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Samsara, rueda de la vida, mapa del nirvana

Miércoles 13 de Febrero, 2019
Analizamos uno a uno los elementos de la rueda de la vida, un símbolo en muchas culturas orientales donde vida y muerte son un todo.

Una de las leyes herméticas o de mentalismo es la de la polaridad y reza lo siguiente: “todo tiene su polo opuesto, todo es doble. La ley del dos”.

No se puede hablar de la vida sin la muerte. Y la realidad es que más allá de la muerte física, a lo largo de nuestra vida, tenemos multitud de muertes simbólicas. Toda muerte está precedida por la vida, y a la inversa. 

Samsara es la rueda del ciclo de la vida, y significa “vagabundear por el sufrimiento”, de esta rueda sólo se sale cuando se llega a la iluminación, muchas veces conocida como nirvana budista. Samsara es un ciclo de nacimiento, vida, muerte y encarnación.

El estudio del samsara, esta rueda de la vida, es decir, de su representación, puede ayudar “a entender un poco más el mecanismo de nuestras mentes y en qué estado nos encontramos”, dice Montse Osuna en su libro “Las virtudes mágicas de los 7 colores” (Luciérnaga).

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La rueda del Samsara puede considerarse como un mapa. Seguir sus indicaciones puede llevar a la iluminación y muchos otros estados de bienestar. Este mapa, cuenta la leyenda budista, fue mandado pintar por el mismo Buda a la entrada de todos los templos para que un monje encargado se dedicara a explicar el simbolismo y la importancia de esta rueda.

Lo primero a destacar es el Yama, una figura monstruosa que sujeta esa gran rueda. Es el señor de la muerte y del tiempo, y muestra lo esclavizados que están los humanos en esa rueda. Aunque más allá incluso de eso, lo que muestra es un espejo en el que se refleja todo humano, cuya desdicha es siempre proyectarse al futuro en pos de cosas ilusorias. Cuando una persona muere, Yama le muestra este espejo para que se juzgue a sí misma y sus actos. Por eso cada acto es importante, nos enseña la rueda, cada acto requiere de consciencia.

En el centro de la rueda podemos ver lo que es denominado como los tres venenos. Están representados por tres animales: el cerdo, la serpiente y el gallo/paloma. Son la representación de 3 estados mentales negativos, esos estados que nos atan a este ciclo de vida y muerte.

– El cerdo habla de estupidez y de ignorancia, la cual no permite avanzar.
– La serpiente habla de emociones de odio e ira, una maldad que la gente proyecta sobre los demás y sobre sí.
– El gallo habla de deseo y de envidia, la sed de tener apropiarse de cosas.

De la boca del cerdo surgen los otros dos porque de estos tres estados mentales negativos, ese es el peor, es el estado del que nacen los otros dos, la ignorancia nos ciega. En otras imágenes estos tres animales aparecen mordiendo la cola del siguiente, formando un bucle.

Lo siguiente que podemos ver en la representación del Samsara es la llamada dualidad y los estados intermedios. Es un círculo con dos mitades: una blanca y una negra. En la parte blanca vemos diversos seres bellos que evolucionan por haber llevado a cabo acciones virtuosas, poco a poco se ausentan del sufrimiento. El semicírculo negro habla de lo contrario, de la caída.

A continuación hay una esfera que nos habla de los seis reinos de existencia. Cada uno es un nivel de existencial relacionado a nuestras acciones y nuestro karma. Cada uno de ellos nos habla entre otras cosas de un estado mental.

El primero es el infierno, el submundo, marcado por la ira, el sufrimiento y el rencor. Como vemos, está repleto de fuego y hielo, dos polos opuestos, pero ambos queman.

El segundo es el reino de los espíritus ávidos o hambrientos, marcado por la posesión, la avaricia y la ansiedad. Es un reino donde el deseo desmedido es adictivo y consumista.

El tercero es el reino animal, marcado por la estupidez, la pereza y el prejuicio. En el ciclo de encarnaciones uno puede encarnarse en animal, según el budismo, si su karma no es el mejor de todos.

El cuarto es el reino de los humanos, donde se dan el deseo, el apego, la pasión y la duda típicamente humanas. Es el reino más importante porque permite al ser humano iluminarse. Es el único reino que da esa oportunidad.

El quinto es el reino de los semidioses, los asuras y los titanes, marcado por el celo y la envidia. Los que lo habitan son guerreros con poderes y viven bien, pero por encima de todo desean ser dioses. A pesar de que su estado es bueno, su envidia no les permite disfrutarlo.

El sexto y último reino es el de los dioses, los cielos y los devas, donde el orgullo y la felicidad están presentes. Lo habitan seres luminosos que viven en una infinita fuente de placer. No obstante, es una felicidad ilusoria si no logran hacer una buena gestión de todo cuanto tienen.

Finalmente, la última esfera de la rueda de la vida es un anillo exterior que muestra doce vínculos, en ellos se habla de la causa y del efecto, que es lo que encadena a cada uno de los anteriores reinos. Todos ellos hablan de acciones que producen karma e impiden salir del samsara. Expuestos brevemente serían los siguientes, cada uno con un simbolismo concreto en el que no nos adentraremos aquí:

Un hombre ciego que va con bastón; un alfarero que da forma al barro; un mono recogiendo frutas dando saltos a un árbol; un barquero que transporta a gente por un río; una casa con seis ventanas de la percepción; una pareja que se abraza; un hombre con una flecha en el ojo; un hombre que bebe; un mono que se agarra un árbol frutal; una mujer embarazada; una mujer dando a luz; y un hombre cargando un cadáver a sus espaldas.

Todo esto se analiza con mayor profundidad y consciencia el libro de Montse Osuna, "Las virtudes mágicas de los siete colores", una pieza excelente para entender mejor cómo somos a través de los colores, algo básico y fundamental en nuestras vida, cargados de energía y particularidades que hacen que cada uno sea especial para cada cosa.

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