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El castillo de la reina negra

Lunes 11 de Diciembre, 2017
En este castillo cayó en desgracia una atractiva y tiránica dama que gobernó con mano de hierro hasta crear la leyenda de la reina negra. Por Óscar Herradón.

Cada otoño, miles de ciudadanos de Zagreb se congregan en el monte Medvenica, junto a la ciudad, para conmemorar a la protagonista de una de las leyendas más populares de la capital croata: la Reina Negra.

En realidad, no hace falta ascender hasta la cima, situada a 1.035 metros de altura, porque la fiesta no está allí, sino a mitad del recorrido, donde se erigió el castillo de Medvedgrad –literalmente “castillo del oso”–, anunciada por el sonido de flautas y tambores, y por la algarabía que resuena metros antes de llegar ante las puertas del castillo. Una vez traspasadas, la ambientación medieval nos devuelve a la época donde tuvieron lugar los hechos, entre míticos e históricos.

La leyenda de la Reina Negra comienza y acaba con una mujer… O, para ser exactos, empieza con una mujer y termina con una serpiente. La dama en cuestión, Bárbara Celjska –o Bárbara de Celje–, gobernó Medvedgrad con mano de hierro, enfundada en un guante de seda negra, como negro todo su vestuario, o así nos la muestra la iconografía que ha trascendido.

Los antiguos cronistas sugieren que Bárbara Celjska era una mujer de gran belleza, ante la cual cayeron rendidos príncipes y plebeyos, un puñado de los cuales tuvieron la desgracia de alcanzar el lecho de la dama, porque a la mañana siguiente, para evitar indiscreciones, ésta mandaba arrojarlos desde las almenas, no sin antes ordenar a su cuervo, un pájaro negro de enorme tamaño, que les sacara los ojos. Una mujer precavida, sin duda.

La promiscuidad de la Reina Negra parece ser un atributo que le colgaron sus enemigos, pero ese no fue el detonante del odio que despertó entre sus súbditos, provocado porque ésta les negó auxilio y hasta el agua de la enorme cisterna de Medvedgrad en los peores momentos, además de ahogarlos con impuestos cuyo pago no podían afrontar.

Las tornas cambiaron cuando los turcos otomanos cercaron la fortaleza y la Reina Negra pidió ayuda a la población, que correspondió a la regente abandonándola a su suerte. Bárbara no tuvo reparos en pactar con el mismísimo Diablo, a quien prometió todo su oro si le libraba de sus enemigos. Al poco, las tropas otomanas levantaron el asedio, aunque no por la intervención del Maligno, sino porque la prioridad de los turcos era la conquista de Viena.

La Reina Negra quiso intentó eludir el pago y escapar, el Diablo lanzó una maldición sobre ella, condenándola a vagar por Medvedgrad eternamente… convertida en serpiente. Gentes de todas partes buscaron en Medvedgrad el tesoro perdido de la soberana, búsqueda que se extendió al subsuelo de Zagreb, una ciudad horadada por una red de oscuros pasadizos.

Según la leyenda, la reina maldita se une a la búsqueda cada cien años, momento en que recupera su apariencia humana durante una noche. Hoy, no pocos visitantes de la capital croata juran haberla visto en la parte antigua, farol en mano, vestida de negro y con una capucha que oculta su rostro.

Más allá de estos relatos, resulta probable que los ciudadanos de la Zagreb medieval no tuvieran motivos para aplaudir las decisiones de un gobernante extranjero y menos si se trataba de una mujer. Todo ello si aceptamos que el personaje que inspiró la leyenda de la Reina Negra fue Bárbara de Celje (1390-1451), la poderosa noble húngara de origen esloveno que llegó a convertirse en emperatriz consorte del Sacro Imperio Romano.

Además, se cuenta que De Celje fue una alquimista experta, y también sabemos que, junto a su marido, Segismundo de Luxemburgo, fundó la misteriosa Orden del Dragón, nombre que, por cierto, llevan a gala los miembros de una sociedad secreta que todavía hoy se reúnen en Zagreb. Aunque esa es otra historia…

 

Puedes leer el artículo completo en el número 264 de Enigmas

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