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La Luna, reflejo del alma humana

Lunes 14 de Enero, 2019
La Luna es símbolo de muerte y renacimiento, sus ciclos invitan a observar un patrón de vida que la psique humana ha leído a través de mitos como los de la resurrección de Innana o de Cristo. Por Sergio Basi.

Nuestra  época nos permite ver fluir en conjunto todas las corrientes de la historia. Y sin embargo, hay algo de incierto en nuestra actualidad. Se trata del porvenir, por eso mismo nos hacen falta “orientación y guía”, diría Kirion Le Grice. El desafío del futuro tiene respuesta en la ventaja mencionada y que es propia de nuestra época. Debemos aprender del modo en que las gentes del pasado se relacionaban con el universo.

Y esto era, las imagénes poéticas del mito, el modo que tenían las gentes de afrontar cada acontecimiento de la vida. Era esta la forma de protofilosofía con la que cabía preguntarse las principales cuestiones acerca de la vida y de la muerte.

Con esto, Jules Cashford pone de manifiesto que un pensamiento mítico y un pensamiento especulativo tienen una evidente y necesaria correlación, pues “el mito es impulso vital de la filosofía”.

En la obra La Luna (Atalanta), dibuja un complejísimo estudio con infinidad de referencias donde, a través del mito y la imagen poética de lo lunar, deja en claro que lo más hondo de la psique humana es reflejado en los mitos, los cuales ofrecen uno de los medios más incontestables de autoconocimiento.

El mito viene a completar de forma alegórica uno de esos ciclos lunares que la autora viene apuntillando con la idea de transformación, y es que el mito es arrancado de la psique o alma humana para luego volver a ser introducido e integrado; sin embargo, ya nada vuelve a ser igual tras el proceso; estructura la comprensión del mundo y del sí mismo humanos, que han dado un salto en términos de (auto)conocimiento y consciencia. Es cuestión de dar transparencia a los mayores misterios que plantea el mundo y sus acontecimientos.

Es eso lo que hace la autora, dar transparencia a los mitos con una exploración profunda, en una línea que evoca positivamente a Joseph Campbell, interpretar y descifrar símbolos, imágenes poéticas y documentación artística de la Luna a modo de estudio de historia de las ideas para ver lo que estos relatos revelan sobre la consciencia humana y sobre la concepción humana del mundo.

Y es que estos mitos entendían “el mundo como un Tú, no un Ello, el mundo era un sujeto del pensamiento, no un objeto de reflexión. La naturaleza no se diferenciaba de la humanidad, no había dicotomía. Las cosas no eran cosas, sino acontecimientos cósmicos parte de un todo”.

En todo lugar y toda cultura antigua se interpretaban aspectos de la realidad en relación a la Luna. Las primeras anotaciones humanas en el paleolítico eran un registro del ciclo lunar, que permitía medir periodos de tiempo superiores a los del sol con sus 24h. El carácter particular de la Luna con sus ciclos de constante cambio incesante invitaba a explorar las ideas de permanencia, tiempo e inmortalidad.

El mito fundamental asociado a la Luna es el de la muerte y el renacimiento. Las fases de la Luna permitían observar la existencia de un patrón en la vida. En muchos mitos se produce un renacimiento a los tres días de la muerte: Innana, Jonás, Cristo. La resurrección se veía reflejada en el ciclo recurrente de la Luna puesto que transmitía una clara imagen de eternidad y de tiempo.

Desde la noche de los tiempos, la Luna era estímulo de nuestra imaginación y creatividad, y ofrecía una imagen visible de esperanza, “era la luz que brillaba en las tinieblas de la psique humana”, se convirtió en un símbolo de transformación, y es que de forma muy aguda, Cashford se percata de que es un patrón arquetípico del alma humana, por eso contar la historia de los mitos de la Luna equivale a reconstruir una historia de la consciencia humana.

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