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Perdidos

Martes 11 de Abril, 2017
En el último siglo, investigaciones científicas que habrían cambiado los paradigmas establecidos, se han visto ensombrecidas por el repentino fallecimiento o desaparición en extrañas circunstancias de los científicos que las lideraban. ¿Acaso hay accidentes cuyo fin es frenar estas investigaciones? En el presente artículo desvelaremos algunas claves del desarrollo de algunos de estos acontecimientos.
Claudia Madrid Moctezuma

Tras el crimen llega el encubrimiento. Hemos visto la manipulación de pruebas a escala industrial, y evidentemente esto tiene que parar. No es un accidente, es un crimen”, afirmaba con rotundidad Tony Abbot, primer ministro de Australia, en relación al accidente aéreo ocurrido en Ucrania el 17 de julio de 2014 que costó la vida de 198 personas. Se dijo que un misil lanzado por militares ucranianos había derribado el aparato, sin embargo, el propio portavoz del Consejo de Seguridad de Ucrania, Andriy Lysenko, negaba tales acusaciones. Entre las víctimas había un grupo de científicos cuyos experimentos parecían muy próximos a una cura contra el SIDA.

Pese a diversas declaraciones posteriores que apuntaban lo contrario, lo ocurrido “oficialmente” aquel 17 de julio de 2014 fue el derribo por parte de un misil ucraniano de un avión de la compañía aérea Malaysia Airlines con casi 200 personas a bordo, de entre las cuales había “un grupo de investigadores que iban a participar en la XX Conferencia Internacional sobre el SIDA en Australia. Entre ellos se encontraba Joep Lange, el ex presidente de la Sociedad Internacional del SIDA y ex director del Departamento de Salud Global de la Universidad de Ámsterdam. 

Pasó más de tres décadas buscando una cura y era conocido por defender un acceso barato a los tratamientos en los países pobres”, explicaba entonces el diario La Vanguardia. Según Trevor Stratton, especialista canadiense en el VIH, estos científicos fallecidos estaban a punto de crear una vacuna, por lo que la cura del SIDA pudo haberse perdido en aquel avión. Las investigaciones de Lange habrían sido vitales para millones de personas en el mundo, pero no muy convenientes para la industria farmacéutica. Poco más de una década atrás de este fatídico accidente, hubo otro en similares circunstancias. El 4 de octubre de 2001, un avión Tu-154 ruso de Siberia Airlines que cubría la ruta entre Tel Aviv y Novosibirsk (Siberia) con 78 pasajeros, fue derribado por un misil ucraniano. A bordo iban 5 microbiólogos israelíes. Llama la atención que en la ciudad rusa de Novosibirsk, se encuentre el Centro Estatal de Virología Biotecnología VECTOR, que fue involucrado en algunos programas de defensa biológica de la antigua Unión Soviética. En la actualidad, está especializado en la investigación de infecciones virales. Hay quienes ven en el uso de armas biológicas una forma eficiente, letal y discreta de llevar a cabo la eugenesia o selección de la población según ciertas características físicas. ¿Podría ser la razón de estas misteriosas desapariciones y muertes?

EL ENEMIGO INVISIBLE
Precisamente, y respecto a estos fallecimientos de científicos que dejan ciertos interrogantes en el aire, hemos de recordar lo ocurrido el 16 de noviembre de 2001, cuando fue hallado el cuerpo sin vida de Don Craig Wiley, doctor en biofísica por la Universidad de Harvard y uno de los científicos más influyentes de su generación, especialmente por su labor en tratamientos contra el SIDA, la viruela y el ébola. Fue encontrado en el río Mississippi a 300 millas de donde estaba su coche, en un puente a las afueras de Memphis (EEUU). Tres días antes, Benito Que, biólogo celular de la Facultad de Medicina de la Universidad Miami, dejaba precipitadamente su laboratorio tras recibir una llamada telefónica. Horas después era hallado en estado de coma en el aparcamiento de la facultad. La versión policial apunta a que murió por un paro cardiaco, sin embargo, la familia dijo que fue atacado por cuatro hombres que le golpearon con un bate de béisbol. Posteriormente, los familiares cambiaron la versión afirmando que su muerte se debió a “causas naturales”.

Asimismo, el biólogo ruso Vladimir Artemovich Pasechnik, fue encontrado muerto en su casa de Reino Unido diez días después de haberse reunido con Wiley en Boston para hablar sobre la secuenciación del ADN, un tema de investigación común a estos tres científicos además de su conocimiento en el área de las armas biológicas. La trayectoria científica de Pasechnik resulta novelesca, especialmente a partir de los 37 años, cuando gracias al apoyo de un general del Ministerio de Defensa ruso, comenzó a dirigir un instituto de biotecnología en Leningrado con un presupuesto ilimitado. Le hicieron creer que dirigiría un proyecto encaminado al desarrollo de vacunas, cuando en realidad, comenzó a formar parte de Biopreparat, una amplia red de laboratorios secretos cada uno de los cuáles se especializaría en un agente mortal distinto –ébola, viruela, peste bubónica, ántrax, etc.– que sería utilizado en contiendas militares. Años después, Pasechnik llevó a cabo, muy a su pesar investigaciones como el uso de misiles de crucero para difundir la peste. El equipo que dirigía consiguió producir una versión en aerosol del microbio de la peste que podía sobrevivir fuera de un laboratorio y ser resistente a los antibióticos. Al parecer, los tres anteriores científicos ignoraban que formaban parte de un plan cuya finalidad era crear un arma biológica para tipos específicos de individuos según su raza, y posteriormente, hacer llegar a éstos a través de un sofisticado armamento militar, virus modificados genéticamente lo bastante resistentes como para cumplir su objetivo final: matar. Pero, ¿acaso se trataba de un plan gestado únicamente desde los altos estamentos militares o había otras instancias detrás?

ARMAS GENÉTICAS
“Los sistemas de información se convertirán en un importante foco de ataque, sobre todo, para los enemigos de los EEUU que buscan resquebrajar las fuerzas estadounidenses. Y las formas avanzadas de guerra biológica que puedan derivar en genotipos específicos, pueden transformar la guerra biológica del reino de terror en una herramienta políticamente útil”, es uno de los acontecimientos previstos en Rebuilding America’s Defenses, un documento elaborado por el “Proyecto para el Nuevo Siglo Americano”, grupo ideológico de estrategas neoconservadores creado en 1997 para mantener la supremacía mundial norteamericana. Casi todos sus miembros son sionistas de derechas que apoyaban al que fuera líder del Partido Likud, Ariel Sharon.

No es de extrañar por ello que esta “previsión” descrita en líneas anteriores, coincida con lo que investigadores judíos llevaron a cabo un año después de la fundación de este grupo. “Israel tiene planes para la creación de un arma biológica diseñada para eliminar sólo a cierto tipo de árabes”, rezaba un titular del diario británico The Sunday Times en su edición del 15 de noviembre de 1998. Según este semanario británico, científicos israelíes estaban fabricando un arma que denominaron “bomba étnica” que funcionaría a través de un sistema de identificación genética, para así crear microorganismos letales que afectasen sólo a quienes fueran árabes. Los virus serían difundidos en el aire o en los sistemas de agua potable. Esta arma era similar a la aplicada años antes por científicos sudafricanos durante el apartheid, a través de la cual se atacaba sólo a personas negras. De la misma forma, y quizá en respuesta a esta estrategia bélica, en Corea del Norte, el microbiólogo Ri Chae Woo desarrolló armas biológicas que sólo afectaban a individuos de raza blanca en su laboratorio de Chiha-ri Chemical Corporation, en Anbyon, una de las dos empresas de almacenamiento de armas químicas del país. En septiembre de 2003, él y su familia fueron detenidos al salir del país y tratar de entrar al Consulado de Australia en Cantón, China. Desde su detención por parte del gobierno chino, no se ha vuelto a saber más de Woo.

TECNOLOGÍA Y OVNIS
Casos extraños de muertes y desapariciones de científicos implicados en la investigación OVNI encontramos también en los anales de la ufología. Quizá porque se trata de un tema con implicaciones militares y de seguridad nacional, donde se ha tratado de llevar una política de ocultación, manipulación y desprestigio. Recordemos, por ejemplo, a esos extraños Hombres de Negro que, en ocasiones, han visitado a investigadores ufológicos que se han adentrado más de la cuenta en un terreno inexplorado. Al margen de las consabidas ideas conspiranoicas, hay incidentes que demuestran fehacientemente que hay algo oscuro tras determinadas muertes en torno a esta cuestión. A este respecto, un caso oportuno de citar es el protagonizado por el astrónomo y ufólogo Morris K. Jessup. Todo comenzó cuando Darrel L. Ritter, Mayor estadounidense, recibía a mediados de 1955 en la Oficina de Investigaciones Navales –ONR–, un paquete dirigido al Almirante Frederick N. Furth. Al abrirlo, vio que se trataba de un ejemplar de The Case for the UFOs (1954), de Morris K. Jessup, plagado de notas con mala ortografía, pero con un contenido tan peculiar como sorprendente. “Teoría del campo Unificado de Einstein a través de todas las materias y en todo el conjunto del Universo intergaláctico (…) La Marina de los Estados Unidos experimenta con campos de fuerza. 1943 OCT. Producen invisibilidad de la tripulación y el buque con resultados temibles”, eran algunas de éstas. Ritter mostró el extraño envío al comandante George W. Hoover, y al capitán Sidney Sherby. Un año y medio después, estos militares invitaron a Jessup hasta las dependencias de la ONR para que les dijera si sabía quién podía ser el autor de semejantes escritos. Él se sorprendió al ver que quien realizó aquellos garabatos tenía amplios conocimientos de los mitos ufológicos y extraterrestres. Les habló de Carlos Allende, un singular personaje que le envió varias misivas con un lenguaje y contenido muy similar. Abordaba cuestiones relacionadas con la levitación, la teleportación y hasta la invisibilidad. Según sus palabras, habría sido testigo de un experimento realizado por miembros de la Marina de los EEUU en el que se habría aplicado la Teoría de Campos Unificados de Albert Einstein. Denominada “Experimento Filadelfia”, esta investigación habría sido dirigida por el Dr. Franklin Reno e intentaría demostrar la interrelación entre las fuerzas de la radiación electromagnética y la gravedad. Allende aseguraba haber sido testigo de la desaparición y reaparición del Eldridge, el barco de la Marina objeto de dicho experimento, mientras trabajaba en un barco mercante que se encontraba cerca, dando detalles como nombres y alusiones a periódicos de la época que supuestamente se hicieron eco de la desmaterialización de uno de los marineros del Eldridge. No contento con todos estos detalles, Jessup pidió más información a Allende, pero éste le respondió que podría dársela a través de la hipnosis. Entonces Jessup decidió cesar la correspondencia. No obstante, Jessup parecía muy interesado en el contenido de las cartas de Allende, pues para él, la clave de la propulsión de las naves extraterrestres estaba en el funcionamiento del campo unificado.

El 20 de abril de 1959, Jessup quedó para cenar con J. Manson Valentine, arqueólogo y amigo suyo desde hacía varios años. Pero Jessup nunca llegó a la cita. Más tarde se encontraría su cuerpo sin vida dentro de su camioneta, víctima de envenenamiento por monóxido de carbono. La causa oficial de su muerte fue el suicidio. Sin embargo, quienes le conocían no creyeron esta versión. Lo cierto es que los documentos que obraban en su poder desaparecieron. Como bien señala Rubén Castro en su obra OVNIS, secretos que matan (1997), “políticos, científicos, militares y civiles, involucrados en sucesos con discos voladores, han fallecido o desaparecido bajo misteriosas circunstancias; los expedientes que detallan los hechos permanecen archivados al más alto nivel de seguridad. Sin embargo, la incontable cantidad de incidentes ovnísticos acumulados en la última década ha ocasionado que el control se les escape de las manos a los responsables de mantener este secreto (…) Muchos especialistas se encuentran dedicados a ello, no obstante, cuando logre resolverse el enigma no va a divulgarse de inmediato por el mundo, debido a que la investigación converge con aspectos estratégicos prioritarios”.

Por consiguiente, siempre se mantendrán las dudas respecto al tema que hemos abordado en el presente reportaje. Unos, los más escépticos, negarán que dichas muertes escondan algún misterio por resolver, mientras que otros, los más conspiranoicos, mantendrán una postura contraria, argumentando que estos fallecimiento  son totalmente deliberados y responden a una consigna mundial establecida por una especie de gobierno en la sombra que tiene como fin callar bocas y vigilar ciertas investigaciones en materias consideradas altamente secretas como para ser conocidas por el ciudadano de a pie; y, a su vez, mantener bajo control determinados avances científicos y tecnológicos, cuya puesta en marcha podrían demoler el sistema establecido, con todo lo que ello conlleva.

Obviamente, nunca podremos averiguar la realidad de todo ello, pero sí seguir las pistas oportunas y atar cabos cuando ya son demasiadas las muertes de tan similares características

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