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Las otras apariciones de Fátima

Viernes 14 de Julio, 2017
Las apariciones de Fátima pasan por ser un milagro mariano único e insólito en la historia sobrenatural de Portugal. Sin embargo, antes, durante y después de las visiones de los célebres pastorcillos videntes de 1917, se dieron otras apariciones y sucesos anómalos tanto o más desconcertantes.
Juan José Sánchez Oro

Lo primero que conviene recordar es que, en 1917, Portugal malvivía azotado por su reciente incorporación a la I Guerra Mundial; una aguda crisis económica; escasez de alimentos y las primeras víctimas de la gran gripe pneumónica que posteriormente asolaría el país, hasta el punto de que incluso causará la muerte de dos de los niños videntes de Fátima en 1919. A ello habría que añadir la fragilidad del gobierno central.

La monarquía vio interrumpida su continuidad en 1910 para ser substituida por la República. Sin embargo, los primeros pasos del nuevo régimen resultaron demasiado tambaleantes. Reinaba el desbarajuste político y social sobre unas arenas movedizas donde reformistas y reaccionarios trababan enconadas pugnas. No obstante, este inestable orden trajo consigo importantes cambios, siendo uno de los más impactantes las leyes para la separación estricta de la Iglesia y el Estado.

En virtud de semejante marco legal, el clero perdió gran parte de su poder ancestral y la tensión entre católicos y laicos alcanzó cotas inusitadas. No es de extrañar que, bajo este clima, muchísimos portugueses optaran por mirar al cielo esperando recibir ayuda. En especial los católicos, cuyas creencias, órdenes religiosas, centros de enseñanza y prácticas estaban siendo vapuleadas por los ideales cívicos de la república. Mientras unos solicitaban ayuda sobrenatural a los ángeles, a Jesús y a María, otros acudían al espiritismo moderno en busca de respuestas.

HABLAN LOS ESPÍRITUS
En 1974, Filipe Furtado de Mendoça publicó un folleto titulado Um Raio de Luz Sobre Fátima. En sus páginas narraba un suceso casi olvidado, pero que reflejaba el ambiente de efervescencia sobrenatural que dominaba aquella época.

El 7 de febrero de 1917 un grupo de espiritistas reunidos en Lisboa alrededor del médium Carlos Calderón recibió el siguiente mensaje del más allá: “No os compete ser jueces. A aquél que te ha de juzgar a ti no le gustarían tus prejuicios. Tened fe y sed pacientes. No es nuestra costumbre predecir el futuro. Los arcanos del futuro son impenetrables, aunque, en ocasiones, Dios permite que se mueva ligeramente una esquina del velo que lo cubre. Tened confianza en nuestra profecía. El día 13 de mayo será un día de gran gozo para los buenos espíritus de todo el mundo. Tened fe y sed buenos. Ego Sum Charitas. Siempre tendréis a vuestros amigos a vuestro lado, los cuales guiarán vuestros pasos y os auxiliarán en vuestra Ego Sum Charitas. La brillante luz de la Estrella de la Mañana iluminará el camino. –Stella Matutina–”.

La profecía apuntaba a un día muy concreto, el 13 de mayo, y la firma Stella Matutina ha sido entendida por los investigadores Joaquim Fernandes y Fina d’Armada como una señal mariana.

Stella Matunina aludiría a la estrella de la mañana, Venus, una diosa madre similar a la Virgen María. Aunque esta atribución no es determinante, puesto que idéntica expresión también fue utilizada en círculos esotéricos contemporáneos con otros significados. Por ejemplo, Stella Matutina fue el nombre dado a una de las órdenes de la Golden Dawn británica a partir de 1903.

Ya tuviera un sentido u otro, los receptores del mensaje decidieron publicarlo en la prensa para alertar a la población y evitar sospechas sobre lo ocurrido durante la sesión mediúmnica. Así pues, en el Diário de Notícias, el 10 de marzo salió un breve anuncio con la fecha compactada bajo un guarismo, “135917”, junto al texto “No olvides el día feliz en el que finalizará nuestro martirio. La guerra que nos hacen terminará. A. y C.

Puede causar perplejidad, pero el propio Furtado de Mendoça comenta que entonces se recibían numerosas comunicaciones de ultratumba, vaticinando el final de la guerra o la firma de acuerdos de paz que nunca se consumaban. Por otro lado, uno de los genios más universales de las letras portuguesas, Fernando Pessoa, practicó la mediumnidad en Lisboa con total convencimiento entre 1916 y 1917, recibiendo más de 200 mensajes a través de escritura automática.

OLEADA DE APARICIONES
La Iglesia, por su parte, prefería otra clase de mensajes. El 5 de mayo de 1917, el Papa pidió a todos los cristianos que rogaran a la Virgen María para obtener la paz en el mundo. Un logro que, en opinión del pontífice, solamente ella podía procurar. Cinco días después, tuvo lugar una aparición mariana en el lugar del Barral, junto a la frontera norte de Portugal a 350 km de Fátima. En este paraje de la localidad de São João da Vila de Chã, un joven pastorcillo de 10 años, llamado Severino Alves, hacía seis meses que había quedado huérfano de padre. Severino iba caminando hacia el monte y rezando el rosario a las ocho de la mañana. De pronto, un relámpago le sorprendió. Al mes siguiente, el periódico A Ordem relató con estas palabras lo sucedido: el niño “encontró a una Señora, sentada, con las manos juntas y el dedo gordo de la mano derecha levantado. Su rostro era bello como ningún otro, toda ella llena de luz y esplendor, de manera que confundía la vista, le cubría la cabeza un manto azul, y el resto del cuerpo un vestido blanco. Después de que el pequeño la vio, cayó para un lado sorprendido con tal acontecimiento.

Recuperado el ánimo, se levantó y exclamó ‘Jesucristo’. En ese mismo momento desapareció la visión”. Pero aquel extraño encuentro no terminó ahí. A la mañana siguiente, en el mismo lugar y hora, apareció otra vez la dama: “En ese día el rostro de la aparición desprendía sonrisas. Cuando la vio cayó de rodillas y dijo un poco sorprendido –por no decir asustado–, lo que su párroco le había aconsejado: ‘Quien habló ayer que hable hoy’. Entonces la aparición, con una voz que era una mezcla entre reír y cantar, le tranquilizó diciéndole: ‘No te asustes. Soy yo, pequeño’. Y añadió: ‘Dile a los pastores del monte que recen siempre el tercio –rosario–, y que los hombres y mujeres canten la Estrella del Cielo. Y las madres que tienen hijos allá fuera, que recen el tercio, canten la Estrella del Cielo y se aferren a mí, que yo he de acudir al Mundo y aplacar la guerra”. Severino, embelesado, contestó diciendo: “–¡Sí, señora!”. Mientras que la visión, dirigiendo su mirada a los arbustos, comentó: “–¡Qué brotes tan hermosos! ¡Qué hermosos racimos!”. El pastorcillo miró hacia aquellas ramas, pero cuando volvió a buscar a la dama, ésta había desaparecido. El periodista de A Orden comenta a continuación que “el niño, a pesar de su extrema pobreza, tiene una apariencia sana, sin aspecto ni antecedentes nerviosos que permitan suponer que fuese una alucinación, además repetida. Es un niño apreciado en la freguesía, goza de la fama de decir la verdad”.

Termina el artículo explicando que la “Estrella del Cielo” era una oración muy popular en aquella región que se cantaba cuando había “alguna calamidad o guerra”. Sin embargo, hacía cuarenta años que nadie la usaba, por lo que el párroco opinaba que ya resultaba desconocida para la población. De ahí que los habitantes interpretaran que Severino había dialogado con la Virgen María.

Mientras aquello acontecía, cientos de kilómetros al sur, en el concejo de Vila Nova de Ourem, estaba a punto de suceder la primera aparición de Fátima.

El párroco de esta localidad terminó la “misa de almas” leyendo la súplica papal a la Virgen pronunciada la semana anterior en Roma y pidiendo a sus feligreses que rezaran el rosario por los soldados. Entre los asistentes a esta liturgia estaban los tres niños –Lucía, Jacinta y Francisco– que, horas después, protagonizarían su célebre conversación con una enigmática señora en Cova de Iria.

Las características de aquella charla discurrieron por senderos similares a los relatados por Severino: un relámpago antecedió al encuentro, la dama recomendó rezar el rosario a uno de los niños y manifestó su preocupación por la guerra. La diferencia es que en Fátima, la señora anunció su visita al lugar el día 13 de cada mes hasta octubre, momento en que revelaría a los pastorcillos lo que quería de ellos. La noticia de este encuentro comenzó a ir de boca en boca entre las gentes de Fátima. No obstante, todavía no debió de contar con demasiada repercusión ya que, hasta pasados quince días, el párroco no interrogó a Lucía, Francisco y Jacinta. De todos modos, tanto las apariciones de Barral como las de Fátima pasaron desapercibidas para el gran público. Los grandes diarios fijaban su atención en otro asunto sobrenatural. Los periódicos O Primeiro de Janeiro, Jornal de Noticias y A Liberdade, publicaron el siguiente anuncio: “La guerra y el espiritismo. Revelación sensacional. Recibimos hoy una postal cuyo texto pasamos a reproducir. Oporto, 11 de mayo de 1917. Sres. Redactores: Fue comunicado por los espíritus a diversos grupos espiritistas que en el día trece del corriente, ha de darse un hecho, al respecto de la guerra, que impresionará fuertemente a toda la gente. Tengo la honra de subscribirlo. Espírita y dedicado propagandista de la verdad. Antonio”.

Las premoniciones de marzo en Lisboa se habían extendido hasta alcanzar la otra gran metrópoli portuguesa.

El 13 de mayo había llegado y algunos periodistas se tomaron aquel vaticinio con ironía. Otros, como Guedes de Oliveira, estuvieron esa jornada muy atentos. Guedes comentó en O Primeiro de Janeiro: “lo único que me falta es el anunciado evento para que así se pueda crear una luz en mi espíritu”. Sin embargo, tal acontecimiento no hizo acto de presencia. Aunque algunos investigadores consideran que la fecha obtenida por los espíritas hacía una velada alusión a la primera aparición de Fátima. Pero, lo cierto es que esta visión mariana no difería de las ocurridas en Barral días atrás. Por otra parte, fueron las apariciones de Barral las que consiguieron resonar cada vez más lejos.

El día 17 de mayo, celebración de la Ascensión de Jesús, numerosos devotos se concentraron en el lugar donde Severino había conversado con aquella enigmática señora. El 1 de junio, los comentarios acerca de las visiones alcanzaron la gran urbe. Un abogado residente en Oporto, Sebastião de Vasconcelos, se interesó por el caso tras escucharlo de labios de sus parientes moradores en Ponte de Barca. Así que al día siguiente, Vasconcelos marchó al encuentro del joven Severino y lo entrevistó en el pueblo, constatando que el niño mantenía la versión de los hechos. Es más, la reiteración y rotundidad del pastorcillo no ofrecía fisura: “Si quieren creer que me crean. Si no quieren, que no crean. Yo cumplí con mi obligación, avisando como me mandaron”, aseveraba el muchacho.

A partir de aquí los acontecimientos se precipitaron, puesto que esos apuntes del abogado nutrieron el contenido de dos artículos editados el 9 de junio en los diarios de Oporto A Ordem y Liberdade. La influencia de estas publicaciones catapultó las apariciones del Barral a la máxima notoriedad.

Los diarios se agotaron el mismo día de su puesta a la venta, lo que obligó al periódico católico O Ordem a imprimir una separata adicional del artículo. A su vez, ese mismo 9 de junio, el obispo de Oporto se apresuró a conceder cien días de indulgencia a cuantos rezaran la oración “Estrella del Cielo”. Una antifonía que, desde ese instante, fue publicada en los periódicos católicos portugueses para procurarle la mayor difusión. Ello propició que Barral se convirtiera en destino de peregrinaciones multitudinarias. El 16 y 17 de junio, el diario A Ordem comentaba que “la devoción hacia el Tercio del Rosario ganó mucho con el caso de Barral” y acudían “peregrinaciones”.

Mientras, en Fátima, tuvo lugar la segunda aparición, el 13 de junio, con algo más de público: unas 50 personas.

En esta ocasión, la Virgen recomendó a todos rezar el rosario para favorecer el final de la guerra y prometió su regreso el mismo día del mes próximo. El párroco de la localidad al día siguiente interrogó a Lucía, Francisco y Jacinta.

No obstante, lo que iba a toda velocidad era la promoción de las visiones de Barral. El 28 de junio continuaba la campaña en favor de la “Estrella del Cielo”. O Ordem anunció a que había puesto a la venta una melodía para el himno. Y Sebastião de Vasconcelos, persuadido de las visiones de Severino, encargó imprimir una estampita siguiendo las indicaciones del vidente.

Una ilustración que incluía una imagen de la señora y el lema Regina pacis junto a súplicas por la paz dedicadas a la Virgen Santísima. El agitado caldo de cultivo mariano, alentado por los medios católicos y la Iglesia a su máximo nivel, cosechó una tercera aparición en otro rincón de Portugal. Durante ese mes de junio en Pardilhó, a unos 150 km de Fátima, varios testigos, al caer la noche, afirmaron ver la figura de una mujer en diferentes ocasiones. Una circunstancia que llevó a los habitantes a rezar el rosario, cantar himnos y mirar al cielo. A lo largo de dos meses, aquellas visiones se fueron repitiendo, sin una pauta concreta, hasta que un día terminaron los testimonios.

FÁTIMA GANA LA PARTIDA
El 13 de julio, Jacinta, Lucía y Francisco tuvieron su tercera visión en Fátima. Esta vez sí que hubo una amplia concurrencia y la noticia saltó a la prensa regional, aunque su popularidad no podía equipararse a las visiones de Severino. Durante semanas, los sucesos de Barral ocuparon tanto espacio en los periódicos de la época, locales y nacionales, que terminaron suscitando el interés de las autoridades eclesiásticas. El 22 de julio, el boletín oficioso de la diócesis de Braga, llamado Echos do Minho, anunciaba que dos días antes, “el Sr. Arzobispo de Braga nombró una comisión de respetados teólogos” para que visitara el lugar y recopilara datos de las visiones para abrir un proceso. A partir de ahí tomó el relevo mediático Fátima. El 13 agosto, las autoridades del concejo frustraron la que iba a ser cuarta aparición programada de la Virgen. Los niños fueron conducidos a un interrogatorio con el alcalde y no pudieron asistir a Cova de Iria. Esta ausencia no impidió que entre los miles de personas presentes en el enclave, muchos afirmaran haber contemplado a la Virgen. Con todo, Lucía, Jacinta y Francisco tuvieron el encuentro sobrenatural días después en el cercano lugar de Valinhos. Y para septiembre, Fátima se había convertido en una cuestión de estado con artículos en diarios nacionales e incluso menciones en el parlamento. La aparición del día 13 de ese mes fue acompañada de algunos prodigios en el cielo, según varios testimonios, aunque nada comparado con el célebre “baile del Sol” que decenas de pupilas observaron justo treinta días después. Un milagro que otorgaría fama universal a este santuario.

Para la aparición prevista el 13 de octubre, se imprimieron unas estampas donde podía verse a la Virgen en los cielos y los pastorcillos de Fátima debajo de ella, de rodillas, junto al lema “Estrella del Cielo – Una oración por la paz”, expresión procedente de las estampas fabricadas para las visiones de Barral. Hasta el año 1926, continuaron las peregrinaciones a Barral. Pero, poco a poco esta afluencia se vio eclipsada por los sucesos de Fátima. No fue hasta 1967, cuando la Cofradía de Santa Ana decidió erigir una capilla en el enclave de las apariciones dedicada a Nuestra Señora de la Paz, inaugurada el 15 de septiembre de 1969.

OTRAS APARICIONES SIMILARES
Hemos visto que hubo apariciones diferentes a las de Fátima y simultáneas en el tiempo. Pero, antes y después, ocurrieron otras que guardaron una gran semejanza con las visiones de Lucía, Jacinta y Francisco. Sin embargo, todas ellas fueron olvidadas. Una aparición que causó cierto revuelo acaeció en la localidad de Vila Ruiva. La fecha resulta difícil de establecer porque sólo se han conservado testimonios orales, pero se produciría entre 1899 y 1913. Tres niñas, Antónia da Conceição Lemos, Gloria de Jesus Laginhas y Beatris Pais caminaban por Penedrinhos rebuscando entre las espigas de la cosecha, cuando se les apareció la Virgen sobre una roca. Rondarían los 11 o 12 años, pero su experiencia sólo quedó en la memoria popular porque el párroco no aceptó el testimonio. El diario O Debate pareció aludir a este caso en septiembre de 1917 al tratar las visiones de Fátima. Sin embargo, el cronista situó los hechos de Vila Ruiva en 1913 y protagonizados por sólo “una pequeña de 12 años, semi-idiota y fanatizada por un jesuita que parroquiaba aquella freguesía”. Según añadía, aquella niña “fue escogida para el desempeño del papel principal. A tal punto elevaron su manía religiosa, que no fue difícil convencerla de que ‘Nuestra Señora’ se le aparecía dentro de una pequeña fraga. Millares de personas, muchas de ellas venidas de lejos, afluían diariamente al lugar para ver tan milagrosa aparición.”

Todavía permanecen en las rocas de la aparición abundantes cruces grabadas y, hasta hace unas décadas, algunos devotos prendían velas. El diario O Debate aseguraba que aquella “niña fanática, cuando llegaba la hora anunciada, se arrodillaba delante de las rocas, y asomándose por un pequeño orificio, comunicaba a la multitud que la Virgen estaba sonriéndola y llamándola para el cielo”. La escena se repitió durante algunas semanas, “atrayendo cada vez a un mayor número de creyentes”. Por fin, ya muchas otras personas afirmaron que también la veían”.

Una crónica parroquial del siglo XVIII recoge otra aparición mariana ue guardaba similitudes con Fátima.

De hecho, ocurrió incluso en el mismo día del mes, pero casi 160 años antes. Junto a San Andrés de Varzea, el 13 de mayo de 1757, tres niñas menores de 12 años estaban apacentando el ganado poco antes del crepúsculo. De pronto, “oyeron una voz cada una que les llamaba por su propio nombre”. Al girar la mirada, las niñas observaron a “una mujer postrada contra otros riscos más altos, de mediana estatura, y con la cara brillante y resplandeciente”. Cuando las pastorcillas se acercaron, la dama rezó el rosario con ellas y reprendió a la más mayor por hablar siempre del diablo. Después, “encomendó que fuesen al lugar y dijesen a todo el mundo que ayunasen a pan y agua los primeros viernes y sábados”. Tan bella señora les dijo que todos sabrían quién era si celebraban una romería hacia esas rocas durante nueve días seguidos. Informados en el pueblo del incidente, las gentes empezaron a acudir en masa al enclave y abundaron los que advirtieron la presencia de una inusitada luz tras la puesta de Sol. Aquel fulgor nocturno se mantuvo “hasta la víspera de la Ascensión de Nuestra Señora”. El párroco informó de lo acontecido, pero la jerarquía eclesiástica dejó el asunto en sus manos. Éste continuó haciendo pesquisas, y comprobando cómo seguían concentrándose en el enclave numerosos devotos mucho tiempo después. Finalmente, debemos trasladarnos a 1918 para toparnos con una aparición análoga a Fátima. Además, compartió la contemplación del controvertido baile del sol. Entre junio y julio corrió la noticia de que en la isla de San Miguel, en las Azores, una niña había visto a la Virgen. En la primera visión estuvieron presentes Maria Joana Soares Tavares do Canto  Maria Sofia, ambas de 8 años. La primera fue la única que dialogaba  con la dama y, a diferencia de otros casos, Maria Joana pertenecía a una familia acomodada. Aunque los hechos resultan algo confusos, parece que la conversación inicial ocurrió el 18 de junio y la Virgen pidió que las niñas marcharan hasta el Pico da Figueira, un monte próximo. A la mañana siguiente, anunció que en 18 días provocaría un acontecimiento espectacular y solicitó que rezaran con devoción para que acabase la guerra. El 5 de junio, la expectación en el Pico, al que renombraron Monte Santo, era máxima. Unas 12.000 personas se arremolinaron en la cima. Y, según relató un testigo, “el Sol comenzó a girar”, ante el asombro general. Muchos pudieron contemplar en su interior las figuras de la Virgen, Jesús, los ángeles y una iglesia. Las autoridades demostraron cierta prudencia e, incluso, algún sacerdote se mostró muy crítico, pero el tema se enfrió.

Sólo la muerte de Maria Joana en 1928 avivó la polémica al proponerse la edificación de una ermita. La variedad de casos demuestra dos cosas. La primera, que los sucesos de Fátima hay que interpretarlos en la secuencia de acontecimientos marianos y sobrenaturales que tuvieron lugar en un momento agitado de la historia de Portugal. Y la segunda, que el éxito o la marginación de una aparición a menudo depende de un acto casi administrativo y un contexto favorable. Algunas de las visiones contenían características canónicas que nada tenían que envidiar a las de Fátima y la falta de voluntad eclesiástica y política las hizo caer en el olvido. Dos ingredientes que no faltaron en este caso, donde la restauración de la diócesis de Leiria y la caída de la I República, favorecieron la implantación del santuario de Fátima hasta transfigurarlo en el polo católico para recristianizar a un país en los años veinte. 

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