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Tesoros malditos aún por descubrir

Jueves, Mayo 31, 2018 - 11:05
Cuevas subacuáticas, minas perdidas, reinos míticos… son muchos los enclaves relacionados a tesoros ocultos marcados por la sombra de una terrible maldición. Del oro Inca a la mina del Holandés Errante, pasando por otras riquezas esquivas y peligrosas. Por Óscar Herradón.
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Tesoros y maldiciones

Complicados códigos, claves matemáticas, pistas en mapas y en lápidas perdidas… Codiciados desde tiempos inmemoriales, los tesoros, en su gran diversidad, han sido una constante histórica en el anhelo del hombre por hacerse con un nivel insuperable de riqueza y poder.

Muchos fueron reales, aunque esquivos; otros forman parte del universo siempre cambiante de la leyenda, aderezada con los más variados elementos por distintos pueblos; un buen número de ellos son simples leyendas urbanas de estos tiempos virtuales de RRSS y medias verdades que circulan por la Red y que dificultan aún más la tarea de dar con el paradero de los auténticos, aprovechando el poderoso influjo que ejercen sobre la imaginación de soñadores y aventureros codiciosos.

En la actualidad existen incluso APPs para aquellos que, guiados por el espíritu romántico de Robert Louis Stevenson, quieran hallar su propio botín, sea en una isla, en un desierto, en la playa o en los parques de su propia ciudad. Hay programas de televisión dedicados a la búsqueda de oro con legión de seguidores y sólo en relación a los botines clásicos que reclamaban corsarios y bucaneros; ni qué decir tiene si incluimos en la extensa lista los objetos de poder, ciudades míticas e incluso las reliquias perdidas de distintas religiones. Si a ello añadimos las falsificaciones, la crónica sería inacabable. Muchos, eso sí, están marcados por una larga sombra que los ha convertido en detonantes de las más variadas tragedias.

Tesoros malditos que aún están por descubrir y se siguen buscando con ahínco en los rincones más insospechados. Como muestra una percha muy reciente: en octubre de 2016 era rescatado un francés de 27 años que llevaba seis días perdido en la Isla Robinson Crusoe, en el Archipiélago Juan Fernández (Chile) y que había acudido hasta allí en busca de un supuesto tesoro… No murió de inanición e hipotermia de milagro. Es el coste que trae consigo la búsqueda de fortuna y gloria.