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El puente fantasma del Estrecho

Lunes 09 de Abril, 2018
Los cronistas árabes aseguran la existencia de un gigantesco puente sobre el Estrecho de Gibraltar que fue asolado a consecuencia de una elevación de las aguas. De ser cierto, la empresa arqueológica para encontrar sus restos merecería la pena. Mariano F. Urresti

La historiadora Julia Hernández recuerda que en el Islam existe un género literario que se ocupa de lo maravilloso. Los cristianos dirán mirabilia mundi allí donde los árabes dicen ‘aya’ ib o “maravillas de la creación”.

La fuente diferencia dos términos para comprender el sentido de este tipo de literatura. Por un lado, el adjetivo ‘ayib define, según la fuente, “todo aquel fenómeno u objeto que causa admiración del hombre porque desconoce la razón que lo motiva y para la cual no se encuentra explicación dentro del nivel de conocimiento que posee”. Por otro lado, el adjetivo garib se interesa por “aquellas manifestaciones de lo maravilloso que se producen raramente y que, por tanto, se alejan de la experiencia natural”.

En lo que atañe a esta colosal obra de arquitectura civil, son varios los autores musulmanes que la atribuyen al héroe Alejandro/Du l-Qarnayn, de igual manera que se ponen de acuerdo en afirmar que su destrucción fue debida a una súbita elevación de nivel de las aguas del océano y que los restos de aquella fabulosa obra aún se podían contemplar si las condiciones climáticas eran benignas.

De entre los autores que se ocupan de este hito destaca al-Idrisi, puesto que él sí conoció la zona. Asegura que la longitud del Estrecho era de 12 millas, lo que coincidiría con la dimensión del puente atribuido al héroe Du l-Qarnayn. Uno de los extremos del puente se ubicaría no lejos de la ciudad de Tánger, mientras que el extremo español no se sitúa con claridad por las fuentes. Al-Dimasqi ofrece la siguiente versión de los hechos:

“Según el relato de los matemáticos, Du l-Qarnayn llevó a cabo la construcción de este puente de la siguiente manera: en primer lugar construyó en las dos orillas, a gran profundidad y en el lugar donde las aguas son agitadas por los vientos, un muelle. Después reunió barcos y los unió entre sí con cuerdas. Una vez hecho esto, tomó cadenas de hierro y las unió a los barcos hasta que éstos formaron una cadena continua que se extendía de una orilla a otra en donde los fijó. Así, habiendo llevado otras tres líneas de cadenas, hizo dos filas de barcos que formaron un puente sólido. La distancia entre estas dos filas era de 40 codos (…) Posteriormente, cubrió el espacio ocupado por las aguas de planchas de madera unidas entre sí y tuvo cuidado de tapar las fisuras y de calafatearlo; de esta manera, parecía un colchón extendido sobre la superficie de las aguas y que ocupaba el espacio entre las dos cadenas de barcos”.

El relato de la construcción prosigue:

“De igual manera, puso las bases de los pilares (…) cuya misión era soportar los arcos del puente. Entonces, los recubrió de madera hasta que ésta alcanzó la altura de una braza, bien calafateada y recubierta de hierro para, más adelante, construir dentro un cuerpo sólido de piedra y cal. De esta manera continuó elevando el cerco de madera al que llenaba de mampostería hasta que éste alcanzó el fondo del mar. (…) Tras haber construido todos los cuerpos sólidos y de haber levantado sobre ellos los pilares los reforzó con pequeñas bóvedas inaccesibles a las olas del mar y a la crecida de la marea. Dejó la construcción en este estado durante un año tras el cual regresó para completarla”.

LOS VESTIGIOS DE UNA OBRA ÚNICA

El resto de la obra se desarrolló de este modo, según el cronista: “Entonces, habiendo puesto las cimbras, dio comienzo a la construcción de los arcos sobre los extremos de estos pilares. Esta fase de la construcción la terminó al año siguiente. En el curso del tercer año, levantó un puente cuya longitud era de 4000 a 4200 codos. Cuando esta obra llegó a su término el mar irrumpió y derribó todas las construcciones e inundó todas las regiones. Cuando no hay viento y la mar está en calma los navegantes (…) pueden ver todavía bajo las aguas los muros y los vestigios de este edificio”.

 

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