Se encuentra usted aquí

Magia talismánica judía

Martes 16 de Enero, 2018
Sefarad fue escuela de traductores, mar donde desembocaron conocimientos de mística y cábala, pero también en prácticas mágicas. Entre ellas, la magia talismánica mereció la redacción de libros de valor incalculable. Mariano F. Urresti.

¿Que debemos entender por magia talismánica o magia astral? El profesor Alejandro García Avilés responde de así a ese interrogante: “La magia con la que se pretende crear talismanes para los más diversos fines grabando determinadas imágenes en ciertas piedras en momentos astrológicamente calculados”.

Sucedió que el rey Alfonso X “El Sabio” concedió especial importancia a esta faceta del saber judío, al igual que a la Cábala, y en su biblioteca se podían encontrar tres enciclopedias sobre ciencia astrorum: Libro del saber de astrología, Libro de Astromagia y Libro de las formas et de las imágenes que son en los cielos. Entre otras cosas, en esos textos se explica cómo fabricar talismanes en momentos en que los astros son más favorables.

Es sabido que grupos de iniciados como los llamados Ijwan al-Safa –“Hermanos de Pureza”– hacían suyas esas prácticas, y que el rey Alfonso X se mostró sumamente interesado en ellas. El alfonsí Libro de Astromagia es un buen ejemplo. Se conserva de forma incompleta en un solo manuscrito en la Biblioteca Vaticana –vat.Reg. lat.1283, fols. 1-36–, según apunta García Avilés, e incluye fragmentos de otros libros de temática similar. En resumen, podemos decir que el mago pretendía, mediante invocaciones y sahumerios, hacerse con el poder de los astros y encerrarlo en inscripciones que realizaba en anillos y talismanes.

De manera que hay cuatro elementos claves en esas operaciones: la invocación, el conocimiento del momento astrológico preciso para realizarla, las imágenes mágicas que había que grabar en el talismán, y el material empleado para la construcción del mismo.

Leemos a Enrique Cantera que “entre los remedios mágicos de los judíos se recomendaba con insistencia la recitación de plegarias y la combinación de letras y palabras (…) así como los sortilegios mágicos con los nombres de Dios”.

Y cuando hablamos de nombres de Dios no debemos pensar únicamente en los oficiales, sino también en otros ocultos que el iniciado descubría buceando en los textos sagrados, especialmente en los Salmos. De manera que, a nombres como Yahvé, Adonai, Elohim –plural mayestático de Eloah–, Sebaoth –“Dios de los ejércitos”–, Shadday –“Dios de las montanas”– o apelativos como “El Santo”, “Altísimo” o “Pastor”, se han de añadir otros solo al alcance de los iniciados.

En esos usos, la formula mágica por excelencia era el llamado Tetragrámaton, que consistía en la combinación de las letras hebreas que integran el nombre de Yahvé –Yod, Heh, Wav, Heh–.

Maimónides rechazaba ese tipo de prácticas, y me parece oportuno volver a recordar unas palabras del sabio judío tomadas de su obra Mishné Torá a propósito de las creencias astrológicas, íntimamente ligadas a la magia astral: “Todo el que hace algo por calculo astrológico, disponiendo sus tareas o desplazamientos en las horas recomendadas por los escrutadores del cielo, merece azotes. Todas estas prácticas son mentiras y falsedades. Quien crea en estas y parecidas cosas no es sino un necio y carente de entendimiento”.

Sin embargo, por más que Maimónides mostrase su rechazo a esas prácticas, la Cábala estaba muy arraigada en la comunidad judía, y la creencia en su efectividad era grande. Entre aquellos que cultivaban estas artes no solo se empleaba en ellas el nombre de Dios, sino también el de los ángeles.

Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario