría ser algo que no nos gustaría conocer”.

También creía que el calentamiento global era la mayor amenaza que sufre la Tierra y estaba convencido de que estamos próximos a un punto irreversible. Después de que EEUU decidiera salirse del acuerdo contra el cambio climático de París, el físico dijo que Donald Trump ponía en peligro al planeta entero, a la naturaleza a todos los humanos, de hecho, llegó a decir que la Tierra podría convertirse en el infierno climatológico que es Venus, con temperaturas de más de 250 grados centígrados.

Hawking también advirtió de los peligros de los avances tecnológicos y de la inteligencia artificial. Si bien reconocía la importancia de estos desarrollos -uno de ellos era su sistema altamente sofisticado para poder comunicarse-, aseguró en 2014 también que “el desarrollo de una inteligencia artificial completa podría significar el fin de la raza humana… los humanos somos seres limitados por nuestra lenta evolución biológica, no podremos competir con las máquinas, que nos superarán”. Mientras algunos consideraron estas ideas miedos basados en ciencia ficción caducada, otros consideran tales advertencias dignas de ser escuchadas, y es que como dijo, “los robots podrían llegar a tomar el control y se podrían rediseñar a sí mismos”.

Catastrofista a veces y ambicioso siempre, seguramente Stephen Hawking por fin haya alcanzado el tan anhelado todo, la brillantez de sus contribuciones es la propia de alguien que trasciende la vida y la muerte, por eso el mundo científico y la gente en general lo guardará siempre en un merecido recuerdo.

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