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John Dee, el mago que invocaba a los espíritus

Viernes 07 de Julio, 2017
Fue uno de los ocultistas más brillantes del renacimiento. Consejero y astrólogo de la reina Isabel I de Inglaterra, el nombre de John Dee vuelve a estar de actualidad tras un sorprendente descubrimiento oculto en un lienzo.
TEXTO Óscar Herradón

Gracias al estudio mediante rayos X del cuadro titulado “John Dee realizando un experimento a Isabel I”, obra del pintor Henry Gillard Glindoni, se ha descubierto que el lienzo ocultaba detalles sobre la faceta mística del mago renacentista, según informaba en marzo el diario británico The Guardian. Las imágenes obtenidas mediante rayos X fueron encargadas en el marco de la reciente exposición “Estudioso, cortesano, mago: la biblioteca perdida de John Dee”, que tuvo lugar en el Royal College of Physicians de Londres, y han puesto de manifiesto que en un primer boceto de la pintura, el ocultista aparecía rodeado por un círculo de calaveras humanas, que han sido objeto de todo tipo de conjeturas desde su descubrimiento. Y es que Dee fue un maestro en el arte de la “comunicación con los espíritus”.

Hace un par de años, tuve la ocasión de contemplar detenidamente en el British Museum londinense –eso sí, tras una ardua búsqueda en las interminables salas del gigantesco edificio– los utensilios mágicos que el protagonista de estas líneas utilizara hace cuatro siglos para su contacto con el mundo de lo inmaterial, que se conservan en una vitrina junto a otros objetos varios utilizados por distintos pueblos en sus conjuros.

Hoy que Dee vuelve a estar de actualidad, aunque sólo sea a través de los trazos “perdidos” que el pincel de Glindoni dejó en un lienzo, recordamos su fascinante historia. John Dee nació el 13 de julio de 1527 en una casa de Mortlake, en Londres, en lo que actualmente es un suburbio de la capital inglesa pero que entonces era una hermosa aldea de Surrey. Descendiente de galeses, su padre era un mercader que acabó convirtiéndose en un modesto oficial de la corte de Enrique VIII. A temprana edad ingresó en la Chelmsford Chantry School y más tarde ingresó en el St. John´s College de la Universidad de Cambridge, con 15 años, donde al parecer sólo dormía unas cuatro horas diarias para dedicarse por completo al estudio y comenzó a sentir auténtica pasión por la astrología.

Precoz erudito, reunió una gran biblioteca con miles de volúmenes donde estaban representadas todas las ciencias, entre ellas las herméticas.

Excelente estudiante, en 1546 fue nombrado primer alumno del Trinity College y en 1548 profesor adjunto de lengua griega; sin embargo, las cosas no tardarían en complicársele. En medio de acusaciones de herejía, realizó distintos viajes por Europa y conoció de primera mano textos herméticos como De Occulta Philosophia, de Enrico Cornelio Agrippa, un magnífico compendio de magia natural.

En tres años escribió cuatro libros, dos de ellos en latín y, a pesar de que cada vez circulaban más rumores de una posible práctica de la nigromancia, aquello no impidió que fuera invitado a regresar a Inglaterra, a la corte de Eduardo VI, hijo de Enrique VIII, quien le concedió varios rectorados, otorgándole una pensión a cambio de seguir realizando sus experimentos mágicos. La tragedia no tardaría en cernirse sobre la Corona inglesa y el joven monarca murió tras un efímero reinado. Entonces subió al trono su hermanastra, María Tudor, quien inició una feroz persecución de los protestantes, credo que profesaban tanto nuestro protagonista como la hermana de la reina, Isabel, recluida en la Torre de Londres, un tiempo en el que el mago parece que entabló amistad con el monarca español Felipe II, a la sazón rey consorte en Inglaterra, quien le obsequió con un espejo de obsidiana negra que más tarde utilizaría Dee en sus rituales mágicos.

Muerta María Tudor, subió al trono inglés Isabel I de Inglaterra, quien abrazó de nuevo el protestantismo, momento en el que John Dee había alcanzado notoriedad a través de su dominio de la astrología y de los signos zodiacales para predecir el futuro.

PRÁCTICAS MÁGICAS
Éste trazó varios horóscopos a la reina e incluso eligió el día más propicio para su coronación según la disposición de los astros. Cualquier decisión importante era previamente consultada por la soberana al mago, quien se erigió en una especie de oráculo personal de la misma.

Su ansia de saber era tal que Dee creyó que no eran suficientes los cauces habituales para desentrañar los secretos de la naturaleza y decidió acudir al campo de lo sobrenatural. Durante una visita a Amberes, el astrólogo descubrió la obra Esteganografía Steganographia– del abad Tritemio, quien a través de la criptografía y la magia afirmaba la posibilidad de un contacto con los ángeles. Fue entonces cuando el mago mostró una pasión exacerbada por el mundo espiritual. Ya en 1564 había escrito el libro La Mónada Jeroglífica, donde intentaba explicar a través de la cábala hebrea y la magia la unidad mística de la Creación. Según algunos de sus biógrafos, antes de su primer “contacto” con los llamados “seres superiores”, en octubre de 1581,

Dee no era capaz de conciliar el sueño y sentía misteriosos golpes en su casa de Mortlake. Parecía como si los “ángeles” que le harían célebre intentasen llamar su atención.

Entonces comenzó a usar una bola de cristal para contactar con los espíritus, pero ante la escasez de resultados decidió solicitar la ayuda de médiums. el primero de ellos fue Barnabas Saul, quien decía ser capaz de ver ángeles y otras entidades a través de un espejo mágico. Descontento, Dee acabó despidiéndole y fue cuando conoció a un personaje que cambiaría por completo su vida: Edward Kelley, un joven de 26 años, embaucador y charlatán, al que habían cortado las orejas tras un delito de falsificación cuando trabajaba como notario. Cuando Dee lo conoció, en marzo de 1582, tenía en su poder numerosos manuscritos ocultistas, grimorios, extraños polvos y exóticos elixires que afirmaba, le ayudaban en su prácticas, por lo que no tardó en convencer al astrólogo de sus facultades mediúmnicas. Había estudiado la ciencia alquímica y la magia, y era sospechoso de haber practicado la necromancia –el ritual de resucitar a los muertos para realizar predicciones–, lo que en aquellos tiempos de fuerte superstición les traería no pocos problemas. Juntos escribirían algunos de los episodios más fascinantes de la magia de su tiempo –ver Autopsia de los Hechos–, teniendo que huir en más de una ocasión y recalando, entre otros lugares del Viejo Continente, en la corte del enigmático Rodolfo II en Praga, el “emperador de los alquimistas”. Tras una ruptura, brusca, de las relaciones entre Dee y Kelley, que duraron siete años, el mago regresó a su tierra natal mientras el segundo permanecía en Europa, falleciendo en extrañas circunstancias mientras se hallaba encerrado en una prisión.

En Inglaterra, Dee gozó de un último favor de su amiga la reina Isabel, que le nombró director del Christ’s College de Manchester en 1592, aunque sus colegas de universidad le dieron la espalda por culpa de su mala reputación. Dejó la ciudad inglesa en 1605 cuando el rey de Inglaterra era ya Jacobo I, hijo de la decapitada María Estuardo, un soberano terriblemente supersticioso, marcado por la brujomanía, quien le negó la pensión.

John Dee, el mago de las sombras, moría en una fecha inconcreta entre finales de 1608 y y comienzos de 1609, en Mortlake, la misma localidad que le vio nacer. Fallecía prácticamente en la indigencia, olvidado por todos. Sin embargo, su legado mágico sigue tan vivo hoy como en sus años de máximo esplendor.

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