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Zoonosis, las armas más silenciosas

Miércoles 12 de Julio, 2017
¿Pueden ser algunas enfermedades armas bacteriológicas? Es una hipótesis que cada vez cobra más fuerza.
Miguel Ángel Pertierra

Pensamos que la guerra biológica, utilizando como portadores a seres vivos, ha sido inventada hace poco tiempo, durante la llamada Guerra Fría. Craso error, ya que el ingenio para la destrucción del ser humano utilizando animales se remonta a tiempos ancestrales, lo único que ahora se han “refinado” los métodos para que la letalidad y la infectividad sean más eficaces. El motivo de utilizar animales era hacer mermar las filas de las fuerzas oponentes de forma sigilosa. En el siglo IV a.C. los guerreros escitas untaban las puntas de sus flechas con sangre de animales infectados, estiércol y venenos de serpiente, para que las heridas, aunque fuesen leves, una vez abiertas se convirtieran en mortales. En el año 184 a.C. el general cartaginés Aníbal instruía a sus soldados para que lanzasen flechas rodeadas de serpientes venenosas a los barcos enemigos. Su objetivo no era tanto la picadura de las mismas como generar terror entre sus filas.

En distintas guerras no era infrecuente que, al huir el ejército derrotado, utilizasen animales muertos, como las cabras, para contaminar el agua. Por ejemplo, el comandante romano Mario Aquilio tenía la costumbre de envenenar todas las aguas de las ciudades que asediaba. Otro ejemplo similar fue el del general Septimio Severo, que en el año 198 d.C., cerca de Mosul –hoy Irak–, realizó el “bombardeo” sobre el enemigo con recipientes de barro repletos de escorpiones.

No eran conocedores de los agentes que producían este envenenamiento, pero la evidencia estaba clara: si en un pozo arrojaban un animal muerto, éste convertía el agua en venenosa, provocando, si era ingerida, una merma importante entre las huestes enemigas.

Otra práctica medieval era la de introducir en la ciudad o la zona que estaba siendo asediada –a veces mediante catapultas– un animal enfermo, a fin de que contagiase a la población autóctona, ya fuese por la carne ingerida o bien por contacto. Algunos autores piensan que la no ingestión de carne de cerdo por algunas religiones está basada en la protección contra la guerra biológica, ya que al comer carne de este animal se producía, en algunos casos, una enfermedad que genera debilidad muscular generalizada, debido a una serie de parásitos que habitan en ella y cuyo nombre se conoce hoy como triquinosis. Ésta es producida por el Trichinella Spiralis, que además de los síntomas descritos, puede producir cólicos, diarreas, y alteraciones auditivas y visuales.

Antaño se desconocía la existencia de virus, bacterias y cualquier tipo de seres microscópicos, pero sus efectos sí eran bien sabidos. En ocasiones, la práctica llegaba al extremo de soltar jaurías de perros, infectados por la rabia, que al morder al enemigo producían el contagio directo, así como un importante terror psicológico ante la posibilidad de contraer la enfermedad.

NUEVAS ARMAS
Hoy en día, si hablamos del Ántrax, muchos recordaremos esas cartas y paquetes que eran enviados hace años como una forma de bioterrorismo en los EEUU, y que provocaron que un determinado tipo de antibiótico disparase sus ventas… Pero eso es otra historia. Como digo, dicha enfermedad está provocada por el Bacillus anthracis. Ya se conocían sus efectos desde la antigüedad, bajo el nombre de carbunco. Fue utilizado principalmente en la Edad Media para mermar las fuerzas opositoras, ya que se podía contagiar mediante la ingestión alimentaria así como a través de sus esporas.

En 1940, el ejército japonés realizó un bombardeo sobre la ciudad de Ningbo con envases de cerámica que contenían pulgas portadoras de la peste bubónica, a causa de lo cual murieron cientos de miles de personas.

Yendo a tiempos más cercanos, a 1979, en Ekaterimburgo, antigua Unión Soviética, hubo una epidemia de Ántrax que fue atribuida a la ingestión de animales infectados, pero pesquisas posteriores indicaron que la causa se hallaba en la “eliminación accidental” de esporas de una instalación militar que provocó 96 muertos y un amplio número de enfermos.

Mucho se ha hablado de la época nazi, especulando con historias quizás apócrifas. Lo que sí parece bastante verosímil es que durante el Tercer Reich se estuvo diseñando un arma biológica que podría provocar, por medio de la picadura de mosquitos, la infección de la malaria e incluso el tifus, ya que en los archivos del Instituto Entomológico de Dachau, se descubrieron documentos que señalaban que varios biólogos nazis estudiaron si fuera de su entorno, los mosquitos eran capaces de sobrevivir, y durante 1942 parece ser que hicieron investigaciones para enviar dichos insectos tras las líneas enemigas y producir una plaga de enfermedades que mermasen las tropas aliadas. Sin embargo, existe otra vertiente de la utlización de mosquitos en la actualidad, por ejemplo, para combatir una serie de enfermedades, como en el caso de Piracicaba, en el Estado de Sao Paolo (Brasil), para luchar contra el dengue. Se soltaron millones de mosquitos macho, genéticamente modificados, para intentar paliar la enfermedad en dicha zona. Sin embargo, existen voces en contra de este procedimiento, que arguyen que no solamente puede no conseguirse el efecto deseado, sino producir la diseminación de otro tipo de enfermedades. En el campo de la teoría de la conspiración, incluso, se apunta a que dicho experimento se realizó con la intención de que la población de dicha zona abandonase sus hogares a fin de que algunas grandes corporaciones se hicieran con la riqueza natural, muy importante, del lugar.

La guerra biológica entre países ha sido denunciada también por algunos investigadores. Es el caso de la denominada “Operación Mangosta”, desarrollada en un documento llamado “Proyecto Cuba”, cuyos autores señalan que la CIA tomó cartas en el asunto para destruir la economía cubana empezando por la caña de azúcar, con una serie de enfermedades que terminó en 1981 con la aparición del dengue hemorrágico, transmitido por el mosquito Aedes Aegypti y que afectó a 350.000 personas, cuyo serotipo 2 “Nueva Guinea 1924”, se demostró que había sido creado en el laboratorio.

En 1996, en el corredor de Girón, una aeronave norteamericana fue descubierta pulverizando una sustancia sobre la provincia de Matanzas. Dos meses después hacía acto de presencia el insecto Thrips palmi karny, el cual provocó la devastación de la cosecha de patatas. En este mundo globalizado, donde las fronteras son mucho más laxas, los animales portadores de zoonosis podrían atravesarlas con gran facilidad, y al igual que se están utilizando para intentar combatir enfermedades, podrían utilizarse para que grupos de bioterroritas sin ningún tipo de escrúpulo, atacasen diversas poblaciones, produciendo epidemias incontrolables e introduciendo enfermedades hasta el momento desconocidas.

Uno de estos casos es la aparición del llamado “mosquito tigre”, transmisor de muchas enfermedades, entre ellas el dengue, la fiebre amarilla, la enfermedad transmitida por el Virus del Nilo Occidental o la llamada chikungunya, que puede producir fiebre, dolores articulares debilitantes, cefaleas y otros síntomas. Este mosquito tiene la particularidad de que es muy resistente e ideal para la manipulación genética y, aunque su perímetro vital no es muy amplio, gracias a su resistencia puede diseminarse a través de distintos países, causando dichas enfermedades y alcanzando un alto nivel de morbilidad y mortalidad.

BIOTERRORISMO
Queremos recordar que han vuelto a aparecer zoonosis que en muchos lugares estaban erradicadas, como ocurre con la malaria en España, donde se registra una media de 400 casos nuevos al año. Esta enfermedad es transmitida por el mosquito Anopheles, cuya inoculación, tras la picadura, va al torrente sanguíneo, donde por medio de una serie de transformaciones infecta a los glóbulos rojos, produciendo cuadros febriles importantes e incluso puede causar la muerte. Es por tanto una “tecnología” al alcance de cualquier grupo que podría provocar la desestabilización de la economía, a causa de la afección de un grupo importante de personas, creando el terror y el desconcierto entre la población.

Otra de las “armas” biológicas que podrían ser utilizadas hoy en día es el uso de aves infectadas por la llamada “gripe aviar” y cuyos especímenes pueden ser diseminados fácilmente. Aunque apenas se recuerde, ya en los años 80 provocó una serie de afectados en la capital española. En 2005 tuvieron lugar los brotes más recordados que causaron un verdadero pánico social: los de la cepa H5N1 que afectó a múltiples países. Sin embargo, estas aves podrían ser dirigidas específicamente a diversos países, pues el virus está en continua mutación, aunque existen vacunas que pueden neutralizarlo. La gran pregunta que debemos hacernos es si un grupo con unos conocimientos científicos básicos sería capaz de llevar a cabo una guerra biológica utilizando como vectores a los animales, creando, durante un tiempo, la duda razonable de si la infección ha sido provocada a causa de una zoonosis natural o bien por un ataque de un grupo organizado.

La respuesta es rotundamente afirmativa, ya que se necesitan pocos recursos para poder provocar un ataque bioterrorista de este tipo: únicamente poseer los conocimientos básicos de las enfermedades y sus transmisores naturales, posibilidades que aumentan si se poseen laboratorios complejos donde se puedan realizar transformaciones genómicas de los animales transmisores Hasta que no pasara bastante tiempo, se estaría especulando sobre la fuente transmisora, así como sobre quién o qué ha sido el que ha introducido la enfermedad. Pensemos que algunas pueden ser de carácter natural en la zona donde se produzcan, aunque aderezadas por estos grupos sin escrúpulos o bien por gobiernos contrarios al régimen político o la ideología dominante. Para éstos podría ser mucho más interesante crear el terror y una enfermedad que produzca incapacitación importante en gran parte de la población más que la muerte a una parte de la misma. Hablando en temas estrictamente económicos, aunque parezca duro, para un país es mucho más costoso mantener a un enfermo que ocuparse de un fallecido. Para más inri, la desinformación y las distintas teorías hacen que la detección de la zoonosis sea complicada y, es casi seguro que, como ha sucedido en varias ocasiones, algún “iluminado” encontrará un remedio “mágico” para paliar dicha enfermedad, lo que provocará aún más confusión. Debemos tener en cuenta que la microbiología puede ser controlada por un pequeño grupo de personas en un laboratorio de reducido tamaño. Hoy en día conocemos muchos de los vectores que producen enfermedades, pudiendo utilizar a los animales domésticos para la transmisión de las mismas. En muchos países existe un calendario vacunal para dichos animales, en gran medida de forma profiláctica. Pero, ¿y si se introdujese una enfermedad transmisible a los humanos a través de los mismos que produjese una alta morbilidad, una amplia afectación de la población?

Como señalamos al comienzo del artículo, esto no es nuevo; se viene utilizando desde tiempos pretéritos como arma de destrucción, solo que ahora se haría de manera más sofisticada. Desde luego, los grandes vehículos de transmisión son los insectos, que irían a un huésped intermedio y de allí al ser humano –o bien directamente el insecto al humano–. Pensemos, por ejemplo, en la proliferación de especies invasoras y no autóctonas de nuestros territorios, como el mosquito tigre. Éste puede ser transmisor de múltiples y graves enfermedades como las citadas. Asimismo, otro tipo de mosquitos e incluso pulgas podrían transmitir enfermedades importadas a nuestros animales de compañía y de aquí al humano haciendo muy difícil o casi incontrolable la enfermedad

Un apartado especial deberíamos dedicar al tema de las zoonosis provocadas por la ingestión de animales o peces. Hay casos no aclarados hasta el momento, como puede ser el llamado “mal de las vacas locas” o encefalopatía espongiforme bovina, producida por la ingestión de animales infectados, cuya particularidad es que el período de incubación tras la ingestión de animales infectados por los priones que la provocan es de varios años, y a su vez relacionado con un cuadro llamado enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, que produce en el ser humano una serie de síntomas parecidos a los que experimenta el ganado vacuno.

También se ha relacionado con otras enfermedades de las llamadas “raras”, pero que podrían no serlo tanto en cuanto se produjese la diseminación masiva, como es el llamado “Insomnio Familiar Fatal”, que produce lesiones en el tálamo y afectaciones neurológicas concomitantes. Otros animales que podrían transmitir enfermedades similares, si alguien se las inoculase, serían el visón, el antílope o el ciervo. Desde luego, no podemos dejar sin nombrar como objetivo de una zoonosis “dirigida” el uso de los roedores, desde la rata o el ratón común hasta las liebres o los conejos. La diseminación de la enfermedad de dichos animales se ha visto claramente con la mixomatosis en los conejos, que está producida por un virus para el control de plagas de éstos, y transmitida por intermediarios como las pulgas. Ahora bien, ¿y si esta enfermedad fuese otra y afectase a los humanos?

Constatado está que estamos expuestos a muchas ingerencias de grupos incontrolados que podrían, por medio de animales, como hemos visto, causar terror entre la población. Debemos estar alerta ante la aparición de cuadros inexplicados que puedan asociarse a la ingestión o el contacto con éstos, aunque está claro que no es ni será la única forma a través de la cual estos desalmados podrán provocar el pánico.

 

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