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Molinars: un pueblo fantasma en plena Costa Brava

Martes 28 de Febrero, 2017
La Costa Brava (Girona) es el segundo destino turístico de toda España. Pero no todo es sol y playa. Los sucesos luctuosos y paranormales también han azotado esta región. En la zona se erige Molinars, un auténtico pueblo fantasma cuyas calles pocos se atreven a recorrer. Pero no es el único sitio marcado por la huella de la tragedia…
Por: Miquel G. Aracil

Cuando se menciona esta conocida zona de veraneo la mayoría de personas la relacionan, y con razón, con sus bellas playas o calas y sus soleadas pinedas, como dice la famosa canción “Sol y mar, verde pinar”. Varios cientos de miles de turistas nacionales y extranjeros gozan de sus cristalinas aguas y de sus enclaves privilegiados. Pero hay otros factores más oscuros en este enclave turístico mundialmente famoso.

La Costa Brava la podríamos dividir en una parte septentrional y otra meridional. La parte norte es testigo en numerosas ocasiones de sucesos muchos menos alegres y más tenebrosos. Por ejemplo, los extraños acontecimientos ocurridos junto al Faro de S´Arnella (Port de la Selva) donde, en el interior de su impresionante sistemas de búnkeres, dignos de una película del más negro suspense, apareció el cuerpo de una mujer extranjera, al parecer suiza, que vivía en el interior, con la cabeza machacada a martillazos –según recogía El Periódico el 7 de marzo del 2005– y, poco después, algunos grafittis, de claro signo esotérico, se pudieron observar en otros edificios de aquel sistema militar ya abandonado.

Apenas un año más tarde, en el cercano y turístico pueblo de Perelada, famoso por su precioso castillo y su casino, el cementerio era profanado y en el interior de los muros del camposanto aparecían restos de un ritual donde alguien había elaborado una macabra sopa con restos humanos y un sobre de Avecrem, suceso del que se hacía eco El País el 23 de abril 2006.

OSCURAS BRUJAS Y EXTRAÑAS MUERTES
En la parte más septentrional de la Costa Brava, donde la omnipresente tramontana ruge con fuerza y los Pirineos nacen o mueren –dependiendo de la opinión de cada cual– no es raro que aficionados al mundo de los paranormal, o directamente practicantes de extraños ritos y creencias, acudan a una serie de lugares a realizar sus experimentaciones o a practicar sus rituales. Desde personas que acuden a la zona del Puig del Peni o Pànic (Pánico) en Cadaqués para comprobar por sí mismas si realmente allí las fuerzas telúricas son tan fuertes como se comenta, hasta gran número de gente que acude a visitar el siempre misterioso e imponente monasterio de Sant Pere de Rodes, considerado por algunos –de forma totalmente errónea– como la “cuna de la brujería catalana”.

En los últimos tiempos no son pocos los que acuden a las últimas estribaciones de la Costa Brava, concretamente al cementerio de Port Bou, para realizar alguna psicofonía junto al impresionante monumento o Memorial in memoriam dedicado al famoso filósofo e intelectual judío Walter Benjamin (1892-1940), pensador social y autoridad en el siempre misterioso mundo del misticismo judío.

La muerte de este personaje, considerado uno de los diez pensadores más importantes del siglo XX, siempre ha estado –y continúa actualmente– rodeada de dudas y misterio.

En un principio, el informe médico sobre su muerte daba como causa un derrame cerebral. Sin embargo, mucho más tarde se reconoció que una sobredosis de morfina que él mismo se inyectó en el Hotel Francia de Port Bou –por miedo a terminar en manos de la Gestapo o las SS–, fue lo que terminó con su vida y con siete años largos de huir del terrible régimen nacionalsocialista. Siempre se habló de unos extraños documentos manuscritos de los cuales Benjamin jamás se separaba. Se especuló con temática política – antinazi y antiestalinista–, un futuro libro o incluso parte de sus profundos conocimientos de mística judía…  ¿cábala?

Su última compañera de viaje, Lisa Fittko, fallecida el año 2005, aseguró que en el momento de morir Benjamin los tenía junto a él, aunque jamás aparecieron tras el registro de la policía franquista. Una vida intensa y una muerte llena de enigmas, lo que unido al impresionante y original monumento denominado Pasajes –Memorial– realizado por el artista judío Dani Karaván e inaugurado el 15 de mayo de 1994 muy cerca de donde reposan sus restos mortales, sobre un precioso entorno rodeado del azul del Mare Nostrum, han convertido aquel enclave junto al camposanto en el lugar escogido para que algunos investigadores de lo paranormal realicen experiencias parapsicológicas en la impresionante escalera que, por el interior del monumento, baja directamente a las azules aguas del mar.

UN PUEBLO FANTASMA
Pero, curiosamente, ni la mayoría de decenas de miles de turistas que disfrutan de sus vacaciones, ni tan siquiera muchos aficionados al esoterismo y al mundo de lo paranormal, conocen la existencia, muy cerca, de un pueblo “fantasma”: Molinars. Muy cerca de las preciosas calas y los recoletos puertos de la zona, en la carretera que une la turística población de Llançà con Port Bou, a la altura de Colera, otro pueblo turístico, con su puerto, sus hoteles, cámping y demás servicios turísticos y playeros, una pista que sigue el curso de la torrentera que lleva su mismo nombre, se encuentra, encajado entre montañas, este pueblo que en sus mejores tiempos tuvo más de cien habitantes. Incluso contó con su propio cuartel de carabineros o Guardia Civil. Antes de adentrarnos en su parte más esotérica, señalar que esta abandonada población vio nacer durante el pasado siglo 1.303 personas –en sus distintas generaciones–. Sirva este dato para darnos una idea de su importancia… y de su grado de “olvido”, sobre todo si se tiene en cuenta que en la actualidad muchos habitantes de la comarca no saben ubicar dicha población, donde antiguas casas, muchas de ellas del siglo XVIII, han caído. Es un lugar de aquellos que muchos podrían definir como mágico o especial. Situado en un entorno donde los megalitos, principalmente dólmenes y menhires, abundan y nos hablan de una ancestral sacralidad. No es un lugar lo que se dice “corriente”.

Algunos toponímicos de los alrededores nos lo dejan bien claro. La Coma del Infern –Prado del Infierno– o Las Barbes del Boc –La Barba del Macho Cabrío– nos recuerdan la fama brujeril, real y documentada de aquellas montañas del Alto Ampurdán.

También hay diversos monumentos religiosos en sus alrededores, principalmente el templo que preside aquel valle y vigila el pueblo, dedicado a San Miguel –Sant Miquel– que se remonta a la Alta Edad Media –aunque la actual iglesia es del siglo XII–. No olvidemos que una gran parte de santuarios paganos o lugares de poder que fueron cristianizados por la Iglesia en toda Europa se pusieron bajo la advocación sincrética de sus más famosos “santos guerreros”, como San Miguel o San Jorge. Otros restos de una arcana y olvidada fortificación que se encuentra sobre el valle son relacionados por algunos investigadores, aunque de forma equivocada, con una “mujer vampiro” que habitó la zona en el siglo XIV y que, en sus macabras aficiones, se pareció extraordinariamente a Gilles de Rais o a la condesa Bathory. En este caso, diremos que dicho personaje, real e histórico, vivió en una pequeña torre fortificada, pero al otro lado de dichas montañas, más cerca de Garriguella. Desde hace años, aquellas olvidadas casas, que en sus buenos tiempos albergaron la historia de muchas familias, y que de día –principalmente los fines de semana– sólo son visitadas por unos pocos excursionistas, son testigos mudos de gente de distintas procedencias que se desplazan hasta dicho enclave para realizar actividades de tipo esotérico, como en tantos otros pueblos abandonados o “fantasma”.

En diversas ocasiones hemos podido fotografiar huellas de dichos rituales. Desde extraños símbolos dibujados o elaborados en el suelo o junto a las casas, hasta restos de la típica parafernalia esotérica tan de moda en los últimos años que incluye velones, sahumerios e inciensos quemados. Además, algunos investigadores de la cercana Figueres y de Girona aseguran haber obtenido interesantes psicofonías en las que pueden escucharse algunos gritos.

Lo que hace a este pueblo “fantasma” distinto a los demás es que, mientras en otros muchos, como Marmellar, o La Mussara, temas que hemos tratado anteriormente en estas páginas, con sus extrañas desapariciones y abundantes misas negras, donde las actuaciones de muchos de sus nocturnos visitantes son de una tendencia más bien macabra, en Molinars los rituales y las reuniones que se llevan a cabo parecen tener una función mucho más positiva o, en el argot esotérico, más relacionada con la magia blanca.

Un ejemplo del “civismo” de la gente que acude a este perdido pueblo de la Costa Brava es que, desde hace decenas de años, y sin que sepamos su simbolismo real, un gran número de botas de montaña, zapatos y calzado de payés lucen en racimo colgados en algunas de las puertas de las abandonadas viviendas. Como extraños vigilantes que parecen indicarnos que estamos en un enclave especial que debe ser lugar de paso o, si es necesario, de rituales, pero siempre respetando la “vida propia” que sigue teniendo el pueblo pese a su abandono.

Otra característica especial de este enclave son los diferentes carteles que, todavía hoy, se pueden ver en diversas casas del lugar, indicando que aquellas viviendas, aunque abandonadas, tienen o tuvieron un propietario y que en su interior no hay nada que deba o pueda ser robado.

Curiosamente, hasta el momento  –y esperamos que así continúe– aquellas edificaciones, si obviamos las que ya son sólo ruinas, siguen manteniendo una dignidad e integridad que no es posible ver en otros pueblos abandonados.

Cuando llegamos a las desiertas casas, escuchando el sonido del agua de la torrentera que recorre una parte del pueblo, y miramos las altas montañas que nos rodean –resaltando entre la naturaleza la medieval iglesia de Sant Miquel–, nos damos cuenta de que aquel pueblo, desconocido por casi todos, tan cercano de las abigarradas playas y calas de la Costa Brava, es un lugar con verdadera “ magia” y con un “algo” especial, quizá el telurismo pirenaico, tal vez otro tipo de energías indescriptibles que han conseguido que grupos de aficionados al esoterismo se desplacen al lugar para realizar sus extrañas ceremonias que, hasta ahora, como digo, parecen tener siempre un carácter positivo.

Ojalá nunca cambie y aquellas olvidadas casas sólo vigiladas por decenas de antiguos zapatos y botas, continúen siendo un lugar casi olvidado y de reunión de gentes que siguen el camino más diestro del esoterismo, y no se convierta en otro pueblo fantasma de mala y merecida fama, como La Mussara y Marmellar, por citar sólo algunos ejemplos.

Como vemos, los enclaves misteriosos, de poder o “sagrados”, pueden estar muy cerca de lugares de turismo multitudinario y, pese a todo, seguir guardando su intimidad, cuando no su insondable secreto.

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