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El exilio de Dios, ¿está la religión en decadencia?

Miércoles 05 de Diciembre, 2018
¿La imagen de Dios está en decadencia? La era actual plantea numerosos desafíos a la religión y muchos de ellos la obligan a renovarse y encontrar sus fundamentos esenciales, fuera de todo revestimiento folclórico y tradicional que, con el devenir de los tiempos, está sujeto a caducar. Sergio Basi.

Lluís Duch escribe un breve ensayo editado por Fragmenta Editorial en que diserta sobre la realidad de lo divino en la realidad cristiana de nuestros días. Aunque el texto es breve y se hace corto, las ideas sobre las que fundamenta sus argumentos son sólidas y sobrias.

La realidad de la imagen de Dios en las primeras décadas de siglo XXI tiene poco ver con la imagen que se podría haber tenido en cualquier otro momento del pasado. En esta obra se señala que el ser humano es contextodependiente, esto es, las circunstancias espaciotemporales que lo envuelven determinan al hombre y, por tanto, la imagen de Dios de la que en cada momento y lugar, participa.

La religión hasta no hace muchos años emanaba unos criterios y normas de las instituciones que tenían una fuerte influencia a la hora de vertebrar la sociedad. A día de hoy esto no sucede, la institución religiosa ya no articula la vida del creyente, en este sentido, la capacidad vertebradora de la Iglesia actualmente pasa por pequeñas asociaciones de voluntarios y grupúsculos similares.

Duch denuncia contundente que “para muchos, las creencias religiosas se han reducido a incoherentes amontonamientos de gestos rutinarios que son el resultado de una combinación, en algunos casos bastante caótica y con rasgos folclóricos, de conceptos e imágenes heredados de las religiones tradicionales, de los tópicos modernos impuestos por los medios de comunicación, de las demandas de la realización personal y del impacto del individualismo segregado por el voraz en inhumano neoliberalismo imperante y su religión del capitalismo”.

Si la modernidad inició el derrumbamiento del edificio religioso-monárquico tradicional, la postmodernidad en la que vivimos se constata en la exculturización que vive la creencia religiosa, la religión ha perdido su capacidad socializadora y la modernización ha conducido, en cierto modo, a un mundo sin hogar, denuncia el autor, un mundo en que la presencia del yo cobra una importancia desmedida pues prácticamente exige una religión a la carta.

Así, este ensayo se vertebra en la idea de crisis de Dios que padecemos en nuestros días en un sentido religioso en que lo secular adquiere mucho protagonismo; en la crítica al retorno de las gnosis, el esoterismo y las disciplinas que asimilan que en el individuo se encuentra Dios y que, por tanto, él mismo se basta para alcanzar lo divino en un proceso esotérico de autocomprensión en los que pueden intervenir numerosas disciplinas; y, finalmente, en lo que es esencial del cristianismo a pesar de los cambios contextuales, una suerte de solidaridad y empatía hacia el otro que debe ser la columna desde la que combatir los aspectos idolátricos de una era marcada por el consumismo, el capitalismo, donde se da una dialéctica entre la iconofilia e iconoclasia que debe resolverse en una fusión equilibrada para que la imagen sea realmente “pasaporte” a lo divino y no divinidad en sí.

En definitiva, El exilio de Dios nos habla de los desafíos de nuestra era, de la necesidad de renovación que tienen las religiones, concretamente el cristianismo, y de los peligros éticos que aspectos de la postmodernidad conllevan de forma inherente.

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