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El templo de los cruzados

Viernes 24 de Agosto, 2018
Sus muros guardan el mensaje secreto de los gremios constructores, fueron escenario de olvidadas ceremonias de iniciación y están marcados por leyendas fantasmales. Este mes ponemos rumbo a Segovia para adentrarnos en un templo marcado por el enigma y misterio: la iglesia templaria de la Vera Cruz. Francisco Contreras Gil.

Al norte de la localidad de Segovia, muy cerca del Convento de San Juan de la Cruz, alejada de todo, y rodeada por tumbas antropomorfas excavadas en la roca, se alza una iglesia, joya del románico e icono de la arquitectura mágico-sagrada de nuestro país, señalada por la leyenda y el misterio. Todo en ella rezuma secretos por descifrar.

Empezando por quiénes fueron sus constructores. Oficialmente es atribuida a la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén, de quien dependió como encomienda, vinculada a la zamorana Colegiata de Toro. Algo que parece avalar una lápida existente en uno de sus muros donde podemos leer que “Los fundadores de este templo sean colocados en la sede celestial, y los que se extraviaron les acompañen en la misa. Dedicación de la Iglesia del Santo Sepulcro. En los Idus de abril, era de 1246”.

La historia continúa en el siglo XVI, cuando, tras la unificación de la Orden del Santo Sepulcro con la Orden de San Juan de Jerusalén, pasó a depender de la Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas Malta, que en la actualidad sigue conservando y custodiando el templo.

Pero lo cierto es que, en su originaria edificación parece estar escondida la mano de los templarios. Por un lado, tal y como muestra un documento existente del Papa Honorio III, del siglo XIII, en el cual se indica el envío a lo mismos de la reliquia del Lignum Crucis al santuario. Y por otro lado, por el peculiar diseño arquitectónico, similar a la encomienda templaria de Tomar en Portugal, y a las iglesias de Eunate y Torres del Río, en Navarra. Un estilo y forma constructiva asociada al Temple, que tiene sus precedentes en los Martiryum, santuarios dedicados a evocar la muerte y resurrección de Cristo.

EL MISTERIO DEL NÚMERO Y LA PIEDRA

Desde su ubicación a la orientación, cada una de sus piedras esconde una razón de ser. Erigida en el siglo XII, de estilo románico, tiene planta dodecagonal –con doce ángulos y doce lados–, en torno a un edículo central de dos alturas, con cuatro ábsides y cuadrada torre. Un diseño que ya alberga la simbología mágica del número doce, alusión a las doce tribus israelitas, los doce apóstoles, las doce puertas de la Jerusalén Celestial, los doce signos del Zodíaco, los 24 ancianos-reyes-músicos de muchas portadas románicas…

Cuenta con dos puertas de entrada, a uno y otro lado, de grandes dimensiones, dando mayor amplitud y perspectiva a la nave central. La principal, ubicada al oeste, con orientación solar coincidiendo con el eje del ábside central. La segunda se encuentra orientada al sur, de arco de medio punto, sin tímpano y en la que aparece un relieve con las santas mujeres y un ángel en el sepulcro vacío, haciendo nuevamente referencia a la muerte y resurrección.

La torre es de planta cuadrada, albergaba cuatro cuerpos, con dos ventanas a cada lado con arcos de medio punto. A los pies de la misma, la Capilla del Lignum Crucis, y en ella la hornacina donde se guardaba la reliquia de la cruz –hasta su traslado a la iglesia de Zamarramala–, con los escudos de los Comendados de la Orden del Santo Sepulcro, tallado en la piedra. Pero es en el edículo, alrededor del que gira la iglesia, donde el misterio cobra forma.

Está formado por dos pisos y se une a los muros mediante arcos fajones que soportan la bóveda de medio cañón. Accederemos al mismo por una escalera doble bajo la cual se abre la escalera al piso inferior, enfrentado con la puerta principal, con cuatro accesos de arcos apuntados orientados a los puntos cardinales.

En la planta superior hay unas puertas que conducen a unas pequeñas salas, está coronada con una cúpula califal, y en ella hallaremos un altar con decoración mudéjar. La estancia inferior tiene forma de cripta, de cueva, con una particular resonancia, y está orientada con el eje del templo.

CEREMONIAS INICIÁTICAS Y FANTASMAS

Sin saberlo, el viajero-buscador del siglo XXI, cuando recorra el templo y acceda al edículo, realizará el mismo ritual, ceremonia de iniciación de muerte y resurrección simbólica, que hacían los caballeros medievales. Subirá una escalera iniciática que corresponde a los tres grados de la iniciación –aprendiz, compañero y maestro–, el tránsito hermético por los tres mundos –tierra, atmósfera y cielo–, y tres estados –cuerpo, alma y espíritu–.

Pero el viajero no solamente encontrará la arquitectura mágico-sagrada y el enigma de las órdenes caballerescas entre sus muros. No son pocos los que afirman haberse topado con la figura espectral de un caballero deambulando por el santuario. Y es que, según cuenta la leyenda, en la iglesia habita el espíritu de un cruzado que tras su muerte sus hermanos dejaron abandonado, siendo picoteado por los cuervos.

La tradición afirma que a la mañana siguiente, ante el hallazgo del cuerpo, el prior maldijo a las aves, que desde entonces nadie ha vuelto a ver en la zona, y que el alma del caballero quedó atrapada para la eternidad en el templo mostrándose a aquellos que no fueran puros de corazón, pidiendo justicia y descanso eterno.

Un enclave, el de La Vera Cruz, cargado de secretos, que guarda la atmósfera y energía medievales, como descubrirán si acuden a las celebraciones que los Caballeros de la Orden de Malta siguen realizando, desfilando con negros hábitos en la procesión del Cristo Yacente y del Lignum Crucis.

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