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¿Regresa el rayo de Moscú?

Lunes 10 de Septiembre, 2018
Las relaciones entre los Estados Unidos y la isla caribeña de Cuba no pasan por un buen momento a raíz del fenómeno acústico experimentado por los diplomáticos en Cuba que afecta gravemente a su salud.

Doce diplomáticos canadienses y estadounidenses que trabajan en La Habana (Cuba) fueron dados de baja en el servicio en diciembre de 2016, tras sufrir náuseas, dolor de oído, pérdida de audición así como vértigo y hemorragias nasales. Algunos presentaban problemas para caminar.

Los médicos que los examinaron dijeron que era como “una conmoción cerebral” sin que –de facto– existiera lesión cerebral alguna. Los síntomas aparecían después de que los trabajadores de estas embajadas y sus familias estuvieran expuestos a fuertes y misteriosos sonidos –una especie de zumbido parecido al de las cigarras– que llevaron a los investigadores de Miami que les examinaron a sospechar que se trataba de “ataques sónicos”.

El gobierno decidió entonces retirar a buena parte de sus diplomáticos de la isla caribeña y expulsar, poco después, a quince funcionarios de la legación cubana en Washington.

La medida estaba justificada por lo sucedido 65 años atrás, en mayo de 1953, cuando unos equipos recién instalados en la embajada de los Estados Unidos en Cuba, detectaron en horarios determinados –a veces durante ocho horas–, una frecuencia de microondas que oscilaba en los pisos superiores… y tras la exposición de los trabajadores, empezaron a manifestar síntomas equivalentes a los de ahora.

La situación se prolongaría varios años, hasta la puesta en marcha del denominado Estudio viral de Moscú, una operación en la que los científicos buscaron la posible exposición a una cepa desconocida de un potente virus.

“El estudio era una cortina de humo –nos confiesa el periodista Enrique Figueredo– en realidad, estudiaban los efectos de las radiaciones de microondas en seres humanos. Llegaron a la conclusión de que los soviéticos estaban ‘bombardeando’ la embajada con microondas de muy bajo nivel”.

Lo llamaron La señal de Moscú. Según un informe de la CIA filtrado por Wikileaks, las radiaciones estaban en la gama de frecuencias de 0.5-9.0 Gigahertz. La inteligencia estadounidense supuso entonces que los soviéticos intentaban con esta radiación influir en el comportamiento o el estado de ánimo de los diplomáticos para modificar sus conductas y producir errores humanos.

El gobierno colocó entonces láminas de aluminio en las ventanas y “casualmente” la señal desapareció. En el año 2017, después de ocho meses de análisis, la investigación del FBI descartó su hipótesis inicial de que los diplomáticos fueran el blanco de algún tipo de ataque sónico aunque, eso sí, subrayaron la extraña coincidencia de que los cuatro primeros afectados resultaron ser oficiales de la CIA que estaban trabajando bajo cobertura diplomática.

El doctor Charles Rosenfarb, director médico del Departamento de Estado, ha declarado que no se puede excluir ninguna causa porque “los hallazgos sugieren que no fue un episodio de histeria colectiva”.

Lo demuestra el comunicado emitido en abril de este año por el Gobierno de Canadá, que ha decidido retirar a los familiares de sus diplomáticos en La Habana mientras investiga los síntomas y las lesiones cerebrales derivadas de los “ataques sónicos”.

La decisión –precisa la nota– no responde a nuevos incidentes sino a que los familiares que regresaron a Canadá notaron que disminuían los síntomas hasta que volvieron a presentarse a la embajada en Cuba. Un mes antes, en marzo de 2018, un grupo de científicos de la Universidad de Michigan difundió que podrían tener la solución al misterio de los supuestos “ataques sónicos”.

Según los resultados de su estudio, obtenidos con ingeniería inversa, podrían ser un efecto secundario accidental de un intento de espionaje. Según ha declarado Wenyuan Xu, autor del informe:

“Un mal funcionamiento del dispositivo que se suponía iba a robar información o espiar conversaciones con una transmisión ultrasónica” podría ser el causante. En su opinión esta hipótesis “parece más plausible que una arma sónica”.

El Departamento de Estado ha anunciado que entrará en vigor un “nuevo plan permanente de personal” para que la embajada estadounidense en Cuba funcione únicamente con “el mínimo personal necesario”.

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