Se encuentra usted aquí

Los santos del miedo

Martes 24 de Octubre, 2017

Me siento un privilegiado. Los que nos dedicamos a estos temas deberíamos dar gracias cada día por la inmensa fortuna que tenemos. Porque gracias precisamente a nuestra pasión, a la curiosidad que nos despierta todo, conocemos gente singular, viajamos a lugares generalmente poco visitados y aprendemos historias de otro tiempo que, cuando regresan al presente, casi siempre lo hacen con fuerza y mucha sangre. Ésta bien podría ser una de ellas… Ciudad de México, no me cansaré de decirlo, es un espectáculo, una mezcla de razas, de arquitectura, de creencias. Y es que veinticinco millones de personas son muchas personas. Por eso sobrecoge cuando se está a punto de aterrizar en el aeropuerto, porque con mirar a uno y otro lado la ciudad no se acaba nunca; durante minutos la sobrevolamos a baja altura mientras otros aviones se colocan en cola de aterrizaje y alguna avioneta pasa a unos cuantos cientos de metros, más o menos a nuestra altura.

Amanece y las brumas de la noche se disipan sobre el parque de Chapultepec, según dicen el más grande de América; y dan paso a las brumas de la contaminación… Aquí hay barrios que es mejor no pisar. Tepito es uno, quizás el más conflictivo; Morelos es otro, y no le va a la zaga. Nuestro conductor se niega a entrar en el primero; ni siquiera acompañado por la policía.

Sabe a ciencia cierta que, llegado el momento, los agentes se dan la vuelta y escapan rápido. Al segundo tampoco entra, salvo que la policía nos escolte. Hablamos con ellos al poco de salir del Mercado de Sonora, el centro de venta de productos de brujería más grande del mundo. Todavía estoy perturbado por la entrevista que acabo de hacer.

"Con la brujería se puede matar, se crea o no en ella. Cuanto más grande el pago, mejor. Por eso hoy se realizan sacrificios humanos”, me dice el chamán.

“¿Todavía hoy?”, le insisto. “Sí, la magia es poderosa, repito, creas o no en ella”, finaliza. Pasado el impacto, qué mejor que revivir otro. Por eso vamos a Morelos. Allí se encuentra una de las capillas más conocidas de la Santa Muerte. Está llena de exvotos, de dinero, de peticiones… “Dicen que te concede todo lo que quieras; poder, dinero, mujeres… pero después se lo cobrará, y cuanto más le pidas mayor debe ser el pago”, me comenta Juanjo Revenga mientras entramos. “Trabajar con el mal es fácil. Hablamos de entornos como éste en el que la delincuencia florece de manera vertiginosa. Pero no hay que olvidar que hablamos de magia; de magia real…”.

Sus últimas palabras retumban en mi cabeza mientras las cuencas vacías de la “huesuda” parecen mirarme a excasos centímetros. Da igual que crea o no… porque su presencia es suficiente para empezar a dudar.

Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario