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Las nuevas piedras de Ica

Lunes 02 de Julio, 2018
El fenómeno de las piedras de Ica es uno de los misterios más controvertidos de nuestro mundo. Más de 11mil piedras hablan de una humanidad anterior con una tecnología equiparable a la de nuestro siglo conviviendo con dinosaurios. Puede que la mayoría fueran falsas pero... ¿hubo alguna real? Antonio Luis Moyano

Para quienes busquen la comodidad antes que la aventura, el confortable asiento frente a la mini pantalla de televisor de los autobuses de la compañía Cruz del Sur, es la mejor opción para llegar a Ica desde Lima. Algo más de trescientos kilómetros de carretera y dos películas más tarde, uno desembarca en un entramado de calles engullidas por un tráfico que se hace más inmisericorde con su repetitivo claxon.

Todavía hoy, la ciudad trata de recuperarse del inclemente seísmo que en el 2007 dejó casi seiscientos muertos y más de setenta y seis mil viviendas completamente derruidas. Sus casi doscientos cuarenta mil habitantes viven inmersos en la misma ajetreada cotidianidad de cualquier ciudad europea, con la única diferencia de que aquí nunca se hacen horas suficientes para poder sobrevivir.

Conocida como “la ciudad del eterno sol”, los atractivos turísticos de Ica se desparraman en el árido desierto del distrito de Ocucaje. En la Plaza de Armas, centro neurálgico de la capital, encontramos el museo más extraño que pueda visitarse: una exposición de miles de piedras labradas con insólitas representaciones de indígenas en taparrabos acometiendo complicadas operaciones quirúrgicas o a lomos de grandes saurios como medio de transporte. Pero será mejor que contemos esta historia desde el principio…

EL SUEÑO DE UN CAMPESINO… DESPIERTA DINOSAURIOS
Fue el libro Existió otra humanidad (1975) de J. J. Benítez el que dio a conocer en España la famosa “biblioteca gliptolítica” que el doctor Javier Cabrera (1924-2001) había logrado reunir, después de que una familia de huaqueros –expoliadores de yacimientos arqueológicos– le hubiera hecho partícipe de tan insólito hallazgo.

Al igual que el profesor Challenger de El Mundo Perdido (1912) de Arthur Conan Doyle, el doctor Cabrera defendía que estos petroglifos eran el testimonio legado por una remota civilización surgida durante la era de los dinosaurios, hace más de sesenta millones de años. Desde que fuera hallada  la primera en 1966, Cabrera reconocía que estas piedras podrían haberse mezclado con otras falsas que la avidez de estos huaqueros –la familia Uchuya habría falsificado a cambio de generosas propinas. ¿Cómo reconocer las piedras auténticas de las falsas? Cabrera había descubierto –ojo al dato– que sólo las genuinas se fragmentaban en pedazos cuando se las dejaba caer al suelo.

Así de “frágil” era el vestigio de aquella humanidad antediluviana… La controversia en torno a las piedras de Ica ha perdurado durante más de medio siglo… pero sólo en los países de habla hispana, porque fuera parece que lo tenían más claro. Antes de que el libro de Benítez viera la luz, la prensa internacional ya había sentenciado sobre este asunto: un análisis realizado sobre las incisiones de una de las piedras evidenciaba su factura reciente.

Incluso la revista esotérica L’Inconnu –Lo Desconocido–, nada sospechosa de escepticismo, calificaba los gliptolitos de “superchería”. Por si quedara alguna duda, Basilio Uchuya (1935-2003), el huaquero que vendía las piedras al doctor Cabrera, había reconocido que éstas eran producto de una artesanía local.

Un documental de la BBC mostró al propio Basilio grabando aquellas piedras procedentes de una civilización… que sólo existió en la maravillosa fantasía de aquel campesino. Descubierto el origen contemporáneo de las piedras, sobre los Uchuya recayó la acusación de fraude. Es fácil desplegar esas acusaciones desde la comodidad que concede vivir en una sociedad como la nuestra, donde no hay que trabajar bajo un intempestivo sol para sobrevivir. Y es en este contexto donde debe interpretarse el modesto negocio de artesanía desarrollado por una humilde familia cuyas condiciones de vida apenas han cambiado en todos estos años.

Tal y como comprobó este reportero: ellos no engañaron a nadie –el primogénito de Basilio Uchuya no tiene inconveniente en mostrar cómo graban las piedras–, simplemente hubo personas que se dejaron “engañar”. Así pues, cuando visité la humilde chacra –que es como se conoce en Perú a las fincas rurales–, donde se facturaron las piedras que algunos todavía atribuyen al legado de una civilización del Mesozoico, y me entrevisté con la viuda e hijos de Basilio Uchuya, no hice más que confirmar lo que ya se sabía. Inspirándose en recortes de revistas de la época, la fértil imaginación de aquel campesino humilde fue capaz de despertar los dinosaurios extinguidos hace más de sesenta millones de años, dotándoles de vida para convivir con los hombres de otra humanidad.

¿UNA BIBLIOTECA SECRETA ?
Sin embargo, la sorpresa vino después de mi encuentro con la familia Uchuya, cuando el contacto que establecí en Ica me hizo una revelación sorprendente: desde hacía casi medio siglo, en otro lugar de Ocucaje, dormían decenas de piedras que, en su momento –y debido a su tamaño– no fueron adquiridas por el doctor Cabrera.

A pesar de mi escepticismo, esta persona –cuya identidad no puede ser revelada– me juró y perjuró que él había participado en el hallazgo de varias de estas piedras cuyos grabados testimoniaban la huella de una civilización arcaica. Me contaba que estas excavaciones, como todas las que hacen los huaqueros, se realizan aprovechando la clandestinidad de la noche, no tanto para evitar el control policial como el implacable sol del desierto. Por supuesto, su testimonio no contribuyó un ápice a que abandonáramos nuestro escepticismo.

Haciéndome partícipe de este secreto, mi contacto me condujo hasta la pequeña choza donde otra biblioteca gliptolítica había permanecido escondida durante todo este tiempo, tal vez esperando ser acariciada por el flash de mi cámara de fotos. A diferencia de las piedras que se exhiben en el museo de Ica –donde el curioso no puede tomar imágenes–, no están cubiertas del célebre betún que responde al capricho de hacer más visibles sus dibujos. El estilo y la temática es, sin embargo, el mismo: hombres ataviados como en la Edad de Piedra que parecen haber alcanzado un desarrollo tecnológico superior al del siglo XXI.

Negociando como el que adquiere cualquier otra artesanía, uno de estos cantos, que refleja un nativo a lomos de un dinosaurio, terminó en la mochila de quien esto suscribe. Tal vez el análisis de alguna universidad española permitiera zanjar la polémica dictaminando que sus grabados no pertenecían a la era de los grandes saurios. Lamentablemente, en el regreso a España, y durante el desembarco del equipaje, el macuto que abrigaba la piedra cayó al suelo, y ésta terminó –ante nuestra sorpresa– fragmentada en pedazos. ¿Acaso tendría razón el doctor Cabrera? 

¿ACÁMBARO CONNECTION?
La historia de las piedras de Ica tiene un antecedente en tierras mexicanas. Es en la localidad de Acámbaro (Estado de Guanajuato) donde, en los años cuarenta, unos campesinos comenzaron a comercializar miles de figurillas de arcilla inmortalizando insólitas criaturas.

Fue un excéntrico alemán, Waldemar Julsrud (1875-1964), quien atesorara esta quimera de hombres de barro combatiendo contra dinosaurios y que, según sus delirantes teorías, habría sido sepultada por supervivientes de la Atlántida. Como en el caso de Ica, la arqueología investigó el asunto y dictaminó que se trataba de cerámicas recientes.

Fue la pícara imaginación de unos cuantos campesinos locales la que, respondiendo a las generosas propinas de Julsrud, modeló aquellas criaturas en barro. Entre las treinta mil piezas que hoy pueden contemplarse en las vitrinas del museo local de Acámbaro, llama la atención un fragmento de roca sobre el que se dibuja uno de estos dinosaurios. ¿Se inspiró alguien en esta imagen para encargar la artesanía de las piedras de Ica? Puedes encontrar más datos en el libro Hay Otros Mundos (2013) de ediciones Cydonia.   

LOS EXPERTOS DICEN:  

JUAN JOSÉ REVENGA
Vivimos un tiempo en la que la gente no cree en nada, sólo en el bendito Internet que convierte a cualquiera en experto sobre todo. Pero lo único que hay claro es que no podemos decir jamás y con certeza absoluta lo que es verdad o mentira.

Sobre todo si hablamos de las piedras de Ica, que mucha gente asegura, sin ningún pudor, que todas son falsas. Para opinar de ellas debemos tener las cosas claras: primero, conocer Ica, a la familia Uchuya y al fallecido doctor Cabrera. Muchos hablan de cuartos secretos y fantasías que han visto en esa casona de la ciudad costera en el Perú.

Pero la realidad es que esas más de 11.000 piedras que forman la colección cuentan la historia de otra humanidad con todo lujo de detalles, y el que supuestamente las falsificó, Basilio Uchuya y familia, nunca tuvo conocimientos para realizar ese imaginativo trabajo.

Se ha analizado muchas veces su antigüedad, y algunas han sido datadas en más de dos mil años. Sólo con que una hubiese aparecido con esa antigüedad ya sería motivo suficiente para dudar. Y lo que no podemos pensar es que en cinco mil millones de años que tiene aproximadamente la Tierra hemos sido los primeros seres inteligentes en caminar sobre ella. 

JOSÉ ANTONIO CARAVACA 
Las piedras de Ica eran un referente indiscutible del mundo del misterio. Lamentablemente, han envejecido mal. Muy mal. Tras la brillante investigación de Vicente París quedó patente que muchas de las rocas grabadas que se custodiaban en el interior del museo del Dr. Cabrera eran de manufactura moderna.

Años después, realicé un amplio estudio que demostró que la mayoría de las afirmaciones vertidas en torno a la supuesta biblioteca “gliptolítica” eran completamente falsas. Mis conclusiones fueron demoledoras: todos los mitos sobre las piedras de Ica carecían de fundamento.

En mi investigación no pude hallar ninguno de los supuestos referentes bibliográficos anteriores a la irrupción del asunto en la prensa. Además, las piedras no contenían ninguna información científica desconocida por nuestra ciencia. Y por si fuera poco, la enorme cantidad de piedras en posesión del Dr. Cabrera no era una obra imposible para un puñado de espabilados artistas locales que durante décadas se dedicaron a grabar rocas con motivos fantásticos de dinosaurios y operaciones médicas. Definitivamente, el tiempo ha sido el mayor enemigo para un pretendido vestigio de millones de años de antigüedad.

VICENTE PARÍS
Es muy difícil sostener que las piedras de Ica son auténticas después de haberlas investigado durante varios años. Sobre todo tras presenciar cómo las fabrican, cómo se inspiran en imágenes que tienen a su alcance, cómo repiten los temas “más comerciales” y cómo los únicos temas “científicos” eran los relacionados con el mundo de las operaciones quirúrgicas, que era la especialidad del doctor Cabrera, principal comprador y coleccionista de esas piedras.

Sin embargo, cualquier descubrimiento de una colección particular que aporte ejemplares de los primeros años es una magnífica noticia. ¿Y cómo reconocer las piedras más antiguas? Muy sencillo.

Basilio Uchuya, su principal fabricante, consiguió en el año 1975 un calendario con la ilustración de unos guerreros mochicas. Dichos guerreros llevaban unas prácticas y decorativas rodilleras que, a partir de ese momento, Basilio incorporó en la mayoría de sus grabados, tanto si se trataba de cazadores como de cirujanos. Una manera muy simple de datar cualquier nueva colección que aparezca…    

LORENZO FERNÁNDEZ BUENO
Reconozco que cuando viajé por vez primera a Ica, estaba convencido de que las piedras eran falsas. Y una vez más me equivoqué, porque la soberbia suele inducir a errores. Del mismo modo que no podemos defender a estas alturas que todas son auténticas, tampoco podemos seguir con el argumento caduco de que son falsas porque no pueden tener millones de años.

No los tienen, porque crónicas –las hay anteriores– como las de, por ejemplo, Juan Santa Cruz Pachacuti, ya hablan siglos atrás –no millones de años– de unas extrañas piedras de poder, por no hablar de las que aparecen mucho antes cuando el río Ica seca su cauce.

Es interesante que los misterios envejezcan bien, pero también el discurso que se usa para negarlos, porque suena ya a carraca vieja. No seré yo quien afirme que tienen esa antigüedad, porque no es necesario; pueden existir otras explicaciones que no barajó Cabrera, obcecado por su “gran descubrimiento”.

Nuestras expediciones a la selva de Yamón, al norte de Perú, avalan que alguien diez mil años atrás pintaba escenas similares en el arte rupestre –hombres cazando dinosaurios–. ¿Y si realmente hablamos de una megafauna extinta? ¿Y si todos hemos estado buscando donde no era posible?

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