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Refugios nazis e islas malditas

Martes 24 de Abril, 2018
Sorprenden todavía la cantidad de búnkers e infrastructuras nazis que todavía se descubren en los lugares más insólitos. Muchos de ellos son islas que quedaron desoladas por la maldición cuando los nacionalsocialistas las abandonaron.

La presencia nazi en el Viejo Continente, y también en sus islas, sigue dando que hablar tantas décadas después. El 25 de octubre de 2017, La Vanguardia se hacía eco de una curiosa noticia: “Un búnker nazi en el Canal de la Mancha por sólo 170.000 euros”. La misma hacía referencia a que una inmobiliaria, Swoffers, había puesto a la venta una instalación construida por los alemanes durante la conflagración en el municipio de Torteval, en Guernsey, una de las islas del Canal de la Mancha que, junto con Jersey, Alderney, Sark y Herm fueron la única porción de suelo británico ocupado por las tropas de Hitler como paso previo a la invasión de Inglaterra que finalmente se frustró.

Islas por las que hoy circulan multitud de leyendas e historias extrañas de los tiempos de la ocupación. Aquellos trozos de tierra británica que un día pertenecieron a los franceses y que cautivaron a Víctor Hugo, tras ser ocupados por el yugo nazi permanecieron con la etiqueta de “malditos” durante muchos años: en la isla de Alderney, cuando la Wehrmacht amenazaba con la invasión, la población entera fue evacuada de sus casas. La isla fue liberada el 16 de mayo de 1945 pero los habitantes, que habían perdido sus hogares y posesiones durante seis largos años no pudieron regresar hasta diciembre.

Aquello era campo abonado para la historia apócrifa y los rumores, máxime cuando se descubrió que en la misma los nazis habían levantado un campo de concentración –Lager Sylt–, búnkeres y otras construcciones, al igual que el que ahora se vende en la vecina isla de Guernsey.

Lugares donde tuvieron lugar hechos terribles: ejecuciones, torturas… que parecen haber dejado el dolor impregnado en sus muros. En uno de los habitáculos del búnker en venta se puede leer una frase en alemán que pone los pelos de punta: “¡Cuidado, el enemigo escucha!”.

Asimismo, en marzo de 2015 el diario argentino Clarín revelaba que un grupo de arqueólogos, comandado por Daniel Schávelzon, director del Centro de Arqueología Urbana (CUA) de la Universidad de Buenos Aires, había descubierto en plena selva, en el parque Teyú Cuaré, en la provincia de Misiones, un refugio de antiguos jerarcas nazis, confirmando viejos rumores. Allí, ocultos cual cápsulas del tiempo por la vegetación, aparecieron al menos tres edificios de sólidos muros, algunos de más de tres metros de espesor, trazas de lo que pudo haber sido un gran búnker preparado para ser habitado.

Según declaró Schávelzon: “Aparentemente, a mitad de la Segunda Guerra Mundial (…) la aeronáutica nazi generó un proyecto secreto de construcción de refugios para que los más altos jerarcas nazis pudieran esconderse tras una derrota, sitios inaccesibles, en medio del desierto, en una montaña, en un acantilado –y también en islas–, o en el medio de una selva como esta (…). Este sitio además tiene la virtud de que permite estar en Paraguay en menos de diez minutos. Es un sitio defendible, un sitio protegido, un sitio inaccesible, un sitio donde vivir tranquilos, un sitio de refugio”. Casi con seguridad para la elite nazi, como demuestra el hallazgo de distintos objetos del Tercer Reich y monedas de regímenes afines entre los restos.

Los hallazgos de este tipo no dejan de sorprender. En febrero de 2016, investigadores rusos descubrían también una base secreta de los nazis en el Ártico, precisamente ¡en un archipiélago de islas! cerca del Polo Norte. La base fue hallada en el archipiélago de Fridtjof Nansen y tenía el enigmático nombre de Schatzgraber –“Cazador de Tesoros”–. Según los responsables del descubrimiento, fue construida en 1942 por orden directa de Hitler tras la invasión de Rusia, y parece que su finalidad era la de realizar investigaciones climatológicas entonces ultrasecretas.

En el lugar, un archipiélago con 191 islas cubiertas de hielo tan al norte que parece increíble que hace más de 70 años se construyera allí una base científica, los rusos han encontrado unas 500 reliquias y objetos de valor de uso militar, así como documentos, envases de combustible e instrumentos de laboratorio. Parece que, debido a que los alemanes estaban perdiendo la guerra y a la escasez de suministros, los científicos tuvieron que abandonar apresuradamente el lugar en 1944.

El hecho de que en 1939 los nazis llevaran a cabo una misión secreta en la Antártida, con fines exclusivamente científicos –conocido con el nombre en clave “Nueva Suabia”–, dio pábulo a historias de todo tipo.  Quizá la más delirante entre las teorías de la conspiración atribuidas a los señores de la esvástica, habla de una base secreta –en este caso en el Polo Sur– para desarrollar naves espaciales, lo que se entremezcla y confunde con el fenómeno OVNI, el Proyecto High Jump e incluso la supervivencia de Hitler, que habría llegado en un submarino a una base naval en Mar de la Plata dos meses después de finalizar la Segunda Guerra Mundial, con el objetivo de alcanzar la base secreta que el Tercer Reich tenía en la Antártida. Más misterios nazis que añadir a la extensa lista de preguntas sin respuesta que dejaron tras su “extinción”. Una encrucijada donde el mito, en ocasiones delirante, se confunde con la realidad.

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