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El primer expediente X de la historia de España

Miércoles 31 de Octubre, 2018

Antonio Fernández creció en una atmósfera de respeto, fascinación y temor por lo ocurrido en su pueblo natal –El Paso– con el alma penante de Tacande. Como tantas generaciones antes y después que él, se aventuró a jugar entre las ruinas del inmueble en el que aconteció el primer “expediente x” de la historia de España.

Poco podía imaginar el pequeño Antonio que décadas más tarde dedicaría su primer largometraje al mayor de los misterios vinculados con el mundo de lo paranormal que anida en la isla de La Palma. El carrusel de premios que ha ido cosechando esta cinta de cine independiente en festivales de todo el mundo la han convertido en un verdadero fenómeno paranormal, generando una extraordinaria expectación. El punto de partida de la trama es un caso de fenomenología paranormal ocurrido en el pago palmero de Tacande en el año 1628.

Un episodio que se prolongó por espacio de 87 días –entre el 30 de enero y el 26 de abril de aquel año- y que llegó a tener en vilo a todo el archipiélago canario. Todo comenzó con una voz directa surgida de la nada, que habló repetidamente durante casi tres meses con innumerables personas, tanto de día como de noche, sin que mediara truco alguno. Durante ese periodo otras voces y sonidos parecieron sumarse al carrusel de fenómenos que acontecieron, y que incluyeron aportes y algún episodio de telequinesia. El alma en pena terminó dando su nombre, Ana González la Heradora, una malograda vecina que falleció en 1625 instantes después de dar a luz a su último hijo, el pequeño Salvador.

Según contó ella misma desde la invisibilidad al religioso comisionado por la Iglesia para resolver aquella manifestación del más allá, el padre fray Juan Montiel, la mujer penaba preocupada por la fragilidad de su hijo y por pequeños asuntos que le habían dejado pendientes en vida con algunos familiares y vecinos. Finalmente, y tras encontrar la paz con la ayuda de Montiel abandonó, no sin cierto estropicio, la que fuera su casa y este mundo, no volviendo a registrarse ningún otro fenómeno misterioso.

Lo acontecido fue de tal calibre y preocupó tanto a la autoridad eclesial de la época que, de acuerdo con la documentación de la época que se conserva en el archivo del Marqués de Guisla Guiselín y reproducida por diversos historiadores, el obispo de Canarias, Cristóbal de la Cámara y Murga, pidió al primer y principal testigo, Andrés González, a la sazón sobrino de Ana González, que viajara a Gran Canaria para interrogarlo y conocer de sus propios labios lo que sucedía.

El joven Andrés, además de narrar pormenorizadamente lo ocurrido, llevó consigo algunas “pruebas” físicas de lo que ocurría en aquella casa, en concreto unas cruces que el alma hacía aparecer de manera inexplicable, no sabemos si como objetos físicos o bien como dibujo directo o pneumatografía sobre algunos objetos. En cualquier caso, todo ello debió de impresionar lo suficiente al Obispo como para que ordenara oficial misa en todas las parroquias del archipiélago con el objetivo de dar luz al alma en pena de Tacande.  

UNA LEYENDA CON PERSONAJES REALES
Con el paso del tiempo esta singular historia se tornó en leyenda. Su recuerdo no desapareció debido a la notoriedad de lo ocurrido, llegando a narrarse con un halo poético en forma de cantares y a señalarse sin margen a la duda el inmueble donde habría ocurrido el portento.

La vivienda quedó marcada, estigmatizada, hasta el punto de que era un lugar que evitar o por el que transitar con cuidado. Muchas otras edificaciones de su entorno han tenido un uso continuado e incluso han venido siendo rehabilitadas, pero en la casa del Alma de Tacande no se movió una piedra. De hecho, hasta hace muy poco en algunas de sus paredes eran visibles marcas de cruces, quién sabe si grabadas para intentar exorcizar su pasado.

En todo caso pocos podían imaginar que algunos detalles esenciales de aquella vieja historia del año 1628 serían verificados en 2007. Ese año, la tenaz y eficiente letrada e investigadora palmera María Victoria Hernández localizó, en el archivo parroquial del municipio de Los Llanos de Aridade, una serie de partidas de bautismo y matrimonio que demostraban que los personajes citados en la leyenda, con sus respectivos parentescos, habían existido realmente en el lugar y en las fechas indicadas. Por tanto, el tejido familiar descrito se correspondía con hechos reales, por lo que la vieja leyenda parecía sustentarse más allá de toda duda en hechos reales. 

UN MUSEO PARA EL MISTERIO
Sea como fuere, El Alma de Tacande llegará en unas semanas al cine en un guion en el que, junto al episodio paranormal ocurrido hace 390 años, se nos narra cómo ha venido siendo recordado e interpretado aquel incidente hasta nuestros días. El equipo rodó en las ruinas que se mantienen en pie de la vieja casa, víctima del paso del tiempo así como de un voraz incendio ocurrido en el año 2012. A pesar de esos cuatro siglos transcurridos y de la incredulidad predominante, algunos miembros del equipo reconocen haber experimentado sensaciones poco comunes.

Quizá la más concreta de todas sea la aportada por una de las actrices de reparto, que, entre otras cuestiones, llegó a percibir con claridad el llanto de un niño entre las ruinas de la casa. Es más que probable que la cinta renueve el interés por este temprano expediente x, y que incluso contribuya a desempolvar y retomar el viejo proyecto de rehabilitación y uso museístico que hace una década barajaba ejecutar el ayuntamiento de El Paso. Un espacio en el que, al margen de otros contenidos, poder reivindicar la importancia de un caso de actividad paranormal que de haber acontecido en países como EE.UU o Inglaterra sería conocido a escala planetaria.

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