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Las mentiras de la guerra química

Martes 10 de Julio, 2018
La guerra de Siria está siendo un desastre humanitario terrible. Hasta armamento químico está siendo utilizado pero, ¿por quién y con qué fin? Las cosas no son como nos las han contado y existen intereses de grandes potencias detrás de todo esto.

Hay que preguntarse por qué en 6 años de conflicto en Siria, con excepción del ataque químico de Guta (2013), el régimen sirio no ha hecho uso de armas químicas. Pero si lo anterior es curioso, es realmente sospechoso que el gobierno de Al-Asad use armas químicas, claramente prohibidas por Occidente, justo en aquellos momentos en que va ganando y recuperando terreno.

La respuesta que resuelve el enigma es que realmente el régimen de Al-Asad no ha usado nunca armas químicas. Dichos ataques habrían sido operaciones de propaganda organizadas por los servicios de inteligencia occidentales para legitimar su intervención militar en los momentos en que el resto de fuerzas presentes no conseguían sus objetivos.

Periodistas independientes como la canadiense Eva Bartlett desmontan todo el entramado de pruebas de las armas químicas. Por ejemplo, ha destapado que el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (SOHR), a menudo citado como fuente fiable por los medios de comunicación occidentales, es en realidad un solo hombre llamado Rami Abdul Rahman, con residencia en Coventry (Reino Unido).

Llamativamente, Rahman ha sido acusado de ser un desinformador y de cubrir «muy selectivamente » las noticias sirias. Bartlett también recogió el testimonio de Walid Hendi, un sirio reclutado para colaborar con los Cascos Blancos cuando esta organización participaba en la realización de un vídeo de la televisión turca que mostraba un ataque químico imaginario en la ciudad de Alepo.

Walid Hendi explicó que se trataba del «rodaje de un ataque químico ficticio para poder acusar al Gobierno de Siria de no haber respetado su compromiso de entregar todo su arsenal químico y de haber recurrido a ese tipo de armas».


La casilla siria del Risk
Si hubiese una forma sencilla de explicar los entresijos de la geopolítica y la geoestrategia, creo que esa forma sería aprender cómo funciona el juego de mesa Risk. Es difícil resumir más la situación actual que decir que EE UU y Rusia están luchando por la casilla del mapa donde pone Siria. Sin embargo, que este símil no lleve a engaño: el conflicto no es sencillo y coexisten multitud de niveles de realidad que analizar y numerosas estrategias simultáneas que se están aplicando.

Como ejemplo de estas últimas, pongamos la que en más de una ocasión ha subrayado el economista canadiense Michel Chossudovsky, quien explica que la promoción del radicalismo islámico es una herramienta de dominación americana basada en el concepto divide et impera (divide y vencerás) que busca romper el panarabismo, movimiento del cual Siria es la cuna.

No es un secreto que la estrategia americana en Afganistán contra los rusos (1979) fue precisamente radicalizar el yihadismo y armarlo contra los soviéticos. De la misma forma, existen sospechas sobre el uso indirecto de la inmigración masiva de refugiados a Europa.

En este sentido, David Beasley, jefe del Programa Mundial de Alimentos de la ONU (sobre estas líneas), opinaba recientemeente que Daesh intenta fomentar una nueva ola masiva de migración a Europa, al objeto de sabotear la sociedad occidental.

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