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Señores del otro lado

Jueves 23 de Febrero, 2017

No, no es el otro lado trascendente. Más bien sería una especie de mundo paralelo al que habrían accedido, y con ellos una gran parte de su pueblo. Hablamos, lógicamente, de lo que dicta la tradición, que tiene una pizca de mito, unas gotas de leyenda, y algo de realidad. Lo sorprendente es que sean los propios arqueólogos en el sitio arqueológico los que valoren dicha posibilidad, porque es inexplicable que en una ciudad con más de doscientos mil habitantes no se haya encontrado ni un solo enterramiento. “Se encuentra en otro plano.

Manejaban el espacio-tiempo y aguardan la llegada de los dioses para regresar”. Esto es lo que años atrás me dijo un arqueólogo maya en el yacimiento de Cobá, un lugar extraordinario cubierto por la selva que se hizo famoso porque allí, protegida por un chamizo y sin ninguno de los agoreros que se forraron con este asunto frente a ella, estaba –y está– la estela de la profecía…

La civilización maya despierta fascinación y polémica a partes iguales. De otras igualmente enormes del pasado como la inca o el Imperio Romano, sabemos a la perfección cómo fue el declive y la posterior desaparición. Pero de la cultura maya, que abarca desde el periodo preclásico dos mil años antes del nacimiento de Jesús, hasta el 1500 d.C. aproximadamente, poco es lo que se sabe, especialmente cuando estudiamos su repentina desaparición. No en vano, los últimos estudios hablan de un colapso que hizo que a un tiempo de sequía le siguiesen terribles hambrunas que terminaron por esquilmar la población. Y sin embargo, ni un solo cuerpo… En fin, hecha esta reflexión acerca del mayor de los enigmas que envuelve a dicha civilización, no menos fascinante es atender a que la cultura no murió; no al menos del todo. Por eso, en determinadas zonas de la selva Lacandona, en Yucatán o Quintana Roo, todavía hoy se mantienen vivos los ancestrales ritos mayas.

Hueseros, yerveros o chamanes ponen en marcha una sorprendente mezcolanza, exótica, única, donde se encuentran lo antiguo y lo nuevo. Baste decir que, por ejemplo, la iglesia de San Juan Chamula durante unos días celebra ritos católicos, y durante otros los propios de un templo maya…

Para los actuales, los que han logrado preservar en parte sus tradiciones, el verdadero sentido de la célebre profecía era muy claro: el final de los tiempos en realidad era una metáfora de lo que estaban viviendo; sus hijos ya no seguían las tradiciones y tampoco hablaban el idioma de los antiguos. En cierto modo, se llegaba al final; un final que se extenderá a lo largo de un par de generaciones más, como mucho.

Por eso rescatamos este mes un asunto como éste. Porque cuando llegue el final, salvo lo que quede escrito en el papel, poco más quedará…

Lorenzo Fernández Bueno
Director de @RevistaENIGMAS

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